|
Cuando gato caza ratón
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org) - Si Marcel Proust
era un niño bitongo obcecado en la búsqueda del tiempo
perdido, en cazar las muchachas en flor por los caminos de Swann,
los cubanos de a pie sobornarían a Kronos con tal de que
alargara el día de 24 a 48 horas como mínimo.
Quienes aseguran desde sus horarios abiertos prebendas administrativas,
contactos sociales o inmunidad por categoría ideológica
y escalafón político que miles de trabajadores cubanos
buscan durante el horario laboral el ocio furtivo, la vagancia sigilosa
y el majaseo a hurtadillas, son injustos con los proletarios de
la Isla del laboreo intenso y gozador.
La cifra de remociones, escapistas, mete líneas, resbalosos
y mata tiempo que arrojó la encuesta realizada a 2,178 clientes
sorprendidos en horario laboral bajo el aire acondicionado o el
ventilador antiapagón de unidades comerciales como Indochina,
Maisí, La Puntilla y el pan.com de 7ma. y 26, entre otras
Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD) de la capital, demuestra un
nivel de conciencia proletaria incomprendido por los funcionarios
del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social encargados del sondeo.
¿Acaso se han puesto a pensar estos funcionarios cuán
en alto queda el prestigio de la revolución por su eficiencia
para generar riquezas, si sus trabajadores sin producir se dan el
gusto de vagar por un centro comercial abarrotado de productos desconocidos
y que no saben de dónde rayos ni por cuál vía
llegan al país?
¿No representa una muestra de poder adquisitivo que puedan
comprar en estas tiendas desde un chicle de a diez centavos en moneda
convertible, un jabón de 35, hasta un paquete de espaguetis
de 90 sin que se afecten sus salarios de ocho dólares al
mes como promedio?
Además, si analizamos que de los 2,178 compradores el 56
por ciento eran personas en horario laboral y sólo el 17
y el 13 por ciento lo constituían amas de casas y jubilados
en ese orden, nos damos cuenta de la ventaja numérica de
quienes se supone que trabajan por estar emplantillados en un centro
laboral, sobre el resto de la población ociosa que vive del
trapicheo insigne, la gerencia del comercio subterráneo o
el robo pudoroso.
Mucho menos asegurar que la disciplina y el descontrol se adueñan
de cientos de organismos y timbiriches del Estado sólo porque
347 unidades en Ciudad de La Habana arrojaran subutilización
del fondo del tiempo laborable, y 86 de sus administradores se encontraran
fuera de la empresa, la fábrica o la unidad a la hora de
una sorpresiva inspección.
Eso es una cirigaña, una bobería, una minucia, algo
para no tomar en cuenta o siquiera tenerlo como punto de referencia
en la agenda de una reunión, si sabemos que miles de tutsis,
haitianos, chechenios, palestinos, congoleses y hondureños
no tienen siquiera dónde trabajar.
Y aún más cuando entre los resultados de la encuesta
sobresale la desactualización de los convenios colectivos
de trabajo, en cuestiones esenciales sobre los derechos y deberes
de los trabajadores en el 52 por ciento de los centros visitados.
Todo esto indica que si un obrero se siente burlado en su centro
laboral, pese a no conocer cuáles son sus derechos y obligaciones,
sale a desconocer, a tomar aire puro, a ver si le cae algo del cielo
o de la shopping como un espanta penas ante la desidia, la falta
de recursos, condiciones, silencios o de algo que sustraer, desviar
o repartir de la oficina, el riego por aspersión, el aula,
el cementerio u otro punto donde la administración, desde
su ausencia o desinterés, les deja vivir la vida.
La frase célebre acuñada para la posteridad por el
ministro de Trabajo y Seguridad Social de Cuba, cuando aseguró
que "no es tiempo de seguir perdiendo el tiempo", transcurridos
sólo 46 años de gestión, es una clara señal
de la persuasión para detectar problemas y un ultimátum
contra los comedores de horas, cuyos primeros frutos se alcanzarán
transcurrido similar período de tiempo.
Ante análisis tan profundo y parto histórico de un
apotegma digno de un Aristóteles, un Séneca o un Cicerón,
se reunió el Grupo de Apoyo de la Transparencia Organizativa
(GATO) y determinó un plan de medidas que acabará
en breve tiempo con las diversas categorías de perder el
ídem en los centros de trabajo.
Presidido por el incorruptible administrador Nefasto "El laborioso"
Poma, quien además es técnico en triquiñuelas,
master en desvío de recursos y especialista de Segundo Grado
en infladera de plantillas, inventos de calificador de cargos y
en racionalización de horarios laborales, el cónclave
determinó lo siguiente:
Primero. Como búsqueda de un equilibrio psíquico-físico
del trabajador ante la suspensión de las Tribunas Abiertas
Antiimperialistas y la escasez de marchas del pueblo combatiente
que semi paralizaban o cerraban en su totalidad, respectivamente,
un gran por ciento de entidades del país, se decidió,
para lograr un balance corpóreo-mental en el obrero que:
a- El sesenta por ciento -no más- de los trabajadores de
organismos, empresas y entidades del país no vinculados a
la salud, la producción o los servicios, asistan a las tiendas,
parques, peluquerías y hogares a comprar, estirar los huesos,
ponerse presentables, alimentar la cazuela y otros ejercicios útiles
para mantenerse en forma en el horario laboral, comprendido entre
las diez -hora de la ausente merienda- y las doce del medio día,
horario en que les correspondería el almuerzo planificado,
pero no del todo resuelto.
b- Los comprendidos en las tres categorías a las que se
les prohíbe abandonar el puesto de trabajo en el horario
asignado al sesenta por ciento de sus colegas de otros oficios y
profesiones, lo pueden hacer de dos a cinco de la tarde, período
en que ya el médico terminó la consulta, se acabó
la materia prima para trabajar, y las croquetas y el refresco gaseado
llegaron a su humanitario final.
Segundo. Aclarada esta situación, queda prohibido importunar
a los trabajadores deambulantes por parte de los encuestadores de
la prensa y los funcionarios del organismo del trabajo y la seguridad
social, únicos que se encontraban autorizados, ya que un
gran por ciento de administrativos, dirigentes sindicales y militantes
integrados a cualquier categoría ocupacional, practicaban
el ocio furtivo, la vagancia sigilosa y el majaseo a hurtadillas,
antes de ser autorizados por el GATO.
En cuanto a la existencia de "causales muy profundas del mal,
que trascienden la mera visita a las tiendas en horario laboral,
y están relacionadas con ciertas distorsiones de la Ley de
Distribución Socialista y la consiguiente desestimulación
que crea el estatismo salarial en franca desventaja con ciertas
posibilidades del empleado en el llamado sector emergente y otros
espacios económicos alternativos", la respuesta del
GATO es no, pues el nivel de conciencia de los trabajadores cubanos
no anda contemplando un pesito más u otro menos. Las estadísticas
de pleno empleo y el bajo nivel de corrupción a lo largo
y ancho de país así lo demuestran.
Nada, compañeros, que cuando hay un Gato que caza ratón,
los guayabitos sólo pueden vivir en la azotea.
|