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Los expedientes
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) - Si los cubanos no
despreciáramos tanto las instituciones del gobierno de los
Estados Unidos, al que sólo compramos -por ayudarlo- la friolera
de algo más de 700 millones de dólares en toneladas
de maíz, arroz, soya, manzanas, pollos y, sobre todo huevos,
en los últimos cuatro años, mandaríamos a buscar
a los agentes del FBI Fox Mulder y Dana Scullys para que aprendan
los rudimentos de la investigación en el inquietante caso
de los Expedientes X aparecido acá en la Isla.
Pero como somos autosuficientes en todo, y más que nada
en utopías, nos dimos a la tarea de explorar con gelidez
y hondura una de las papas calientes sembradas en el terreno fértil
del campo socialista: la desaparición de los expedientes
laborales.
Este acto misterioso, denunciado por varios ciudadanos ante la
prensa nacional, es demostrativo de que los enemigos no sólo
están en el espacio, si no cerca -mejor dicho, dentro- atareados
en desacreditarnos y hundirnos en un tema tan sensible como el respeto
al trabajador.
¿Cómo es posible que en el paraíso de los
trabajadores una Eva cualquiera ¡perdón! una señora
llamada Preocupación Cautiva del Saurio Leal, se coma la
manzana de la discordia -por cierto, americana- y denuncie que después
de tres décadas de labor ininterrumpida, ya cuando pretendía
jubilarse se percató de que para las autoridades nunca había
trabajado? ¿No será una Mata Hari matancera que pretende
socavar el prestigio, la honradez, el sosiego, la organización,
en fin, el desbarajuste ético y sociolaboral acrecentado
en más de cuarenta años de relajo marxista-leninista?
¿Acaso es una Sherezada tropical que a la vera del río
San Juan hace flotar relatos comprometedores, cuentos chinos y cubanos
-que no es lo mismo, pero es igual- para poner en tela de juicio
los logros alcanzados en la esfera sociolaboral revolucionaria?
¿O tal vez resulta una Penélope caribeña, que
teje y desteje desde La Vigía la mortaja de un sistema que
inventó la Teoría del Pleno Empleo sin producción?
Habrá que ver cuáles son los fines. Qué objetivos
persiguen las mañas de una mujer que labora en una oficina
Comercial S.A., nombre que de por sí siembra sospechas.
Eso de Sociedad Anónima en un país con un horizonte
tan claro que no se ve, es una nube oscura que ni el mejor meteorólogo
social puede decir con qué o con quiénes viene acompañada.
Porque el problema está en que, según ella, luego
de presentar la solicitud de jubilación al departamento de
Recursos Humanos de Comercial S.A. el 22 de noviembre de 2004 le
dijeron que su expediente laboral se había extraviado.
Entonces, ante su injusta acusación, se le orientó
realizar un informe de los lugares donde había laborado desde
1974 hasta la fecha, y luego de hacerlo y presentarlo aún
sigue esperando. Todavía no aparece ni en los centros espirituales
el volátil expediente. Aunque no es para preocuparse, pues
sólo han transcurrido nueve meses.
Pero después de realizar profundas y exhaustivas investigaciones,
puedo darle una respuesta a las inquietudes de la señora
Preocupación.
¡Jamás en Cuba se perdería un expediente de
ninguno de sus ciudadanos! Tan es así que podemos decirle
con certeza el juguete básico que recibió el Día
de los Reyes Magos de 1964, la ropa que se puso en el año
1975 para asistir a su primer trabajo voluntario, lo que dijo, hizo
y cómo protestó por lo lleno del camión y la
cantaleta tan grande que se formó al regreso de los boniatales
patrios.
También podemos asegurarle si su primer amor era desafecto
o no a la revolución, y que aquel congrí que le provocó
una indigestión en el año 1991 fue por culpa de una
acción de terrorismo ideológico montada por los americanos
para exterminar a los negros y colorados... frijoles.
Además que Lola, su amiga y secretaria ideológica
del Comité de Base de la Unión de Jóvenes Comunistas
(UJC) en el círculo infantil Barquito de Papel, que abandonó
la Isla con los balseros del 94, regresó en 2003 y se hospedó
en su casa 21 días con sus noches, hablándole de las
bondades de aquella sociedad, algo que usted no asimiló,
aunque aceptara complacida las zapatillas, el desodorante, las medicinas
y los perfumes que les dejó como recuerdo, amén de
los cuarenta dólares, las comelatas y los paseos a lo largo
de su estancia en Cuba.
Y si persiste en dudar de la capacidad técnica, en la eficiencia
para preservar los documentos demostrada por nuestros aguerridos
burócratas o piensa que lo mismo nos da ocho que ochenta
cualquier crítica sobre el sistema social imperante en el
país por voluntad popular, podemos revelarle con las personas
que habló por teléfono y qué les dijo por lo
menos en los últimos veinte años.
Eso sí, de su expediente ni la sombra. Pudiera ser que en
medio de una reunión del partido con el departamento de Recursos
Humanos de la S.A. y ante la falta de papel higiénico causada
por el bloqueo yanqui, alguien necesitó de algunas hojas
redentoras, y ahí se inició el estropicio accidental
de su trayectoria obrera, finalizada con honor en las oscuras manos
del inodoro.
O tal vez que, luego de alcanzar la condición de Vanguardias
por obtener durante una inspección avisada calificaciones
de cero fraude, ninguna pérdida, nadie sobredimensionado,
sin plantillas infladas, cotización sindical y militar al
día, trabajo voluntario al cien, superación ideológica
a mil, entre otros logros, los alegres directivos de la Mercadú
S.A. hayan decidido homenajear a los trabajadores más destacados,
y para organizar la fiesta tomaran su expediente como borrador,
cadenetas de adorno, piñatas y avioncitos de papel para el
juego de los menores.
La cuestión es que si se le perdió fue por una causa
justa, por el bien y disfrute de la clase trabajadora de Cuba, tan
dada a las monótonas fiestas y a los viajecitos al extranjero
-preferiblemente Europa- por el sacrificio y como premio y en representación
de sus asalariados.
Existen otros casos con el del profesor que después de ejercer
durante 36 años en un aula aparece como albañil en
la tarjeta de control SNC-4-1-25, que debe significar algo así
como "si no eres comunista" (SNC) tendrás que reclamar
cuatro (4) veces más la pérdida de su primer (1) expediente,
después de sufrir veinticinco (25) infartos en el miocardio.
O el del conductor de coches tirados por caballos, cuyo calificador
de cargos lo recoge como "mecánico-probador de naves
espaciales en el gritódromo de Veguitas", y el de la
ingeniera en alimentos que tiene en su SNC un desempeño fenomenal
como experta en la farmacopea ambiental Las pastillas verdes.
Sin dudas son pequeños errores, ínfimos contratiempos,
moderados desastres que sólo toman en resolverse varios años,
incluso décadas, pero que un país con tanta dedicaci{ón
y eficiencia en los trajines sociolaborales no perjudican el prestigio
ni el carnet de quienes laboran en el Ministerio del Trabajo y Seguridad
Social, aunque sí con levedad arrasara el bolsillo y los
nervios de cientos de trabajadores.
Pero deben tener fe, comprarla por arrobas, sembrarla si es preciso
en las arenas movedizas del pantano burócrata-fantasmal del
país, y tener paciencia, pues sólo restan 99 años,
tres meses y dos días para que se estabilice la puesta en
orden de los archivos donde aparecen recogidos todos los datos de
los trabajadores de la nación, con pelos y señales
desde su nacimiento hasta su muerte.
Para esa fecha -palabra de organizador- primero se perderá
un camello M4 en un campo de lechuga o en un bache de la calle 23
que un expediente laboral en el paraíso de los trabajadores.
¡No pierdan la esperanza, aunque dicen que la de los cubanos
era verde como las palmas y se la comieron los chivos en el 59!
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