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El fantasma inglés
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org) - Sólo Alfred
Hichtcok, con su manera de mirar por la ventana indiscreta del cine
los avatares del mundo, podría descifrar esta sicosis que
ha despertado en Cuba las fantasmagóricas llamadas a un cliente
inglés.
En un país donde tanto los teléfonos como las calles,
el cielo, los cupones de racionamiento, el fricandel, las papas,
los boniatos, el cafetín, los solares y los apagones -entre
otros logros únicos del universo- pertenecen a los revolucionarios,
resulta preocupante el interés por comunicarse con alguien
que habita en la pérfida Albión.
¿Será que la sombra del padre de Hamlet llegó
a la Isla en un buque negrero a conocer a una turismulata y ahora
no puede regresar? ¿O tal vez sea el espíritu en pena
del mismísimo Guillermito Shakespeare convertido en Otelo
de solar por el amor perdido de La Gata de Monte, aquí en
La Habana?
El asunto es tan grave que ni el insigne investigador y trompeta
Rafaelito El Bizco - conocido como la oreja de la nación,
no la de Vincent Van Gogh- ha podido descifrar quién es el
que se comunica con Tony Blair en las oficinas de Downing Street
en Londres, o con Jimmy "Malas Pulgas" Scotch en un bar
escocés necesitado de cultas, sanas y dispuestitas jineteras
del alba.
Y eso que labora con los eficientes e incorruptibles compañeros
de la empresa telefónica conocida popularmente como ETECSA
(Estamos Tratando de Establecer Comunicaciones Sin Apuro), cujeados
a pruebas de ciclones, propuestas deshonestas y extensiones que
jamás hacen tierra.
Estos quijotes de la comunicación, especialistas en el corte
del servicio y super avalados oidores de lo indebido, enfrentan
acusaciones públicas que, sumadas a las no dadas a conocer,
crean un corto circuito de intereses entre la empresa y los usuarios
víctimas del cotilleo del fantasma inglés o del anglófilo
cubano.
Lo crucial es que, ya sea desde las riberas del Támesis
o desde los basurales del río Quibú, hay que encontrar
al comunicador fantasma.
Por eso resulta imprescindible analizar los pro y los contra de
un tema que mantiene los teléfonos del corazón de
varias familias cubanas descolgados, y las llamadas de socorro en
estado de alerta para cuando lleguen las elevadas tarifas ocasionadas
por el hablador furtivo, que como si fuera poco, vienen convertidas
en aguaceros de pesos convertibles.
Según una doctora que reside en la oriental provincia de
Santiago de Cuba, en la cuenta del servicio telefónico enviada
por ETECSA a su domicilio en febrero de este año, aparecían
llamadas al Reino Unido con un costo de 387.50 pesos convertibles.
¡Y ahí mismo ardió la Trocha y se prendió
el chisme, la lata y la cuchara con el occuyé, porque asegura
que si bien conoce a las hermanas Bronte, a Elton John y a Margaret
Thatcher, es a través de la literatura y la televisión.
Nada de amistades ni familias en Irlanda del Norte, Escocia, Gales
ni Inglaterra, pues lo que más le suena de ese conjunto de
naciones es que hasta la Reina Isabel baila el danzónm y
pare de contar.
Además, para lograr reunir esa cifra con su salario como
doctora tendría que trabajar alrededor de dos años
sin comprar, textualmente, ni un refresco gaseado, o heredar parte
de la fortuna de Ladi D, ambas cosas imposibles para un cubano que
tiene que vivir más cronometrado que el Big Ben, y tan lejos
de la sangre azul como la tierra de Marte.
Sin embargo, los compañeros de ETECSA, imbuidos del buen
nombre que les acompaña, y ante la negativa de la usuaria
a pagar el servicio que no sirvió porque no se hizo o fue
cosa de un fantasma, decidieron retirarle el susodicho artefacto
hasta encontrar quién es el subrepticio llamador al Reino
Unido.
Ante una medida tan justa, los lectores se preguntarán:
¿Y los pacientes de la doctora? ¿De qué forma
puede llamar a una posible ambulancia en caso de urgencia?
¡A grito pelado, compañeros! Con señales de
humo, palomas mensajeras, tambores batá, ballestazos o a
pedrada limpia mientras no agarremos al fantasma inglés.
Recuerden que esto es una cuestión de honor, disciplina
y leyes, donde primero es la sentencia y después el juicio,
como dijera la fiscal o la ilustre prostituta cultural conocida
como Juanita "Cinco Gaitos al Tiro" Prieto.
El hecho es que las llamadas salieron de esa vivienda, y aunque
no tuviera teléfono hay que cobrar ese servicio por un problema
de disciplina y organización. Así son las leyes de
los etecseros, hermanos, y al que no le guste que solicite el servicio
de otra empresa, aunque en Cuba es la única.
Pero dándole continuidad a las quejas por llamadas fantasmas
al Reino Unido, una señora del municipio Plaza de la Revolución
asegura que sin tener contacto alguno con un Lord o un vendedor
de cachimbas o paraguas de Liverpool, o siquiera con un traficante
de palitos de tendedera y ollas arroceras cubanas en Manchester,
ni mucho menos con uno de sayas en Escocia, ni whiskey "tres
patá" en Irlanda, ya suma 67 pesos convertibles en llamadas
a un reino que tanto ha desunido a los usuarios y los etecseros
cubanos.
Al dirigirse a la oficina comercial de ETECSA a jurar que no había
llamado jamás a esas gélidas tierras, se le indicó
que si no pagaba se le retiraría el servicio.
Este acto demuestra la convicción de lo que se hace, el
respeto y amor por el trabajo, la justicia y la disciplina revolucionaria,
cuando sin temblarle la voz le sueltan: "Si en realidad llamaste,
paga; y si no lo hiciste, paga también".
¡Cuánta objetividad hay en esta sentencia justiciera,
en esta muestra de buen trato al usuario, de solidaridad con el
dolor ajeno por parte de nuestros artífices del chisme eléctrico,
el babeo cablegráfico o la importante comunicación
digital en el cumplimiento de sus funciones!
Seguro que si alguno de ellos asistiera a un restaurante y le cobraran
estofado de mamut que nunca le sirvieron, lo pagarían con
despreocupación, y si al mes se lo volvieran a cobrar después
del reclamo, seguro lo harían otra vez.
Son unos soldaditos de plomo tan simpáticos que daría
gusto arrojarlos al mar para ver si flotan.
Eso sí, los usuarios deben comprender que los etecseros
sólo cumplen con su función de tibores diseñados
para recibir órdenes y encargos de arriba, y que de no aparecer
el fantasma inglés tendremos que suspender el servicio telefónico
a nivel nacional y establecer la diligencia decimonónica,
que para eso nos quedan en el país seis o siete caballos
de tiro y patadas al por mayor.
¡Primero sin comunicación telefónica que desprestigiados!
Por esa fidelidad a prueba de cables caídos, teléfonos
desconectados, líneas confusas y aparatos con flojera políglota
o conexiones internacionales no autorizadas, es que nos duelen las
acusaciones contra algunos etecsianos de máximo, medio y
bajo nivel, que no paran por mantener los cables encendidos, como
guerreros mudos en medio de un combate de palabras cruzadas.
¿Acaso no es normal en un país con gente tan comunicativa
que usted llame a la Casa de la Música y le salga la recepcionista
de una funeraria? ¿Nunca ha intentado conectar con una tía
enferma en Manatí y le ha salido el taller de un hacedor
de torticas de Morón que emigró para el Kilimanjaro?
¿No sabe la cantidad de cubanos que han llamado a la policía
o a los bomberos y se comunicaron con un kimbo en Angola o con el
área de la cocina en el castillo de los príncipes
de Mónaco?
Y no se asombre el día que le dé por llamar a la
terminal de ómnibus nacionales y le conteste una cromañona
diciéndole que no se apure, que dentro de algunos siglos
serán inventados el transporte público, los relojes
mecánicos y las recepcionistas.
Así que paguen y no se hagan los remolones, pues mientras
no aparezca el fantasma inglés, las únicas comunicaciones
que les permitiremos serán con los contadores y abogados
de ETECSA o con la policía.
Y entre tanta alharaca formada sin presentar al mítico hablador,
al verborreico y escurridizo anglófilo, al discursivo amante
de la Torre de Londres, me pregunto: ¿Qué significan
para un cubano trabajador 300 ó 400 pesitos convertibles?
Nada, me respondo. Una bagatela, un sueño, una llamada al
más allá que no tiene retorno.
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