8 de septiembre de 2005
 

 

¿Cultura de la mala palabra?

Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press

LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org) - Si Miguel de Cervantes resucitara, pero en Cuba, moriría de espanto debido al desparpajo existente con el uso de la lengua a la cual él dio brillo y esplendor.

Obscenidades, insultos, gritos acompañados de impúdicos gestos muchas veces, forman parte de la violencia física, doméstica y callejera. Es el triste espectáculo que el famoso Manco de Lepanto encontraría en Cuba.

Si bien ninguna lengua ni sociedad humana son inocentes en el empleo de las palabras obscenas y la violencia, que parecen crecer sin contención en el mundo, en el caso cubano el uso cotidiano de las malas palabras y expresiones groseras ha ido escalando todos los estratos sociales. Pareciera que las malas palabras pronunciadas en cualquier lugar y delante de cualquiera, sin que nadie les salga al paso, se han ido institucionalizando y trepado, incluso, al lenguaje oficial.

El primitivismo al hablar está echando a un barril sin fondo la riqueza de nuestro idioma, que posee, además, un enorme caudal de sinónimos como pocas lenguas del planeta.

Los destripadores del Español ni siquiera recurren ya a esa envoltura elegante del idioma que es el eufemismo. Además, la guasa criolla expresada en canciones de doble sentido, generalmente erótico, quedaba disfrazada con giros tan elegantes que un gran número de esas canciones forman parte del acerbo cultural de nuestra nación y del mundo. Comparado con lo que ocurre hoy, la diferencia es abismal.

Aunque no es justa la generalización del asunto, cabe preguntar a dónde han ido a parar nuestros cuidados y esfuerzos por transmitir una correcta enseñanza; precisamente quien escribe estas líneas, que ha ejercido como profesor de Literatura y Español. Aunque el ejemplo puede trasladarse a profesores de otras asignaturas.

Este "deslave" actual del idioma se trata de justificar afirmando que estamos entroncados con el Mediterráneo, por lo que hablamos casi a gritos. Factores exógenos no pueden justificar el acelerado envilecimiento del idioma, que tuvo su más sutil manifestación en 1959, cuando con extremismo igualitario se eliminaron las expresiones de cortesía señor, señora, señorita; las que fueron sustituidas por camarada y compañero, con implicaciones políticas.

Debe ser motivo de preocupación ciudadana -no de disfrute, como suele suceder- que las obras de autores cubanos contemporáneos, que recogen con fidelidad la realidad cotidiana, con una gran carga de palabras obscenas, insultos, agresiones intra y extra hogareñas, sean adaptadas al teatro, al cine, a la radio y la televisión.

Los censores ponen especial cuidado en que no se deslice palabra alguna o comentario contrario a la ideología oficial, pero poco o ningún cuidado en el raudal de palabras soeces. En tanto expresiones como "por favor", "disculpe", "perdone", "con su permiso", "¿le puedo ayudar?", "gracias", "hasta luego", y tantas otras, parecen haber caído en desuso.

El extendido uso y abuso de la violencia a todos los niveles; lo mismo doméstica que callejera, física que verbal, o ambas, es reflejo de la pérdida de la autoestima ciudadana y de sus valores morales y culturales, lo que pone en entredicho la imagen tan publicitada por el régimen de que Cuba es el país más culto del mundo.