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El dulce masoquismo de un
festival
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- Los críticos de arte cubanos son los mejores del universo,
pues en eso de mezclar una de cal y una de arena, de saber la justa
medida para impedir que se les desplome encima el edificio de su
intelectual trabajo, no hay quien les ponga un pie delante.
¡Qué habilidad para romper la pared de la censura
con el martillo del elogio! ¡Cuánto vigor en darle
fino a la cadena de los hechos, pero sin salpicar al mono que los
provoca!
Hay que leer cuánta mesura, descontrol, incisividad y superficial
manoteo al aire mostró el crítico Joel del Río
en su artículo Fiesta para cinéfilos estoicos, publicado
en el periódico Juventud Rebelde.
¡Qué rebelión irredenta contra lo mal hecho
y dócil actitud de papagayo ciego en elogiar esfuerzos, calidades,
propósitos y premoniciones de los pasados 27 festivales de
cine latinoamericano de La Habana y de los que vendrán!
Sin dudas esto es una crítica de cataplasmas éticos,
de curitas recicladas en la perestroika y cocimientos hervidos con
la misma agua del único molino de la libertad de expresión
que los reprime y enmarca.
Conmueve su arrojo cuando expresó, sobre el festival 27
"que ha sido un tiempo difícil, accidentado, casi estoico,
para el cinéfilo que intenta disfrutar, aprender, crecer,
o simplemente entretenerse lo más posible", luego de
señalar que fue un período cuajado de filmes inmensos,
dejándole al lector la oportunidad de inferir si estas calificadas
peliculonas alcanzan este título por el metraje, la densidad
del aburrimiento o el tamaño del desencanto o las satisfacciones.
Pero cuando le puso la tapa al pomo de las paradojas fue al señalar
-a dos palabras de la defenestración y a una sílaba
del encarcelamiento en su paranoia corrección de estilo y
texto que deseaba "insistir en que ninguna de las ingentes
dificultades afrontadas consigue menguar el proverbial carácter
del evento en tanto absoluto éxito cultural", y por
si acaso, se apresuró a señalar que "al igual
que ha ocurrido en las 26 ediciones anteriores".
No hay dudas que del Río se desborda en su sagacidad crítica,
en su cruzada redentora contra actores, seriales, escenógrafos,
guionistas y cuanto artista intente ser creador más allá
de la censura oficial y las dificultades materiales. Sin embargo,
esbozadas por él en otros y en este comentario.
En uno de los arranques líricos y más sonados rescates
de innovación crítica emprendidos por el escribidor,
se encuentra el clásico del cine cubano "si los proyectores
y los equipos de audio padecen de obsolescencia tecnológica",
que hizo quitarme los espejuelos, tomar agua, consultar seis diccionarios
y acudir a Mayeya la criticona, quien tradujo lúcida y terminante,
como buena licenciada de solar: "Son unos trastos viejos, inservibles,
en fin, ¡una basura!"
Y todo ese despliegue de cultura lo regaló el especialista
antes de señalar el agónico deambular de los cinéfilos
cubanos esperando encontrar un timbiriche abierto donde comer algo,
amén de que los productores, exhibidores o directores prometen
un título, y luego simplemente lo retiran, o lo mandan fuera
de tiempo, o exigen la estipulación de un solo paso, o dos,
de sus películas.
Pero lo que sí resulta de película, de filme de acción
y suspenso con escenas de melodrama y diálogos de comedia,
fue su aseveración de que "en dos décadas y media
ha habido numerosas alteraciones e irregularidades -también
ocurren, con algunos matices diferentes en Cannes, Venecia, Nueva
Delhi y Mar del Plata- (...) pero lo de este año ha superado,
hasta hoy, los estándares anteriores de error e inestabilidad",
para más adelante insistir en que el festival es "uno
de los más relevantes eventos culturales con que contamos,
como no paramos de afirmar, con razón, todos los periodistas
que promocionamos el evento".
¡Ahí sí que le cayó comején al
piano! ¿Se peina o se hace papelillos este señor que
afirma que uno de los más relevantes eventos culturales de
la nación se ha convertido, este año, en un auténtico
calvario, en un recordista del error y la inestabilidad impuesto
por los anteriores?
Pero que no se alarme el lector, en este toma y daca del criterio,
en el morder y soplar de las palabras de acuerdo hacia quienes o
hacia qué vayan dirigidas las diatribas o los elogios, se
cuece el nivel de apreciación cultural de los cubanos.
No importa que un evento sea un desastre en el orden organizativo
o deje mucho que desear en la calidad artística. Lo importante
es mezclar estos conceptos con "la calidad, afectuosa, extraordinaria,
activa participación de muchísima gente", en
la consolidación y reencuentro con El dulce masoquismo de
un festival.
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