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Canal vía Cuba: cuando
en Cuba se podía opinar
Reinaldo Cosano Alen, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org) - Cada proceso histórico
tiene sus zonas de luz y de oscuridad. El toque distintivo lo da
el predominio de claridad o sombras. Así fue también
en la joven república de Cuba anterior a 1959, de la que
el actual régimen se ocupa en destacar sólo la noche,
lo tenebroso, sin ningún ornamento.
Ignora muchos momentos de gloria, como que en tan pocos años,
habiendo estado deshecha por una devastadora guerra de treinta años
contra el coloniaje español, alcanza demostrado desarrollo
económico y social y pudo darse a sí misma la Constitución
de 1940, considerada en su momento la más avanzada no sólo
de Cuba, sino en todo el planeta, cuyo indeleble sello democrático
y progresista aparece en la Declaración Universal de Derechos
Humanos, presentada por la delegación cubana y aprobada por
Naciones Unidas en 1948, de la que fue madre nutricia la Carta Magna
de Cuba.
El derecho constitucional de habeas corpus -presentación
del reo al tribunal- puede tomarse por otro ejemplo de derecho constitucional
del pasado reciente conculcado por el actual régimen de La
Habana, como lo demuestra no conceder este derecho al conocido abogado
disidente René Gómez Manzano, lo que de paso, pone
de relieve la supeditación del poder judicial al gobierno
por razones políticas. También hace recordar que en
aquella república echada abajo en 1959, el recurso jurídico
de habeas corpus -enraizado en el antiquísimo legado jurídico
de la Roma milenaria- hoy campantemente ignorado, fue eficazmente
empleado por incontable número de opositores a la dictadura
de Fulgencio Batista, mejorando sus condiciones carcelarias y aun
salvando vidas de prisioneros.
La prisión de Gómez Manzano por sus ideas contrarias
al régimen, y la negativa de habeas corpus imprimen al régimen
sello de la peor intolerancia política y parece demostrar
que no está dispuesto a permitir de ninguna manera la controversia
ciudadana.
Apabullante realidad política del país que necesariamente
hace retrotraer la memoria a épocas del pasado más
reciente, cuando en Cuba se podía opinar incluso bajo el
régimen golpista, antidemocrático de Batista.
Singular ejemplo de debate público amplio, abarcador de
toda la sociedad entonces, y democrático, fue la controversia
en torno al grandísimo proyecto ideado en 1912 de construcción
del Canal Vía Cuba, en el que estuvo muy empeñado
el gobierno de Batista, pero que no pudo concretarse.
La promulgación de la Ley-Decreto 1618 por Batista en 1954
y la creación de la empresa concesionaria "Compañía
del Atlántico al Mar Caribe de Cuba, SA", conmocionó
la sociedad cubana y dio comienzo a la viva discusión entre
adeptos y oponentes a la ley que dividiría a la isla en dos
mitades: 34 mil kilómetros cuadrados al este y 80 mil al
oeste.
Parte de las razones del proyecto aparecen consignadas en esa ley:
"Acortaría la distancia de navegación entre Cayo
Hueso, La Florida, donde existe un enorme complejo aeronaval norteamericano
y el canal de Panamá".
Estaba implícita la importante función estratégica
del canal, impuesta por la época de guerra fría y
la defensa de los valores democráticos y el inusitado auge
del comercio marítimo tras el fin de la Segunda Guerra Mundial,
además como importante fuente de negocios y empleos que el
canal traería a Cuba.
El canal sería atravesado por unos doce buques diariamente
y dispondría de una extensión de 95 kilómetros
con 40 metros de ancho y 15 de profundidad, desde la Bahía
de Cochinos hasta la Bahía de Cárdenas, al norte,
donde se acondicionarían unas 6 millas de atraque, todo muy
próximo a la famosa playa Varadero.
Ejemplo de que Cuba podía acometer tan colosal obra parece
demostrarlo la ejecución del Túnel de la Bahía
de La Habana, en esa misma época, entre otros ejemplos modernos
y grandiosos constructivos, cuyo ritmo quedó detenido en
1959.
Tan pronto se anunció la construcción de la vía
marítima, la sociedad cubana quedó polarizada. Los
medios e instituciones cívicas y religiosas entraron en la
lid política pacífica, destacándose la Federación
Estudiantil Universitaria (FEU), que convocó a un foro nacional
sin banderas políticas, que como prueba de imparcialidad
en los debates estuvo presidido por dos relevantes figuras de la
vida nacional como presidentes de honor: el rector de la Universidad
de La Habana, Clemente Inclán y el abogado Cosme de la Torriente.
Predominó la idea de que el canal marítimo pondría
en juego la soberanía e integridad territorial, a pesar que
se explicó, entre otras razones, que los canales de Suez
y Panamá eran demostrativos de lo inexacto del concepto nacionalista
esgrimido.
Las más variadas instituciones, desde sindicatos, profesionales,
industriales, campesinos, de abogados, médicos, veteranos,
eclesiásticos, inversionistas y partidos políticos,
incluyendo afines al gobierno, participaron en el amplio debate
de varios días, que comenzó el 17 de enero de 1955
en el Aula magna de la Universidad de La Habana.
Incluso, un grupo de ciudadanos presentó contra el proyecto
de canal, propiamente llamado Vía Cuba, un recurso de inconstitucionalidad
ante el Tribunal de Garantías Constitucionales y Sociales.
Tribunal hecho desaparecer -sin sustitución-, lo mismo que
la Constitución de 1940, por el actual gobierno.
Aunque el proyecto de canal no prosperó y la Ley-Decreto
1618 no pudo ejecutarse, dejó un buen ejemplo de uso de democracia
participativa y nadie fue reprimido por aquel gobierno golpista
por oponerse a los designios gubernamentales. Todo lo contrario
a cuantos intentos ha hecho la sociedad independiente actual por
cambiar la ley desde la ley misma recibiendo tenaz represión
incluido encarcelamiento.
Que a los reos no se le conceda el recurso legal de habeas corpus
forma parte del mismo contexto político oficialista.
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