21 de octubre de 2005
 

 

Amadas jabitas

Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press

LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) - El ingenio popular asegura que el cubano se divide en: cabeza, tronco, extremidades y... jabita. La jabita se ha convertido en parte inseparable de la indumentaria de la gente: viaja en el bolsillo del pantalón junto al pañuelo, y en la cartera. Siempre tan necesaria cuando al paso hay que cargar pizza o unos boniatos para el almuerzo.

La jaba es lo más parecido a nuestro ángel de la guarda. Nos acompaña en cada momento como nos lo recuerda la oración aprendida de nuestros padres: "Ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día".

¡Qué disgusto, sentimiento de impotencia y frustración produce no tener la jabita cuando más se le necesita!

Cuando alguien es invitado a comer tendrá cuidado de no olvidar su sobre de nylon hacia donde, con sigilo, mano semioculta, con timidez y vergüenza, pero siempre con firme resolución, deslizará algún alimento. ¡Ay de quien no lleve jabita si lo invitan a un cumpleaños!

Viene al caso aquella encopetada y elegante anciana que, sentada a la mesa en el restaurante 1830, al ser pillada in fraganti por otros comensales cuando introducía en su jabita restos de comida, exclamó: "¡Es para mi perra!"

Desde la mesa vecina alguien respondió a la señora: "Sí, ¡para tu perra hambre!"

El tema de la jabita nunca se agota. Se ha convertido en una especie de institución omnipresente. Más que el Comité de Defensa de la Revolución impuesto en cada cuadra. Parece demostrarlo la escena cotidiana de tantas jabas en las manos de los ciudadanos y colgando en las tendederas de ropa de los patios y balcones a lo largo y ancho de la geografía cubana. Lavadas, expuestas al sol, compartiendo el mismo cordel de ropas y sábanas.

Por su importancia doméstica, hay quienes las atesoran y les confieren un rango especial, como la esposa de Félix González Ochoa, residente en Jústiz, Habana del Este, que ha destinado un cordel exclusivo para el secado de las jabas.

Otros, con mejor situación económica, las usan nuevas, sin reciclaje doméstico. Las compran. Existe un negocio -legal e ilegal- de envoltorios de nylon.

Por los alrededores de los establecimientos y mercados donde es mayor la demanda, los vendedores ilegales las ofertan a un peso cada una. Los vendedores estatales compiten con los otros vendiéndolas a dos por un peso. Hace unos meses las jabas se vendían por los ilegales a dos por un peso, y a cuatro por uno los estatales.

La gente se pregunta, sin encontrar respuesta, por qué el desorbitado aumento de precios en general ha alcanzado también a las humildes jabitas, tanto en el mercado negro como en el estatal.

Es contradictorio que esos sobres de nylon escaseen, o sencillamente no existan en las tiendas "dolarizadas". Sin embargo, el propio estado, a través del Ministerio de Comercio Interior, vende las jabas, y no pueden garantizar en muchos de sus establecimientos sus propias normas de protección al consumidor, al no entregar las mercancías en bolsas de nylon o papel. Se ha vuelto común que el tendero diga al cliente en el momento de efectuar la venta: "¿Tiene dónde echar la mercancía? ¡No tenemos jabas!"

No hay que dudar que no hay jabas: o se acabaron, o no las enviaron desde el almacén central; o se robaron y vendieron los paquetes de bolsas de nylon.

Desde los tiempos coloniales hasta algunos años después de 1959, en los comercios siempre se entregaron las mercancías en adecuados cartuchos, sobres de celofán y envoltorios de papel. Después desaparecieron por completo. Cada ciudadano tuvo que procurarse los más variados adminículos, especialmente jabas confeccionadas con telas. La situación mejoró en el decenio de 1990 con la introducción de sobres de nylon (jabitas), aunque sólo en las tiendas "dolarizadas".

Jabitas, así, en diminutivo. No sólo porque es norma en Cuba el empleo del diminutivo en el habla coloquial, sino porque, además, se imprime un matiz diferenciador de aprecio, cariño. ¡Amadas jabitas!

Rius, un colega de trabajo, allá por 1968, afirmaba con agudeza: "¡Cuba no es la isla de Java, pero es la Isla de las jabas!"

Jaba, vocablo indígena, se refiere al saco hábilmente tejido con fibras de hojas de guano o de palma real; de variadas dimensiones. Por lo regular tiene una cuarta más de largo que de ancho, con tapa o sin ella, y con un largo cordón del mismo material para llevarla colgada. Muy usada en los campos.

Los naturales de la Isla conferían una gran importancia a las jabas y a su uso hace más de 500 años. Cuando Cristóbal Colón descubrió a Cuba las encontró por montones. Cinco siglos después, ¿por qué los cubanos enfrentan tantos problemas con las jabas, con sus amadas jabitas?