17 de octubre de 2005
 

 

Segunda epístola para un noble forajido

Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press

LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) - Estimado truhán: Tu alma de sijú platanero se alzó como un canto de amor sobre el follaje reseco de la patria.

¡Cuánta pasión en un acto de repudio contra los que disienten de la obra magnánima de la revolución cubana! ¡Qué muestra de culta letrinología en tu lenguaje marginal maquillado con los polvos rojos de un círculo de estudios marxista-leninista para reos, ante una turba de enemigos peligrosos integrada por un matrimonio de jóvenes desleales, dos viejos resentidos, una adolescente en salmuera adobada con los brillos turbulentos de Miami, y una chiva prieta amarrada en el fondo del patio.

Ahí sí trinó tu voz y tu valor de jefe de galeras por más de cinco años en la prisión Combinado del Este de La Habana, cuando la mala suerte te obligó a correr por un simple arrebato de cadenas delante de un tumultuoso ¡ataja! Y fuiste a dar con tus huesos a la cárcel que hoy pides para quienes piensan diferente a los que te acusaron de antisocial.

Pero tu libertad te hizo enmendar los pasos, y con este acto de repudio has lavado -hasta que otro robo de cadenas demuestre lo contrario- tus manchas de ratero insumiso, de diestro carterista en las paradas de ómnibus, las tribunas abiertas y otros carnavales celebrados en la capital, amén de las adquiridas por tu capacidad en la venta y consumo de marihuana y cambolo o en los juegos olímpicos de siló, la chapita y el palo pinto, heredados de la corrupta sociedad en la que vivió tu abuelo, muerto de una puñalada mientras cumplía con honor sus obligaciones de ladrón de gallinas a domicilio por nuestros campos y ciudades.

Apreciable facineroso: tus pulmones de tenor con vacío estomacal, encharcado en el noble ejercicio de las peleas de perros callejeros, proyectaron tu voz sobre la de una multitud de más o menos 200 brigadistas que acorralaban fieros al susodicho matrimonio de desafectos a la revolución, mercenarios y lacayos del imperio que, pertrechados tras un arsenal de armas de destrucción masiva como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, los libros El poder de los sin poder, Rebelión en la granja, Cartas desde la prisión, La broma, Harry Potter y La cámara secreta, entre otros textos subversivos -junto a un radio-detonador Teosun-, serían utilizados para derrocar a una invencible revolución.

¡Y cómo temblaba el enemigo ante el valor y el empuje de las huestes patrióticas! El matrimonio no se atrevió ni a entreabrir las ventanas ante el rugir de las fieras y una que otra pedrada disuasiva. A la vieja le subió la presión, al viejo le bajó, y tanto la joven como la chiva temblaron frente a la dignidad de las cabillas, la hidalguía de los palos, el arrastrar de cadenas y otras armas defensivas enarboladas como banderas de paz por los integrantes de la brigada de respuesta rápida.

¡Cuánto te admirarnos, noble malhechor! ¡Qué sentimiento de justicia despiertas en la gente que no se atreve a defender la revolución a grito limpio, con palabras obscenas, acusaciones falsas y amenazas de linchamiento contra quienes se atrevan a transitar sin un solapín rojo por las aceras de los revolucionarios.

Esto sí es democracia de la buena, de la participativa, donde todo un turbión marcha al ritmo de conga de un poder que le permite agruparse en una masa desenfrenada lo mismo para defender a Cuba que para abandonarla.

Apreciamos también que muchos de ustedes, prestos a partir a través del sorteo de visas que entrega el enemigo para desestabilizarnos emocionalmente y ayudarnos en la parte económica, se sacrifican y tiran sus últimos alaridos patrióticos, llenan de amor al odio a los que se quedan, y dan el paso al frente, aunque escondan las cabezas tras el hombro del gritón de al lado, por si acaso la foto de un periodista al servicio del imperio los sorprende en el brinco de nación a nación.

No hay dudas de que son un ejemplo de tolerancia, un dechado de virtudes, un altar de valor cuando anteponen su solvencia económica, su educación formal y hasta su propia vida, al enfrentar en grupitos de sólo cien o doscientas personas a una turba de cinco o seis desafectos reunidos en un hogar inhabitable.

Valeroso gritón, jamás dudes que tu alma sincera de sijú platanero elevará su canto cada día hasta la ventana del hogar de tu hijo allá en Miami, que escuchará orgulloso tus gritos de fidelidad a la revolución, de odio al imperio y sus mercenarios, mientras cuenta los dólares de la remesa que te enviará puntual, por Western Union.

Apreciado rufíán: en conciencia limpia y cristalina como el agua albañal serán humedecidas las páginas gloriosas de tu historia.