27 de diciembre de 2005
 

 

El dulce masoquismo de un festival

Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press

LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org) - Los críticos de arte cubanos son los mejores del universo, pues en eso de mezclar una de cal y una de arena, de saber la justa medida para impedir que se les desplome encima el edificio de su intelectual trabajo, no hay quien les ponga un pie delante.

¡Qué habilidad para romper la pared de la censura con el martillo del elogio! ¡Cuánto vigor en darle fino a la cadena de los hechos, pero sin salpicar al mono que los provoca!

Hay que leer cuánta mesura, descontrol, incisividad y superficial manoteo al aire mostró el crítico Joel del Río en su artículo Fiesta para cinéfilos estoicos, publicado en el periódico Juventud Rebelde.

¡Qué rebelión irredenta contra lo mal hecho y dócil actitud de papagayo ciego en elogiar esfuerzos, calidades, propósitos y premoniciones de los pasados 27 festivales de cine latinoamericano de La Habana y de los que vendrán!

Sin dudas esto es una crítica de cataplasmas éticos, de curitas recicladas en la perestroika y cocimientos hervidos con la misma agua del único molino de la libertad de expresión que los reprime y enmarca.

Conmueve su arrojo cuando expresó, sobre el festival 27 "que ha sido un tiempo difícil, accidentado, casi estoico, para el cinéfilo que intenta disfrutar, aprender, crecer, o simplemente entretenerse lo más posible", luego de señalar que fue un período cuajado de filmes inmensos, dejándole al lector la oportunidad de inferir si estas calificadas peliculonas alcanzan este título por el metraje, la densidad del aburrimiento o el tamaño del desencanto o las satisfacciones.

Pero cuando le puso la tapa al pomo de las paradojas fue al señalar -a dos palabras de la defenestración y a una sílaba del encarcelamiento en su paranoia corrección de estilo y texto que deseaba "insistir en que ninguna de las ingentes dificultades afrontadas consigue menguar el proverbial carácter del evento en tanto absoluto éxito cultural", y por si acaso, se apresuró a señalar que "al igual que ha ocurrido en las 26 ediciones anteriores".

No hay dudas que del Río se desborda en su sagacidad crítica, en su cruzada redentora contra actores, seriales, escenógrafos, guionistas y cuanto artista intente ser creador más allá de la censura oficial y las dificultades materiales. Sin embargo, esbozadas por él en otros y en este comentario.

En uno de los arranques líricos y más sonados rescates de innovación crítica emprendidos por el escribidor, se encuentra el clásico del cine cubano "si los proyectores y los equipos de audio padecen de obsolescencia tecnológica", que hizo quitarme los espejuelos, tomar agua, consultar seis diccionarios y acudir a Mayeya la criticona, quien tradujo lúcida y terminante, como buena licenciada de solar: "Son unos trastos viejos, inservibles, en fin, ¡una basura!"

Y todo ese despliegue de cultura lo regaló el especialista antes de señalar el agónico deambular de los cinéfilos cubanos esperando encontrar un timbiriche abierto donde comer algo, amén de que los productores, exhibidores o directores prometen un título, y luego simplemente lo retiran, o lo mandan fuera de tiempo, o exigen la estipulación de un solo paso, o dos, de sus películas.

Pero lo que sí resulta de película, de filme de acción y suspenso con escenas de melodrama y diálogos de comedia, fue su aseveración de que "en dos décadas y media ha habido numerosas alteraciones e irregularidades -también ocurren, con algunos matices diferentes en Cannes, Venecia, Nueva Delhi y Mar del Plata- (...) pero lo de este año ha superado, hasta hoy, los estándares anteriores de error e inestabilidad", para más adelante insistir en que el festival es "uno de los más relevantes eventos culturales con que contamos, como no paramos de afirmar, con razón, todos los periodistas que promocionamos el evento".

¡Ahí sí que le cayó comején al piano! ¿Se peina o se hace papelillos este señor que afirma que uno de los más relevantes eventos culturales de la nación se ha convertido, este año, en un auténtico calvario, en un recordista del error y la inestabilidad impuesto por los anteriores?

Pero que no se alarme el lector, en este toma y daca del criterio, en el morder y soplar de las palabras de acuerdo hacia quienes o hacia qué vayan dirigidas las diatribas o los elogios, se cuece el nivel de apreciación cultural de los cubanos.

No importa que un evento sea un desastre en el orden organizativo o deje mucho que desear en la calidad artística. Lo importante es mezclar estos conceptos con "la calidad, afectuosa, extraordinaria, activa participación de muchísima gente", en la consolidación y reencuentro con El dulce masoquismo de un festival.