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Segunda epístola para
un noble forajido
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) - Estimado truhán:
Tu alma de sijú platanero se alzó como un canto de
amor sobre el follaje reseco de la patria.
¡Cuánta pasión en un acto de repudio contra
los que disienten de la obra magnánima de la revolución
cubana! ¡Qué muestra de culta letrinología en
tu lenguaje marginal maquillado con los polvos rojos de un círculo
de estudios marxista-leninista para reos, ante una turba de enemigos
peligrosos integrada por un matrimonio de jóvenes desleales,
dos viejos resentidos, una adolescente en salmuera adobada con los
brillos turbulentos de Miami, y una chiva prieta amarrada en el
fondo del patio.
Ahí sí trinó tu voz y tu valor de jefe de
galeras por más de cinco años en la prisión
Combinado del Este de La Habana, cuando la mala suerte te obligó
a correr por un simple arrebato de cadenas delante de un tumultuoso
¡ataja! Y fuiste a dar con tus huesos a la cárcel que
hoy pides para quienes piensan diferente a los que te acusaron de
antisocial.
Pero tu libertad te hizo enmendar los pasos, y con este acto de
repudio has lavado -hasta que otro robo de cadenas demuestre lo
contrario- tus manchas de ratero insumiso, de diestro carterista
en las paradas de ómnibus, las tribunas abiertas y otros
carnavales celebrados en la capital, amén de las adquiridas
por tu capacidad en la venta y consumo de marihuana y cambolo o
en los juegos olímpicos de siló, la chapita y el palo
pinto, heredados de la corrupta sociedad en la que vivió
tu abuelo, muerto de una puñalada mientras cumplía
con honor sus obligaciones de ladrón de gallinas a domicilio
por nuestros campos y ciudades.
Apreciable facineroso: tus pulmones de tenor con vacío estomacal,
encharcado en el noble ejercicio de las peleas de perros callejeros,
proyectaron tu voz sobre la de una multitud de más o menos
200 brigadistas que acorralaban fieros al susodicho matrimonio de
desafectos a la revolución, mercenarios y lacayos del imperio
que, pertrechados tras un arsenal de armas de destrucción
masiva como la Declaración Universal de los Derechos Humanos,
los libros El poder de los sin poder, Rebelión en la granja,
Cartas desde la prisión, La broma, Harry Potter y La cámara
secreta, entre otros textos subversivos -junto a un radio-detonador
Teosun-, serían utilizados para derrocar a una invencible
revolución.
¡Y cómo temblaba el enemigo ante el valor y el empuje
de las huestes patrióticas! El matrimonio no se atrevió
ni a entreabrir las ventanas ante el rugir de las fieras y una que
otra pedrada disuasiva. A la vieja le subió la presión,
al viejo le bajó, y tanto la joven como la chiva temblaron
frente a la dignidad de las cabillas, la hidalguía de los
palos, el arrastrar de cadenas y otras armas defensivas enarboladas
como banderas de paz por los integrantes de la brigada de respuesta
rápida.
¡Cuánto te admirarnos, noble malhechor! ¡Qué
sentimiento de justicia despiertas en la gente que no se atreve
a defender la revolución a grito limpio, con palabras obscenas,
acusaciones falsas y amenazas de linchamiento contra quienes se
atrevan a transitar sin un solapín rojo por las aceras de
los revolucionarios.
Esto sí es democracia de la buena, de la participativa,
donde todo un turbión marcha al ritmo de conga de un poder
que le permite agruparse en una masa desenfrenada lo mismo para
defender a Cuba que para abandonarla.
Apreciamos también que muchos de ustedes, prestos a partir
a través del sorteo de visas que entrega el enemigo para
desestabilizarnos emocionalmente y ayudarnos en la parte económica,
se sacrifican y tiran sus últimos alaridos patrióticos,
llenan de amor al odio a los que se quedan, y dan el paso al frente,
aunque escondan las cabezas tras el hombro del gritón de
al lado, por si acaso la foto de un periodista al servicio del imperio
los sorprende en el brinco de nación a nación.
No hay dudas de que son un ejemplo de tolerancia, un dechado de
virtudes, un altar de valor cuando anteponen su solvencia económica,
su educación formal y hasta su propia vida, al enfrentar
en grupitos de sólo cien o doscientas personas a una turba
de cinco o seis desafectos reunidos en un hogar inhabitable.
Valeroso gritón, jamás dudes que tu alma sincera
de sijú platanero elevará su canto cada día
hasta la ventana del hogar de tu hijo allá en Miami, que
escuchará orgulloso tus gritos de fidelidad a la revolución,
de odio al imperio y sus mercenarios, mientras cuenta los dólares
de la remesa que te enviará puntual, por Western Union.
Apreciado rufíán: en conciencia limpia y cristalina
como el agua albañal serán humedecidas las páginas
gloriosas de tu historia.
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