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Los cubanos amanecen sin calendario
Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Enero (www.cubanet.org)
- Con la expresión "cuando lleguen las calendas griegas",
los antiguos romanos se referían al tiempo imposible, porque
sus contemporáneos vecinos no tuvieron calendario.
La sentencia romana que ha llegado hasta nuestros días,
pareciera a propósito para Cuba, donde se ha vuelto complicado
conocer qué día se vive, por falta de calendarios.
Félix González Ochoa, residente en el poblado Jústiz,
Habana del Este, compró el año pasado un almanaque
en una librería de la Habana Vieja al precio de 2.25 dólares
(unos 57 pesos) con hermosos paisajes cubanos, impreso en México.
González Ochoa, de escasos recursos, no pudo darse ese lujo
este año, pero tiene la esperanza de que cuando se inicie
la Feria del Libro de La Habana, en el mes de febrero, pueda comprar
su calendario más barato y en moneda nacional.
José Manuel, un jubilado residente en Centro Habana, es
más precavido. Antes de finalizar cada año se lanza
a la caza del nuevo calendario para su familia. Como siempre, compró
varios en la iglesia del Sagrado Corazón, al módico
precio de cinco pesos. Bellos, a todo color, con aleccionadoras
enseñanzas de la doctrina cristiana. También impresos
en México, a pesar que desde los tiempos coloniales Cuba
se distinguió por poseer una buena industria litográfica
y excelentes artistas y operarios.
Los revendedores comercializan los almanaques al doble de su precio,
pero pronto se agotan debido a la exigua cantidad y la mucha demanda.
Por la ausencia de calendarios y la monótona sucesión
de los días, perdida la noción del tiempo, es frecuente
escuchar en cualquier lugar: "¿Qué día
es hoy?". Quien posea reloj-calendario dará respuesta
a la pregunta mirando la esfera.
En los hogares con niños es fácil precisar el advenimiento
del sábado, ya que el infante se encargará de proclamar
que tendrá más tiempo para jugar y la escuela no abrirá
sus puertas.
Los romanos dedicaron el sábado al dios Saturno, y es reconocido
también por la especial significación que adolescentes
y jóvenes le confieren. El sábado lavan los tenis
temprano para que, expuestos al sol, se sequen rápido, y
calzarlos a la noche para concurrir a la discoteca.
A falta de calendario para fijar los sábados laborables
y no laborables, la pregunta más frecuente entre los trabajadores
es: "¿El sábado próximo es corto o largo?"
Desde hace años, por resolución del Ministerio de
Trabajo, en Cuba se laboran dos sábados al mes. Los otros
se descansan. De ahí la expresión sábado largo
y sábado corto, que se dedica a los arreglos de la vivienda,
a tapar goteras, remendar, pero también para compartir con
los amigos un buen dominó, mientras las amas de casa se ocupan
de los quehaceres domésticos.
Con almanaque o sin él, el domingo se levanta la familia
más tarde, atenuados los ruidos callejeros, los gritos y
las riñas que alteran la vida ciudadana. Como expresa la
canción, Doménica es el mejor día de la semana,
si no lo perturba alguna periódica jornada de trabajo voluntario
o un día de la defensa. Entonces hay que levantarse temprano,
lo mismo que cualquier día de la semana, incluido el sábado
laborable.
No faltan quienes reacomodan almanaques de años pasados,
actualizándolos a punta de bolígrafo y plumón
reinscribiendo días y fechas sobre fechas y días de
tiempos idos.
Antes de 1959 colgaban de las paredes de los hogares más
humildes vistosos y funcionales calendarios. En ocasiones eran varios
los almanaques presentes en una casa, resultado de la competencia
entre comerciantes que los regalaban para anunciar productos y servicios.
La iglesia también fue pródiga a la hora de regalar
almanaques, cuya venta era inconcebible. Tan pródigo era
el regalo, que muchos ciudadanos podían colocar en sus casas
o sitios de labor la imagen del santo o santa que veneraban.
La competencia obligaba a los empresarios e instituciones a realizar
calendarios de gran calidad, ya fueran paisajes o reproducciones
de pinturas famosas.
Cierta melancolía se apodera de muchos sobrevivientes de
la época republicana cuando recuerdan la variedad de almanaques
que se imprimían en Cuba, como aquéllos que permitían
desprender día a día sus hojas, donde estaban impresas
las fechas, el santoral, las fases de la luna e informaciones de
carácter cultural.
Pero no todo ha de ser lamento. Es justo reconocer que, a la postre,
cualquiera podrá obtener un calendario. Como siempre, el
patriarcal estado pone a disposición del pueblo cantidad
suficiente de almanaques, pequeños, cómodos, de bolsillo,
al fantástico precio de un peso. Sólo hay que armarse
de un poco de paciencia y esperar los meses de julio y agosto, cuando
se ponen a la venta en los estanquillos del Ministerio de Comunicaciones.
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