5 de septiembre de 2005
 

 

El fantasma inglés

Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press

LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org) - Sólo Alfred Hichtcok, con su manera de mirar por la ventana indiscreta del cine los avatares del mundo, podría descifrar esta sicosis que ha despertado en Cuba las fantasmagóricas llamadas a un cliente inglés.

En un país donde tanto los teléfonos como las calles, el cielo, los cupones de racionamiento, el fricandel, las papas, los boniatos, el cafetín, los solares y los apagones -entre otros logros únicos del universo- pertenecen a los revolucionarios, resulta preocupante el interés por comunicarse con alguien que habita en la pérfida Albión.

¿Será que la sombra del padre de Hamlet llegó a la Isla en un buque negrero a conocer a una turismulata y ahora no puede regresar? ¿O tal vez sea el espíritu en pena del mismísimo Guillermito Shakespeare convertido en Otelo de solar por el amor perdido de La Gata de Monte, aquí en La Habana?

El asunto es tan grave que ni el insigne investigador y trompeta Rafaelito El Bizco - conocido como la oreja de la nación, no la de Vincent Van Gogh- ha podido descifrar quién es el que se comunica con Tony Blair en las oficinas de Downing Street en Londres, o con Jimmy "Malas Pulgas" Scotch en un bar escocés necesitado de cultas, sanas y dispuestitas jineteras del alba.

Y eso que labora con los eficientes e incorruptibles compañeros de la empresa telefónica conocida popularmente como ETECSA (Estamos Tratando de Establecer Comunicaciones Sin Apuro), cujeados a pruebas de ciclones, propuestas deshonestas y extensiones que jamás hacen tierra.

Estos quijotes de la comunicación, especialistas en el corte del servicio y super avalados oidores de lo indebido, enfrentan acusaciones públicas que, sumadas a las no dadas a conocer, crean un corto circuito de intereses entre la empresa y los usuarios víctimas del cotilleo del fantasma inglés o del anglófilo cubano.

Lo crucial es que, ya sea desde las riberas del Támesis o desde los basurales del río Quibú, hay que encontrar al comunicador fantasma.

Por eso resulta imprescindible analizar los pro y los contra de un tema que mantiene los teléfonos del corazón de varias familias cubanas descolgados, y las llamadas de socorro en estado de alerta para cuando lleguen las elevadas tarifas ocasionadas por el hablador furtivo, que como si fuera poco, vienen convertidas en aguaceros de pesos convertibles.

Según una doctora que reside en la oriental provincia de Santiago de Cuba, en la cuenta del servicio telefónico enviada por ETECSA a su domicilio en febrero de este año, aparecían llamadas al Reino Unido con un costo de 387.50 pesos convertibles.

¡Y ahí mismo ardió la Trocha y se prendió el chisme, la lata y la cuchara con el occuyé, porque asegura que si bien conoce a las hermanas Bronte, a Elton John y a Margaret Thatcher, es a través de la literatura y la televisión. Nada de amistades ni familias en Irlanda del Norte, Escocia, Gales ni Inglaterra, pues lo que más le suena de ese conjunto de naciones es que hasta la Reina Isabel baila el danzónm y pare de contar.

Además, para lograr reunir esa cifra con su salario como doctora tendría que trabajar alrededor de dos años sin comprar, textualmente, ni un refresco gaseado, o heredar parte de la fortuna de Ladi D, ambas cosas imposibles para un cubano que tiene que vivir más cronometrado que el Big Ben, y tan lejos de la sangre azul como la tierra de Marte.

Sin embargo, los compañeros de ETECSA, imbuidos del buen nombre que les acompaña, y ante la negativa de la usuaria a pagar el servicio que no sirvió porque no se hizo o fue cosa de un fantasma, decidieron retirarle el susodicho artefacto hasta encontrar quién es el subrepticio llamador al Reino Unido.

Ante una medida tan justa, los lectores se preguntarán: ¿Y los pacientes de la doctora? ¿De qué forma puede llamar a una posible ambulancia en caso de urgencia?

¡A grito pelado, compañeros! Con señales de humo, palomas mensajeras, tambores batá, ballestazos o a pedrada limpia mientras no agarremos al fantasma inglés.

Recuerden que esto es una cuestión de honor, disciplina y leyes, donde primero es la sentencia y después el juicio, como dijera la fiscal o la ilustre prostituta cultural conocida como Juanita "Cinco Gaitos al Tiro" Prieto.

El hecho es que las llamadas salieron de esa vivienda, y aunque no tuviera teléfono hay que cobrar ese servicio por un problema de disciplina y organización. Así son las leyes de los etecseros, hermanos, y al que no le guste que solicite el servicio de otra empresa, aunque en Cuba es la única.

Pero dándole continuidad a las quejas por llamadas fantasmas al Reino Unido, una señora del municipio Plaza de la Revolución asegura que sin tener contacto alguno con un Lord o un vendedor de cachimbas o paraguas de Liverpool, o siquiera con un traficante de palitos de tendedera y ollas arroceras cubanas en Manchester, ni mucho menos con uno de sayas en Escocia, ni whiskey "tres patá" en Irlanda, ya suma 67 pesos convertibles en llamadas a un reino que tanto ha desunido a los usuarios y los etecseros cubanos.

Al dirigirse a la oficina comercial de ETECSA a jurar que no había llamado jamás a esas gélidas tierras, se le indicó que si no pagaba se le retiraría el servicio.

Este acto demuestra la convicción de lo que se hace, el respeto y amor por el trabajo, la justicia y la disciplina revolucionaria, cuando sin temblarle la voz le sueltan: "Si en realidad llamaste, paga; y si no lo hiciste, paga también".

¡Cuánta objetividad hay en esta sentencia justiciera, en esta muestra de buen trato al usuario, de solidaridad con el dolor ajeno por parte de nuestros artífices del chisme eléctrico, el babeo cablegráfico o la importante comunicación digital en el cumplimiento de sus funciones!

Seguro que si alguno de ellos asistiera a un restaurante y le cobraran estofado de mamut que nunca le sirvieron, lo pagarían con despreocupación, y si al mes se lo volvieran a cobrar después del reclamo, seguro lo harían otra vez.

Son unos soldaditos de plomo tan simpáticos que daría gusto arrojarlos al mar para ver si flotan.

Eso sí, los usuarios deben comprender que los etecseros sólo cumplen con su función de tibores diseñados para recibir órdenes y encargos de arriba, y que de no aparecer el fantasma inglés tendremos que suspender el servicio telefónico a nivel nacional y establecer la diligencia decimonónica, que para eso nos quedan en el país seis o siete caballos de tiro y patadas al por mayor.

¡Primero sin comunicación telefónica que desprestigiados!

Por esa fidelidad a prueba de cables caídos, teléfonos desconectados, líneas confusas y aparatos con flojera políglota o conexiones internacionales no autorizadas, es que nos duelen las acusaciones contra algunos etecsianos de máximo, medio y bajo nivel, que no paran por mantener los cables encendidos, como guerreros mudos en medio de un combate de palabras cruzadas.

¿Acaso no es normal en un país con gente tan comunicativa que usted llame a la Casa de la Música y le salga la recepcionista de una funeraria? ¿Nunca ha intentado conectar con una tía enferma en Manatí y le ha salido el taller de un hacedor de torticas de Morón que emigró para el Kilimanjaro?

¿No sabe la cantidad de cubanos que han llamado a la policía o a los bomberos y se comunicaron con un kimbo en Angola o con el área de la cocina en el castillo de los príncipes de Mónaco?

Y no se asombre el día que le dé por llamar a la terminal de ómnibus nacionales y le conteste una cromañona diciéndole que no se apure, que dentro de algunos siglos serán inventados el transporte público, los relojes mecánicos y las recepcionistas.

Así que paguen y no se hagan los remolones, pues mientras no aparezca el fantasma inglés, las únicas comunicaciones que les permitiremos serán con los contadores y abogados de ETECSA o con la policía.

Y entre tanta alharaca formada sin presentar al mítico hablador, al verborreico y escurridizo anglófilo, al discursivo amante de la Torre de Londres, me pregunto: ¿Qué significan para un cubano trabajador 300 ó 400 pesitos convertibles? Nada, me respondo. Una bagatela, un sueño, una llamada al más allá que no tiene retorno.