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¿Cultura de la mala
palabra?
Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org) - Si Miguel de Cervantes
resucitara, pero en Cuba, moriría de espanto debido al desparpajo
existente con el uso de la lengua a la cual él dio brillo
y esplendor.
Obscenidades, insultos, gritos acompañados de impúdicos
gestos muchas veces, forman parte de la violencia física,
doméstica y callejera. Es el triste espectáculo que
el famoso Manco de Lepanto encontraría en Cuba.
Si bien ninguna lengua ni sociedad humana son inocentes en el empleo
de las palabras obscenas y la violencia, que parecen crecer sin
contención en el mundo, en el caso cubano el uso cotidiano
de las malas palabras y expresiones groseras ha ido escalando todos
los estratos sociales. Pareciera que las malas palabras pronunciadas
en cualquier lugar y delante de cualquiera, sin que nadie les salga
al paso, se han ido institucionalizando y trepado, incluso, al lenguaje
oficial.
El primitivismo al hablar está echando a un barril sin fondo
la riqueza de nuestro idioma, que posee, además, un enorme
caudal de sinónimos como pocas lenguas del planeta.
Los destripadores del Español ni siquiera recurren ya a
esa envoltura elegante del idioma que es el eufemismo. Además,
la guasa criolla expresada en canciones de doble sentido, generalmente
erótico, quedaba disfrazada con giros tan elegantes que un
gran número de esas canciones forman parte del acerbo cultural
de nuestra nación y del mundo. Comparado con lo que ocurre
hoy, la diferencia es abismal.
Aunque no es justa la generalización del asunto, cabe preguntar
a dónde han ido a parar nuestros cuidados y esfuerzos por
transmitir una correcta enseñanza; precisamente quien escribe
estas líneas, que ha ejercido como profesor de Literatura
y Español. Aunque el ejemplo puede trasladarse a profesores
de otras asignaturas.
Este "deslave" actual del idioma se trata de justificar
afirmando que estamos entroncados con el Mediterráneo, por
lo que hablamos casi a gritos. Factores exógenos no pueden
justificar el acelerado envilecimiento del idioma, que tuvo su más
sutil manifestación en 1959, cuando con extremismo igualitario
se eliminaron las expresiones de cortesía señor, señora,
señorita; las que fueron sustituidas por camarada y compañero,
con implicaciones políticas.
Debe ser motivo de preocupación ciudadana -no de disfrute,
como suele suceder- que las obras de autores cubanos contemporáneos,
que recogen con fidelidad la realidad cotidiana, con una gran carga
de palabras obscenas, insultos, agresiones intra y extra hogareñas,
sean adaptadas al teatro, al cine, a la radio y la televisión.
Los censores ponen especial cuidado en que no se deslice palabra
alguna o comentario contrario a la ideología oficial, pero
poco o ningún cuidado en el raudal de palabras soeces. En
tanto expresiones como "por favor", "disculpe",
"perdone", "con su permiso", "¿le
puedo ayudar?", "gracias", "hasta luego",
y tantas otras, parecen haber caído en desuso.
El extendido uso y abuso de la violencia a todos los niveles; lo
mismo doméstica que callejera, física que verbal,
o ambas, es reflejo de la pérdida de la autoestima ciudadana
y de sus valores morales y culturales, lo que pone en entredicho
la imagen tan publicitada por el régimen de que Cuba es el
país más culto del mundo.
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