22 de diciembre de 2005
 

 

¿Por qué Cuba no pudo ser la Suiza americana?

Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press

LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org) - Una anécdota cuenta que en la alborada de la República en 1902, un ciudadano propuso a Don Tomás Estrada Palma, primer presidente de Cuba, el tipo de Estado y Constitución de Suiza, ejemplo de neutralidad, paz ciudadana y progreso.

Sorprendido por la idea, creyéndola disparatada, el presidente respondió: "¿Y de dónde sacamos los suizos?"

Estrada Palma estaba equivocado. Los suizos ya existían en Cuba, eran sus propios conciudadanos. La Suiza cubana de América era posible.

A pesar de la catastrófica devastación que ocasionó la cruenta guerra de independencia de más de treinta años, la institucionalización de los órganos de la República, el disfrute de las libertades ciudadanas, el inmediato reconocimiento de la nueva nación por muchos países, la rápida reconciliación nacional, la paz y el impetuoso desarrollo económico y social, fueron signos inequívocos del acelerado despegue de la isla en todos los campos de la sociedad en los inicios del pasado siglo.

El acto actual, desde hace 22 años, de la renovación de la proclama de neutralidad de Costa Rica, realizado el pasado mes en la Sala Constitucional del Congreso, con la presencia del ex presidente Luis Alberto Monje y otras altas figuras de la vida nacional, para remarcar la política de no intervención en conflictos bélicos, defensa del orden interno, la Constitución, la paz, la democracia, los derechos humanos y el sostenido desarrollo económico y social, representa un hermoso ornato cívico que invita a prestar atención al país centroamericano, con justicia considerado la Suiza centroamericana.

La experiencia costarricense sirve para reflexionar sobre la actual coyuntura socio-política cubana, y por qué Cuba quedó a la zaga, si en muchos aspectos se igualaba y aventajaba a Costa Rica y a Uruguay, conocido en el mundo como la Suiza de América.

El suceso cubano ha de servir de alerta a los pueblos del subcontinente americano, ahora que líderes populistas han alcanzado y aspiran a alcanzar las riendas del gobierno en sus países, en una especie de renacer del nefasto caudillismo político de triste recordación en Latinoamérica.

Fatídica historia de vieja data en tierras de América, desde los días iniciales de la conquista. Recordemos el enfrentamiento por el poder y la gloria entre Hernán Cortés y el gobernador de Cuba, Diego Velázquez; y de éste con Cristóbal Colón. Así como el levantamiento de Vicente García, General del Ejército Libertador, en Lagunas de Varona, en el oriente cubano, cuando se negó a acatar las órdenes de la República en Armas. Caudillismo y ansias desmedidas de poder por encima de la Constitución y las leyes continuaron latentes en la República.

Por capricho del destino, fue el primer presidente de Cuba quien dio el primer zarpazo antidemocrático e inconstitucional, aunque se afirma que Estrada Palma fue forzado por los colaboradores de su Partido, lo que no lo exonera de culpa. La alteración de la vida de la nación había conducido a la sublevación popular de agosto de 1906. Para sofocarla, Estrada Palma solicitó a los Estados unidos la intervención militar, a tenor con el Tratado de Reciprocidad entre ambos países.

Aunque la acción militar fue vista por muchos con desagrado, logró la pacificación, evitó derramamientos de sangre, y rectificó el camino democrático. Estrada Palma no fue reelecto.

Años después, el presidente Gerardo Machado Morales quiso también ser reelegido a la fuerza. Logró imponerse mediante una aberración constitucional forzada que se llamó "prórroga de poderes", por otros cuatro años, los cuales no pudo concluir debido a la vigorosa oposición popular que derivó en la Revolución de 1933, y echó del país al dictador.

Mediante un golpe de estado, Fulgencio Batista Zaldívar tomó el poder por segunda ocasión en 1952, del que fue expulsado por Fidel Castro y su guerrilla en 1959, para apoderarse desde entonces del poder absoluto.

La lección de la Historia es clara: caudillismo y exacerbado nacionalismo populista traen como resultado el cercenamiento de la democracia, por lo que se debe estar vigilantes con ciertas figuras y movimientos que parecen ir ganando posiciones en tierras suramericanas, antes de que sea demasiado tarde. Repito: antes de que sea demasiado tarde. El acto de fe democrática de cada noviembre en Costa Rica merece ser imitado.