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El Edison chino y los apagones
en Cuba
Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org)
- Si Chung Li viviera, de seguro reconocería que el pueblo
cubano tiene también sus geniales inventores como él
en materia de luminiscencia.
Conocí sobre Chung Li y sus inventos durante mi estancia
en China en 1969 y, curiosamente, esa historia atrapada en la memoria
parece cobrar actualidad en la grave crisis energética por
la que atraviesa Cuba en estos momentos con tan frecuentes como
prolongados y molestos apagones.
A principios de la década de 1930, Estados Unidos llevó
a la República China, entonces sin el engañoso apelativo
"popular", una nueva era de progreso con la introducción
del keroseno y su correspondiente lámpara de alumbrado doméstico,
novedoso invento que ya se había popularizado en Norteamérica
en lugares a los que no llegaba la electricidad.
El joven chino de 29 años, Chung Li, ingeniero químico,
tras conversar con algunos campesinos, quejosos por la escasa demanda
del fríjol de soya que producían, lo que perjudicaba
sus economías, pensó: "Si logro encontrar nuevo
mercado a la soya los campesinos saldrán beneficiados".
Chung recordó que sus antepasados empleaban el aceite extraído
de esa legumbre como combustible para sus antiguas lámparas,
y perfeccionó un nuevo tipo mucho más seguro y económico
que la norteamericana, a base de aceite vegetal. Según comentario
periodístico de la época, "el nuevo fluido no
sólo cuesta menos, sino que da luz más brillante y
dura más que el petróleo".
Harrison Forman escribió en "Current History"
(USA, 1936): "Durante muchos años más nos hemos
referido a la kerosina como la institución norteamericana
de China. Hoy, sin embargo, la kerosina está pasando de moda
en China tan rápidamente como en los propios Estados Unidos.
Los chinos, esos chinos listos, han inventado una lamparita de arder
que no consume petróleo sino un aceite preparado en el país".
Continúa explicando Forman que el invento había causado
una revolución mayor en China en sólo dos años
que la que produjo la lámpara de petróleo norteamericana,
y "los ingresos de las compañías petroleras norteamericanas
por la venta de kerosina en China han disminuido en ocho millones
de dólares el pasado año, no obstante que ha sido
un año de guerra en que el consumo normal ha aumentado grandemente".
El gobierno chino protegió el nuevo producto y los fabricantes
chinos de lámparas, con 400 mil aparatos anuales, señalaban
como principal dificultad no poder satisfacer la demanda.
Chung Li fue aclamado en todo el país como el "Edison
de China". Chung Li inventó también un moderno
mimeógrafo que patentó.
Los cubanos, sin saberlo, por intricados caminos del destino, a
nuestra manera, nos hemos ido acercado al genial chino, desarrollando
las más variadas inventivas para enfrentar los mortificantes
cortes de electricidad.
Además de velas y linternas eléctricas -y generadores
de electricidad para unos pocos privilegiados- la mayoría,
en marcha atrás como el cangrejo, ha tenido que crear los
más disímiles artefactos para obtener luz, entre éstos
el "clásico" mechón o chismosa, simple depósito
con petróleo y mecha encendida. Ciertamente alumbra, aunque
con excesivo y pernicioso humo que daña pulmones, vías
respiratorias y tizna demasiado los interiores.
Variante menos dañina y molesta es el mismo principio perfeccionado:
recipiente -generalmente latica desechada de refresco o cerveza-
con mecha pequeña embutida en un tubo de aluminio de pasta
dental reciclable perforado abajo, por donde penetra el petróleo
o luz brillante.
Por cierto, como perfecto caso de metonimia, llamamos luz brillante
al keroseno. "Luz Brillante" fue marca industrial del
keroseno embotellado, introducido en Cuba por una compañía
norteamericana a mediados del siglo XIX, destinado a la iluminación.
Pero mucho más cercano al invento de Chung Li está
la "lamparita" casera de aceite de soya o girasol. Consta
de una chapa-corona (tapa) de botella de refresco o cerveza como
sostén de un trocito de algodón a modo de pabilo introducido
por un huequito al centro de la chapita, y colocado en un recipiente
de vidrio o lata con aceite comestible. Encendida la mecha da mejor
luz, más estable, no ahuma ni apesta, y es mucho más
económica.
Hay quienes emplean la batería de auto para tener luz en
sus viviendas durante los apagones nocturnos, que en las actuales
circunstancias equivale a disponer de "alta tecnología".
¿Cómo transitar por oscuras calles y caminos rurales
durante los cortes de electricidad nocturnos? Quien no posea linterna
eléctrica, que es la mayoría, no transitará
o lo hará con gran miedo. Pienso en nuestros aborígenes
quienes, mucho antes de la llegaba de Colón, transitaban
más confiados gracias al artificio de introducir luciérnagas
y cocuyos en el fruto de la güira -previa extracción
de su masa canosa- con huequitos por toda su corteza, por los que
brotaba la luz originada por estos insectos; linterna casi absolutamente
imposible hoy, porque tanto la güira como los insectos son
especies de muy escasa población, en vías de extinción
por déficit ambiental.
Si la cuestión es planchar de urgencia y hay corte eléctrico,
la solución es fácil: hacerlo a la usanza colonial,
poniéndola directamente sobre el fogón a fuego moderado,
teniendo presente no quemar el cordón eléctrico. O
alisar la ropa por el procedimiento empleado por los presos y becarios,
dejando correr la plancha, que es una botella conteniendo agua caliente,
sobre el tejido; lo que no se le hubiera ocurrido ni al mismísimo
Chung Li de nuestra historia.
Como cierra sus presentaciones un comentarista de la televisión
cubana, digamos también: "Así van las cosas".
Para concluir, no quisiéramos pasar por alto el dato histórico
de que Chug Li procedía de una familia pobre, aunque culta,
y que como miles de jóvenes orientales fue educado en escuelas
chinas de acuerdo al sistema occidental. Llegaron a ser ingenieros,
médicos, químicos, mecánicos, maestros y técnicos
en las más variadas especialidades, producto de la campaña
nacionalista "Una nueva vida", patrocinada por el presidente
chino Chian Kai Shek.
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