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Carta de una Y griega a los
cubanos
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org) - Numantinos queridos:
El espíritu mostrado por ustedes ante cualquier catástrofe
ocurrida en el mundo se extiende más allá de la ayuda
solidaria, y desemboca en una lucha sin cuartel por la diversidad
cultural de cada pueblo.
Desde mi defenestración en el alfabeto de primera figura
a simple copuladora entre vocales y consonantes, he seguido con
interés el uso privilegiado que ustedes hacen de mí
a cada hora y en cualquier lugar donde haya un cubano.
Me conmueve saber que de cada cien niños que nacen el país,
noventa y ocho me llevan en sus nombres, y no sólo porque
el bloqueo yanqui les haya limitado el uso de la G en patronímicos
como Gustavo, Gervasio, Graciela o Géminis; o el de la C
en Carlos y Carolinas que abundaban casi al mismo nivel de los baches
de La Habana de hoy.
Y ni hablar de las P, las eficientes en Pedros, Patricias y algunas
palabrotas que aún subsisten en la red popular, los estadios,
las colas para el camello, la bodega, y en ocasiones es empleada
por algún alto dignatario.
También sé cuánto han sufrido -yo tengo acceso
a Internet- por la disminución en el empleo de la J de Juanes,
Jesuses, Josefas y Josefinas, ya que el uso más usual, por
razones hiperconocidas, es en "estuvieron jodidos, está
jodidos y seguirán jodidos hasta que la jodedera de un sistema
los deje de joder y no los joda más".
Nadie podrá saber lo doloroso que debe resultarles el poco
uso de la M de Marías, Marios y Manueles, tan tradicionales
en la nación desde los tiempos de Ñañá
Seré y convertida hoy en casi siempre una callejera, maloliente
e inculta interjección de "¡esto es una mierda!"
Pero ustedes siempre se crecen ante las dificultades, y nunca olvido
que ante el costo de las letras del alfabeto latino llenaron al
país de Katiuskas, Kalasnicovs, Ivanes, Stanies, Dimitris
y Vladimiros, como digno homenaje a Cirilo y Metodio por tu titánico
esfuerzo en hacer entendible el ríspido torrente de vocablos
eslavos.
Y se sobrepusieron también a esa matriuskera importada por
necesidad, tan lejos de las románticas Adrianas, las maternales
Elisas, las rutilantes Luces, las piadosas Mercedes, las excitantes
Angelas y las amorosas Adas.
Todo quedó atrás, y aunque todavía persisten
algunas desviaciones ideológicas al emplear los Jonnys, Jennifers,
Peters y Paules que nos recuerdan al imperio, ahora ustedes prefieren
virar los nombres al revés como en Odlanier para los Reinaldo;
Ailed para Delia y Margen para Germán- antes que claudicar
ante un nombrete sajón.
Son un primor, amados corderitos -de Jesús- y no lo digo
sólo por el desbordamiento de Yoandry, Yasser, Yasshel, Yariel,
Yosuani, Yunisski, Yoanis, Yaleski, Yosmani, Yadiel, Yoan, Yanisey,
Yimara, Yunaika, Yolerinda y tantos nombres bellos, fáciles
de pronunciar, tan arraigados en su acervo cultural desde que Edipo
era rey hasta que Yago embarcó a Yocasta, sino también
porque me han convertido en una tradición.
Dicen que allá en Cuba, si quieren que un niño sea
buen pelotero, un tronco de boxeador o un afamado instrumentista
musical, debe iniciar su nombre con Y, como símbolo de la
buena suerte, aunque ustedes consulten a Yemayá y no al Oráculo
de Delfos.
No tengo cómo pagarles el noble gesto de rescatarme del
ostracismo lingüístico y la libertad de expresión
a que me tiene sometida el dictador del abecedario, pero sí
quiero mostrarles mi gratitud y mis deseos de mayores éxitos
con algunos nombres que serán un batazo -se me ha contagiado
el béisbol de los Juegos Olímpicos Atenas 2004- en
las oficinas de inscripción de los recién nacidos
en la Isla.
Si el niño o la niña nace en el mes de abril, nada
mejor que Yabrielando, nombre que le hará sobresalir por
encima de los demás mortales.
De ser el padre aficionado a la caza, ¿qué puede
superar a Yaguacín o Yaguacina, en dependencia del sexo y
en homenaje a la inquieta y alimenticia Yaguasa?
Y si por casualidad, esnobismo o real vocación paterna por
el arte desean que el vástago se dedique a la danza, sería
insuperable Yuballetin(a); si al instrumento musical, Yecontrabajo(a),
o Yotrompetin(a); y si a la dirección orquestal Yiatril(a)
o Yabatutaso(a).
Espero que mis pequeñas sugerencias sean bien recibidas
entre ustedes, que tanta cultura, arraigo a sus raíces y
apego a su identidad muestran cada día con este gesto de
fomentar la inclusión de los valores de otra nación.
Eso sí, si un día se cansan de esta pobre hasta ayer
y hoy enriquecida letra griega, también conocida familiarmente
como YE, les ruego que no se giren hacia los nombres chinos o vietnamitas,
porque le zumba el mango que una niña se llame desde la cuna
Thien Then Phu, o a un niño arrastre consigo toda la vida
el patronímico contraproducente de Mui Du Dhón, algo
que los haría infelices hasta el día de su muerte,
por aquello de lo difícil de pronunciar y traducir.
Agradecida por la gentileza en rescatarme, queda de Uds., más
allá de mi triste misión copuladora, la Y griega.
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