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El desafío de Corín Tellado
Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Enero (www.cubanet.org) - Corín Tellado,
una de las mujeres más famosas de Cuba en todos los tiempos
desafía el cerco oficial.
Recientemente, mientras hojeaba libros viejos que venden clandestinamente
ancianos de escasos recursos en La Habana, una mujer llegó
a la humilde habitación del librero. En voz baja, matizadas
sus palabras con un toque de misterio, preguntó: "¿Tiene
a Corín Tellado?"
En igual tono misterioso, enfatizado por la penumbra de la improvisada
librería, el viejo respondió: "No, señora,
no tengo a Corín Tellado".
Un turista extranjero, quien también hojeaba libros empolvados,
llevado por la curiosidad y haciéndose partícipe del
misterio, preguntó: "¿Secuestrada? ¿Quién
es esa dama tan importante que todos buscan y no aparece por ninguna
parte?"
Aunque difícil de encontrar, Corín Tellado está
en todas partes. Lo mismo en la capital que en el más recóndito
paraje de la Isla. En ómnibus y camellos atestados; en oficinas,
salas de espera; en los hogares, hospitales, parques, comercios
y hasta en la cola para comprar la mínima ración de
pan.
Lectura atractiva principalmente para mujeres, las novelitas rosa
de Corín Tellado, lo mismo que las historietas masculinas
de cowboys, cambian de manos de una generación a otra. Sus
amarillentas páginas desgastadas por el uso, remendadas,
cosidas, han resistido los embates del tiempo: humedad, insectos,
mala calidad del papel y la impresión, y hasta el acoso oficial.
Los escribas del régimen hacen severas criticas a estas
publicaciones. También de la poesía de José
Ángel Buesa, de quien en más de cuatro décadas
no han publicado siquiera parte de su obra.
Los críticos oficialistas aducen que estas obras no son
productos culturales, sino engendros cursis, de mal gusto, cuya
temática revela valores capitalistas que amenazan la catedral
ideológica del marxismo injertado en Cuba. Folletines rosas
y novelitas de vaqueros que, ciertamente, circularon mucho en Cuba
antes y unos años después de 1959.
Los censores hacen burla del contenido de esa literatura barata
y popular, porque en sus páginas el pobre príncipe
azul enfrenta grandes obstáculos y férreas trabas
sociales para llegar a los brazos de su amada princesa, que también
lo espera y sufre. O la humilde secretaria o criadita que ama en
silencio a su apuesto galán. Sucesión de suspiros,
tristezas, lágrimas, sobresaltos y dichas de personajes y
lectores, con el imprescindible happy end.
Excusando las diferencias de época, contexto social y calidad
literaria, es justo decir que La Cenicienta y La Bella Durmiente,
entre otros clásicos de la literatura infantil; lo mismo
que Otelo y Romeo y Julieta, de Shakespeare, y Mariana Pineda, de
Lorca, en escalón dramático superior, tratan temas,
en esencia, semejantes a los folletines de marras, cuyo único
objetivo era entretener.
Sin embargo, no es secreto que los edulcorados retratos retocados,
pero sencillos, contienen un elemento de "diversionismo ideológico"
que los condena: esa producción folletinesca recrea la sociedad
capitalista pasada, y no concuerda con el patrón único
del régimen, que no permite palabras de alabanza y ni un
suspiro siquiera por ese pasado.
Por lo mismo, la condena a la hoguera de la obra de Corín
Tellado y sus congéneres novelitas de vaqueros, va mucho
más allá del alquiler de las mismas y la persecución
de bancos de vídeo no autorizados, donde los ciudadanos alquilan
una película por cinco pesos, con el propósito de
escapar del aburrimiento que produce la programación de la
televisión cubana.
Si bien son discutibles las novelas de Corín Tellado en
cuanto a su factura literaria, es curioso que con tanta fama y demanda
de su obra, que no mengua, sino que se acrecienta con el paso de
los años, no haya sido galardonada con un Nobel de Literatura,
o tal vez Nobel de la Paz, por haber juntado a tantos en el amor,
a pesar de mantenerse como best seller en Cuba, y también
en otros países del continente.
Alguna magia deben de poseer las novelitas de Corín Tellado
para haber sobrevivido a tantos avatares del destino, como alimento
espiritual frente a la carencia de motivaciones existenciales.
Corín Tellado parece recordar la gran suerte de que el mundo
no esté perfectamente cuadriculado ni explicado, ni de que
exista una línea de pensamiento exclusiva, y quede aún
espacio para el libre vuelo de la imaginación. ¡Ese
es el gran desafío e imperecedera magia de Corín Tellado!
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