|
¿Por qué Cuba
no pudo ser la Suiza americana?
Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org) - Una anécdota
cuenta que en la alborada de la República en 1902, un ciudadano
propuso a Don Tomás Estrada Palma, primer presidente de Cuba,
el tipo de Estado y Constitución de Suiza, ejemplo de neutralidad,
paz ciudadana y progreso.
Sorprendido por la idea, creyéndola disparatada, el presidente
respondió: "¿Y de dónde sacamos los suizos?"
Estrada Palma estaba equivocado. Los suizos ya existían
en Cuba, eran sus propios conciudadanos. La Suiza cubana de América
era posible.
A pesar de la catastrófica devastación que ocasionó
la cruenta guerra de independencia de más de treinta años,
la institucionalización de los órganos de la República,
el disfrute de las libertades ciudadanas, el inmediato reconocimiento
de la nueva nación por muchos países, la rápida
reconciliación nacional, la paz y el impetuoso desarrollo
económico y social, fueron signos inequívocos del
acelerado despegue de la isla en todos los campos de la sociedad
en los inicios del pasado siglo.
El acto actual, desde hace 22 años, de la renovación
de la proclama de neutralidad de Costa Rica, realizado el pasado
mes en la Sala Constitucional del Congreso, con la presencia del
ex presidente Luis Alberto Monje y otras altas figuras de la vida
nacional, para remarcar la política de no intervención
en conflictos bélicos, defensa del orden interno, la Constitución,
la paz, la democracia, los derechos humanos y el sostenido desarrollo
económico y social, representa un hermoso ornato cívico
que invita a prestar atención al país centroamericano,
con justicia considerado la Suiza centroamericana.
La experiencia costarricense sirve para reflexionar sobre la actual
coyuntura socio-política cubana, y por qué Cuba quedó
a la zaga, si en muchos aspectos se igualaba y aventajaba a Costa
Rica y a Uruguay, conocido en el mundo como la Suiza de América.
El suceso cubano ha de servir de alerta a los pueblos del subcontinente
americano, ahora que líderes populistas han alcanzado y aspiran
a alcanzar las riendas del gobierno en sus países, en una
especie de renacer del nefasto caudillismo político de triste
recordación en Latinoamérica.
Fatídica historia de vieja data en tierras de América,
desde los días iniciales de la conquista. Recordemos el enfrentamiento
por el poder y la gloria entre Hernán Cortés y el
gobernador de Cuba, Diego Velázquez; y de éste con
Cristóbal Colón. Así como el levantamiento
de Vicente García, General del Ejército Libertador,
en Lagunas de Varona, en el oriente cubano, cuando se negó
a acatar las órdenes de la República en Armas. Caudillismo
y ansias desmedidas de poder por encima de la Constitución
y las leyes continuaron latentes en la República.
Por capricho del destino, fue el primer presidente de Cuba quien
dio el primer zarpazo antidemocrático e inconstitucional,
aunque se afirma que Estrada Palma fue forzado por los colaboradores
de su Partido, lo que no lo exonera de culpa. La alteración
de la vida de la nación había conducido a la sublevación
popular de agosto de 1906. Para sofocarla, Estrada Palma solicitó
a los Estados unidos la intervención militar, a tenor con
el Tratado de Reciprocidad entre ambos países.
Aunque la acción militar fue vista por muchos con desagrado,
logró la pacificación, evitó derramamientos
de sangre, y rectificó el camino democrático. Estrada
Palma no fue reelecto.
Años después, el presidente Gerardo Machado Morales
quiso también ser reelegido a la fuerza. Logró imponerse
mediante una aberración constitucional forzada que se llamó
"prórroga de poderes", por otros cuatro años,
los cuales no pudo concluir debido a la vigorosa oposición
popular que derivó en la Revolución de 1933, y echó
del país al dictador.
Mediante un golpe de estado, Fulgencio Batista Zaldívar
tomó el poder por segunda ocasión en 1952, del que
fue expulsado por Fidel Castro y su guerrilla en 1959, para apoderarse
desde entonces del poder absoluto.
La lección de la Historia es clara: caudillismo y exacerbado
nacionalismo populista traen como resultado el cercenamiento de
la democracia, por lo que se debe estar vigilantes con ciertas figuras
y movimientos que parecen ir ganando posiciones en tierras suramericanas,
antes de que sea demasiado tarde. Repito: antes de que sea demasiado
tarde. El acto de fe democrática de cada noviembre en Costa
Rica merece ser imitado.
|