18 de agosto de 2005
 

 

Los expedientes

Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press

LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) - Si los cubanos no despreciáramos tanto las instituciones del gobierno de los Estados Unidos, al que sólo compramos -por ayudarlo- la friolera de algo más de 700 millones de dólares en toneladas de maíz, arroz, soya, manzanas, pollos y, sobre todo huevos, en los últimos cuatro años, mandaríamos a buscar a los agentes del FBI Fox Mulder y Dana Scullys para que aprendan los rudimentos de la investigación en el inquietante caso de los Expedientes X aparecido acá en la Isla.

Pero como somos autosuficientes en todo, y más que nada en utopías, nos dimos a la tarea de explorar con gelidez y hondura una de las papas calientes sembradas en el terreno fértil del campo socialista: la desaparición de los expedientes laborales.

Este acto misterioso, denunciado por varios ciudadanos ante la prensa nacional, es demostrativo de que los enemigos no sólo están en el espacio, si no cerca -mejor dicho, dentro- atareados en desacreditarnos y hundirnos en un tema tan sensible como el respeto al trabajador.

¿Cómo es posible que en el paraíso de los trabajadores una Eva cualquiera ¡perdón! una señora llamada Preocupación Cautiva del Saurio Leal, se coma la manzana de la discordia -por cierto, americana- y denuncie que después de tres décadas de labor ininterrumpida, ya cuando pretendía jubilarse se percató de que para las autoridades nunca había trabajado? ¿No será una Mata Hari matancera que pretende socavar el prestigio, la honradez, el sosiego, la organización, en fin, el desbarajuste ético y sociolaboral acrecentado en más de cuarenta años de relajo marxista-leninista?

¿Acaso es una Sherezada tropical que a la vera del río San Juan hace flotar relatos comprometedores, cuentos chinos y cubanos -que no es lo mismo, pero es igual- para poner en tela de juicio los logros alcanzados en la esfera sociolaboral revolucionaria?
¿O tal vez resulta una Penélope caribeña, que teje y desteje desde La Vigía la mortaja de un sistema que inventó la Teoría del Pleno Empleo sin producción?

Habrá que ver cuáles son los fines. Qué objetivos persiguen las mañas de una mujer que labora en una oficina Comercial S.A., nombre que de por sí siembra sospechas.

Eso de Sociedad Anónima en un país con un horizonte tan claro que no se ve, es una nube oscura que ni el mejor meteorólogo social puede decir con qué o con quiénes viene acompañada.

Porque el problema está en que, según ella, luego de presentar la solicitud de jubilación al departamento de Recursos Humanos de Comercial S.A. el 22 de noviembre de 2004 le dijeron que su expediente laboral se había extraviado.

Entonces, ante su injusta acusación, se le orientó realizar un informe de los lugares donde había laborado desde 1974 hasta la fecha, y luego de hacerlo y presentarlo aún sigue esperando. Todavía no aparece ni en los centros espirituales el volátil expediente. Aunque no es para preocuparse, pues sólo han transcurrido nueve meses.

Pero después de realizar profundas y exhaustivas investigaciones, puedo darle una respuesta a las inquietudes de la señora Preocupación.

¡Jamás en Cuba se perdería un expediente de ninguno de sus ciudadanos! Tan es así que podemos decirle con certeza el juguete básico que recibió el Día de los Reyes Magos de 1964, la ropa que se puso en el año 1975 para asistir a su primer trabajo voluntario, lo que dijo, hizo y cómo protestó por lo lleno del camión y la cantaleta tan grande que se formó al regreso de los boniatales patrios.

También podemos asegurarle si su primer amor era desafecto o no a la revolución, y que aquel congrí que le provocó una indigestión en el año 1991 fue por culpa de una acción de terrorismo ideológico montada por los americanos para exterminar a los negros y colorados... frijoles.

Además que Lola, su amiga y secretaria ideológica del Comité de Base de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) en el círculo infantil Barquito de Papel, que abandonó la Isla con los balseros del 94, regresó en 2003 y se hospedó en su casa 21 días con sus noches, hablándole de las bondades de aquella sociedad, algo que usted no asimiló, aunque aceptara complacida las zapatillas, el desodorante, las medicinas y los perfumes que les dejó como recuerdo, amén de los cuarenta dólares, las comelatas y los paseos a lo largo de su estancia en Cuba.

Y si persiste en dudar de la capacidad técnica, en la eficiencia para preservar los documentos demostrada por nuestros aguerridos burócratas o piensa que lo mismo nos da ocho que ochenta cualquier crítica sobre el sistema social imperante en el país por voluntad popular, podemos revelarle con las personas que habló por teléfono y qué les dijo por lo menos en los últimos veinte años.

Eso sí, de su expediente ni la sombra. Pudiera ser que en medio de una reunión del partido con el departamento de Recursos Humanos de la S.A. y ante la falta de papel higiénico causada por el bloqueo yanqui, alguien necesitó de algunas hojas redentoras, y ahí se inició el estropicio accidental de su trayectoria obrera, finalizada con honor en las oscuras manos del inodoro.

O tal vez que, luego de alcanzar la condición de Vanguardias por obtener durante una inspección avisada calificaciones de cero fraude, ninguna pérdida, nadie sobredimensionado, sin plantillas infladas, cotización sindical y militar al día, trabajo voluntario al cien, superación ideológica a mil, entre otros logros, los alegres directivos de la Mercadú S.A. hayan decidido homenajear a los trabajadores más destacados, y para organizar la fiesta tomaran su expediente como borrador, cadenetas de adorno, piñatas y avioncitos de papel para el juego de los menores.

La cuestión es que si se le perdió fue por una causa justa, por el bien y disfrute de la clase trabajadora de Cuba, tan dada a las monótonas fiestas y a los viajecitos al extranjero -preferiblemente Europa- por el sacrificio y como premio y en representación de sus asalariados.

Existen otros casos con el del profesor que después de ejercer durante 36 años en un aula aparece como albañil en la tarjeta de control SNC-4-1-25, que debe significar algo así como "si no eres comunista" (SNC) tendrás que reclamar cuatro (4) veces más la pérdida de su primer (1) expediente, después de sufrir veinticinco (25) infartos en el miocardio.

O el del conductor de coches tirados por caballos, cuyo calificador de cargos lo recoge como "mecánico-probador de naves espaciales en el gritódromo de Veguitas", y el de la ingeniera en alimentos que tiene en su SNC un desempeño fenomenal como experta en la farmacopea ambiental Las pastillas verdes.

Sin dudas son pequeños errores, ínfimos contratiempos, moderados desastres que sólo toman en resolverse varios años, incluso décadas, pero que un país con tanta dedicaci{ón y eficiencia en los trajines sociolaborales no perjudican el prestigio ni el carnet de quienes laboran en el Ministerio del Trabajo y Seguridad Social, aunque sí con levedad arrasara el bolsillo y los nervios de cientos de trabajadores.

Pero deben tener fe, comprarla por arrobas, sembrarla si es preciso en las arenas movedizas del pantano burócrata-fantasmal del país, y tener paciencia, pues sólo restan 99 años, tres meses y dos días para que se estabilice la puesta en orden de los archivos donde aparecen recogidos todos los datos de los trabajadores de la nación, con pelos y señales desde su nacimiento hasta su muerte.

Para esa fecha -palabra de organizador- primero se perderá un camello M4 en un campo de lechuga o en un bache de la calle 23 que un expediente laboral en el paraíso de los trabajadores.

¡No pierdan la esperanza, aunque dicen que la de los cubanos era verde como las palmas y se la comieron los chivos en el 59!