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Grave usurpación del
hábitat por árboles invasores
Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - A la secular depredación
de bosques en nuestro archipiélago para la obtención
de madera y combustible, se suma la sigilosa calamidad de árboles
y otras plantas invasoras, que han puesto en situación de
peligro los residuales bosques autóctonos o asistidos.
El incontenible avance de plantas invasoras muestra ya sus letales
impactos, al devorarse las tierras útiles, lo que obliga
al país a erogaciones de dinero y otros recursos para tratar
insatisfactoriamente de atajar la plaga, provocando alteraciones
sensibles e irreparables del hábitat.
La escasez de combustible y madera, que antes llegaban de la Unión
Soviética, ha ejercido presión sobre los bosques y
cayos boscosos con talas autorizadas y furtivas, lo que facilita
la expansión de los árboles invasores.
Así, por ejemplo, el marabú (dichrostachys cinerea),
original de África, que necesita abundante sol para su propagación,
se apodera de los claros del bosques, de los raleos, y principalmente
de potreros ganaderos, donde hace gala de su otro nombre común:
"espina del diablo", convirtiéndose en una verdadera
maldición.
La leucaena (leucaena leucociphala), oriunda de Centroamérica,
es otro caso. Combatida permanentemente en el parque natural Everglades,
Florida, por sus perniciosos daños a la flora autóctona,
en Cuba es una planta asistida y propiciada por el Ministerio de
la Agricultura ante la escasez de pienso importado, como árbol
forrajero y energético (leña), al punto de que, según
estimados internacionales, la producción anual de leña
en 12 mil hectáreas representa un millón de barriles
de petróleo.
La leucaena se está convirtiendo en otra seria amenaza letal
contra las especies del país, y en nuestras observaciones
la hemos visto hasta en enmarañados manglares costeros, de
los que, se afirma, constituyen alrededor del 23 por ciento de toda
la flora cubana. Demostrado valladar ecológico frente a la
presión degradante del océano sobre nuestras costas,
y que de continuar el avance de plantas exógenas, sería
casi imposible de extirpar.
Además, no puede pasarse por alto la plasticidad genética
de propagación y futura estabilidad del hábitat usurpado,
que hace mucho más difícil eliminar la pandemia florística
una vez aclimatada, aunque se debe aclarar que una especie aclimatada
no es precisamente una especie invasora.
Otras plantas invasoras presentes en el suelo de Cuba son el tamachile
(Pithecellobium dulce), originario de Centroamérica, traído
a Cuba a principios del pasado siglo.
La pomarrosa (Syzygium jambos), proveniente de Asia, que ataca
las barreras protectoras de ríos y arroyos, con la particularidad
de tolerar la sombra de otros árboles a los que termina por
desplazar; incidiendo además sobre la fauna negativamente,
lo mismo que cualquier otra planta invasora.
La pomarrosa se ha hecho preferencia del murciélago en su
dieta, perjudicando los bosques como transportador de semillas de
pomarrosa, en detrimento del fruto y las semillas del ocuje, maderable,
cada vez más escaso en los bosques autóctonos.
La albizia o algarrobo de olor, muy usada en el arbolado de avenidas
y parques, es otra planta invasora, asistida en propagación.
Achacable al mal manejo agrícola del gobierno, fue la eliminación
de cercas "vivas" con árboles del país,
principalmente en los potreros, sustituidas por horcones de madera
o concreto.
No se tuvo en cuenta la eficaz protección de las reses contra
las inclemencias climáticas, en especial los rayos solares
tan fuertes del trópico, que dañan la salud de las
reses y propician la evaporación y sequía, haciendo
mucho menos productivo el ganado. Política que cuarenta años
después se quiere corregir con la implantación de
las cercas vivas, en las que, lamentablemente en muchos casos, se
emplean árboles invasores por su rápido crecimiento,
en vez de especies cubanas, como siempre se hacía.
Parte del daño de las plantas invasoras se refleja en el
trastorno que causan en todo hábitat natural del que se posesionan,
ayudadas por la falta de educación medioambiental de la ciudadanía,
al punto que es frecuente la proliferación de esas plantas
exógenas, plantadas por particulares, incluso en zonas urbanas,
para cercados o árboles de sombra, en jardines y otros espacios
abiertos, rompiendo, en todos los casos, los vínculos naturales
de flora y fauna.
El descontrol genético en especies de la flora y la fauna
erosiona de manera casi irreparable el patrimonio de la nación.
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