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Manual práctico para
funcionarios ante la toma de decisiones
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) - Resulta conmovedor
el toque de corneta verbal de un comunicador que no encuentra auditorio,
y cuando existe, se hace el sordo.
Pero no se puede acusar a quienes si no escuchan los lamentos del
clarín llamando a filas, es sólo por estar al mismo
tiempo en cien frentes de batalla diferentes.
Que los cornetazos lanzados por el periodista Osviel Castro Medel
en cuanta empresa, organismo, sectorial y organizaciones políticas
del Estado en la provincia Granma no hayan logrado despertar la
conciencia de tantos dirigentes dormitando recostados a un carné,
rendidos sobre los problemas de las descarnadas masas, y a veces
viviendo como sonámbulos en medio de una feria de situaciones
críticas que hasta La Bella Durmiente mataría al príncipe
que se atreviera a despertarla por muy besón que fuera, es
la prueba fehaciente de que a los cubanos les roncan las cornetas
y rinden culto a Orfeo.
Hay que ver con cuánta alucinación estos cruzados
de la pesadilla, seguidores del delirio y fabricantes de ensueños,
combaten contra la somnolencia de los problemas sociales en medio
de una prolongada siesta insurrecta.
¡Son dignos de un catre, una hamaca y un pim-pam-pum ante
el ruido insistente que les mete el sistema!
Si bien coincidimos con el músico de la palabra y el reclamo
"caído en saco roto que en los últimos tiempos
encaja de modo especial en un oficio que ha visto con frecuencia
alarmante cómo, después de la indagación, la
censura y el aviso sobre diversos problemas sociales, no pasa nada.
Nada de nada", debemos hacerle algunos señalamientos
de rigor en cuanto a las razones para esta sordera congénita
en muchos dirigentes del país.
Cuando el comunicador expresa que "no hay peor chasco o dolor
que ver volar nuestras letras a las nubes, que mirarlas pisoteadas
o ignoradas por un funcionario negligente, principal responsable
de una respuesta -no al periodista, sino a ese conglomerado humano
llamado pueblo", no realiza una crítica: crea el poema
épico "Las dudas de un reportero que soñó
tenía voz".
Pero no se puede negar que le quedó muy chico eso de que
"una de las funciones esenciales de quienes pugilateamos cada
día con la opinión pública es luchar con el
verbo precisamente para que la vida no siga igual".
Y más cuando empleó la tinta utilizada por Lenin
al clarificar entre las tareas de la prensa en el socialismo la
de advertir al aparato estatal sobre las inquietudes y preocupaciones
de "la masa" para elaborar -¿croquetas?- concertaciones
objetivas y, finalmente, actuar.
Pero como ya ve, este precepto se ignora por determinados individuos
con jerarquía institucional quienes, usted no sabe por qué
extrañas razones, hoy día tienden a eludir los señalamientos
y cuestionamientos de la prensa.
Entonces es cuando saca a relucir varios conceptos sobre quienes
hace unos años respondían a las quejas de la población
a través de ciertas epístolas que aclaraban, algunas
polemizaban, varias reconocían deficiencias y las menos devenían
"pantallas" para no caer en evidencia, aunque ninguna
hablaba de resolver los problemas.
Para que entienda por cuáles extrañas razones sus
cornetazos mueren sin ser oídos por quienes debieran responder,
debo explicarle los siguientes modelos de epístolas burocráticas
tomados del Manual Práctico para Funcionarios ante la Toma
de Decisiones, escrito por el eminente sociólogo y master
en Respuestología Socialista, Nefasto Boza.
En la introducción de su libro, Nefasto deja plasmados algunos
mandamientos éticos para quienes deben resolver un problema
en un sistema social donde la propiedad es colectiva.
Ante cualquier queja de un periodista que a solicitud de la población
ponga en aprietos o resbaladizo el escalón político
del dirigente, el cargo administrativo del empresario, o la beca
subsidiada del empleado o engañador de oficio, a la hora
de responder, deben tenerse en cuenta los siguientes e insustituibles
principios o mandamientos éticos.
a- Aclarar
b- Polemizar
c- Reconocer
d- Pantallear
Entrando ya en materia, el Manual pone un ejemplo de cómo
un dirigente debe aplicar los cuatro principios para dar respuesta
a cualquier tipo de interrogante, preocupación o acoso de
la prensa escrita que en nombre del pueblo pasa por alto el cúmulo
de responsabilidades de quienes tienen la respuesta en el buró
o el teléfono.
En ese caso particular, como ni aún ante Otro Toque de Corneta
lanzado por usted al oído sordo de los dirigentes y funcionarios
no se ha dado respuesta a sus artículos ¿Y dónde
está la luciérnaga? y La zanja y la fosa, el manual
de Nefasto le responderá el primero.
Como en ¿Y en dónde está la luciérnaga?
se habla sobre "el abandono público de un asentamiento
poblacional con miles de habitantes, cargado de tenebrosidades y
desaliño, ahí le van las distintas variantes de epístolas
sociales.
- Epístola aclaratoria
Sección a Vuelta de Correos
Semanario La Demajagua
Bayamo, provincia Granma.
Caso luciérnaga perdida.
Estimado compañero Osviel:
Parece mentira que un joven revolucionario como usted, formado
en los principios del marxismo-leninismo y en la solidaridad internacional,
además de graduado por una universidad cubana, con planes
de estudios superiores a la de Yale, Harvard, Oxford, Cambridge,
por sólo citar algunas que se nos acercan, nos haga esa pregunta
capciosa por contrarrevolucionaria.
La luciérnaga está ahí, en el abrevadero,
bañándose en espera de un posible apagón. ¿O
usted cree que nos las comimos en el año 93? De eso nada,
Preferimos un grillo al violín, el gato al tejadillo y hasta
el perro en salmuera, pero a la luciérnaga no. Pues si aparte
del hambre íbamos a estar a oscuras, sería lo último.
Y si no la enviamos a ese poblado inhóspito es porque la
necesitamos para cualquier contingencia. El pueblo sabe la justeza
con que actuamos y se solidariza con nuestras necesidades.
Así que no vuelva a dudar de nuestra integridad revolucionaria,
de nuestro amor y afecto por cuanto bicho o artefacto emita luz,
como lo hemos demostrado durante años
Revolucionariamente
Luz Verde Doimeadiós, administradora de la Organización
Básica Eléctrica (OBE).
- Epístola polemizante
Imberbe guerrero de la palabra. No quiero que venga a cuestionarme
por algo que usted no sabe qué rayos significa para mí.
Soy un revolucionario a prueba de reducción de plantillas,
actos de corrupción, desvío de recursos y otros factores
de siquitrillamiento que traen aparejados los gajes del oficio del
dirigente empresarial.
Si usted se refiere a las luciérnagas que íbamos
a instalar en el asentamiento Cautillo Merendero, le diré
que no sirven para nada. Dan una luz tan fuerte que encandilarían
los ojos poco acostumbrados de los merendadores, y decidimos ponerlas
en el patio de mi casa, encima del corral de puercos, pues esta
luz los seda y los hace dormir toda la noche, además de ahuyentar
a los ladrones. Usted sabe cómo está la cosa, tan
mala que antes de conseguir estas luciérnagas los puercos
recién nacidos dormían entre mi esposa y yo.
Puede transmitirle a la población que lo decidido es lo
correcto, ya que una tea encendida en cada intersección de
una calle, al correr de la brisa, les daría un carácter
fantasmagórico al poblado, de película de terror,
que impediría a la juventud andar en malos pasos acrecentados
por baches, lagunas, zanjones, troncos y cuanto hueco u objeto sirva
para desnucar a un ser humano.
No se detenga en su labor por el bienestar del pueblo, pero jamás
se atreva a contrariar las decisiones, los silencios o las bullas
de quienes sabemos más que usted, y le damos materia prima
suficiente sobre las desgracias del mundo, y en especial del imperio,
para que venga a cogerla con nosotros, que somos sus coterráneos.
Una advertencia muy seria. De continuar husmeando en los problemas
capitales de la provincia, jamás será invitado a la
fiesta de fin de año de la empresa, y cuando se quede a oscuras,
le haga falta un catao, un cable, o cualquier implemento eléctrico,
no podrá contar con nuestros buenos oficios.
Seguro de que entendió el mensaje y se olvidó de
la luciérnaga,
Revolucionariamente,
Armando Claro Rincón, inversionista de la OBE.
- Epístola de reconocimiento
Compañero periodista. Conociendo de su preocupación
real por el destino de ese asentamiento olvidado, le digo, además,
que aunque están en falta, fabricándose, en proyectos,
perspectivas y hasta puede que en la mente de alguien, junto con
la aparición de la luciérnaga diga que soliciten tejas
infinitas, que les asfalten las tres calles, les reparen las casas,
desaparezcan los pisos de tierra, eliminen los excusados de cajón,
instalen las tuberías para el agua, y les regularicen la
luz, entre otras boberías fáciles de resolver cuando
se levante el bloqueo o los chinos dejen de ser tan desconfiados
y envíen algo más que arroz frito y maripositas.
Hasta entonces, y siempre a su disposición,
Decoroso del Monte Bueno. Secretario General del sindicato
- Epístola para pantallear
Estimado periodista. Cuánta emoción siente un revolucionario
auténtico al encontrar a otro. Y en usted la preocupación
es sincera, como la mía cuando bajé un gato que se
encontraba aterrado sobre un árbol debajo del cual aguardaba
un perro. O cuando resolví a su tía un turno para
el oculista en aquel momento en que no había ni dónde
caerse muerto.
Pero donde sí me esmeré fue cuando en aquella reunión
del partido me puse de pie y le cedí el asiento a su esposa
que estaba embarazada, o el día del trabajo voluntario cuando
compartí el único pomo de agua de la shopping con
un jubilado, todo eso sin ostentar las medallas al valor que me
gané en Angola, o la Orden al Mérito Oratorio ganada
en limpia lid con los mayores habladores de la historia en la provincia.
Tampoco es como para olvidar el día que renuncié
al Panda porque mi pobre hijo, a sufrimiento puro en Nueva York,
me envió la bagatela de mil dólares con mi enfermiza
hermana que viene a Cuba cada seis meses por Cancún, porque
en el interín va a reparar sus destrozados huesos a España
o Portugal de tantos ajetreos y mortificaciones que le provocan
seis niños que cuida en Pensilvania.
La vida es dura, hermano, pero la patria y el deber están
primero y no los abandonaré por todo el dinero del mundo,
ya que con la bobería que me mandan mis familiares y algo
que rasguño por aquí o por allá con mis amistades
que atienden el paladar El Unicornio Azul voy tirando.
Sigue así de preocupado por el prójimo, que te auguro
un buen sitio en la historia como me ha sucedido a mí por
los humildes actos de solidaridad y grandeza que empleo con mis
subordinados, los vecinos habladores y otras gentes que no son tan
generosas y confiables como nosotros, pero que debemos tratar.
No pierdas la fe en encontrar respuestas, que algún día
te llegarán de sobra. Y hablando de respuesta, ¿cuál
es la pregunta que me hacías? No importa. Lo resolveremos
otro día, pues estoy preparando un llamamiento a la combatividad
en cada frente de trabajo.
En marzo viene mi cuñada de Italia. Tal vez sea la mejor
fecha para despachar.
Socialismo o Muerte
Armando Caos Alegre. Gerente General.
Como se puede apreciar en estas cuatro posibles fórmulas
sobre una respuesta enjundiosa ante las quejas tramitadas por un
periodista a un organismo o empresa estatal, el mucho trabajo, la
total entrega a la labor ideológica, el practicismo revolucionario,
y más que todo, la preocupación infinita por solucionar
los problemas del pueblo, se convierten en trabas a la hora de dar
respuesta a una queja.
No obstante, estoy de acuerdo con el autor de Otro Toque de Corneta
en que "la prensa no puede ser espuma, vapor, niebla, hojarasca.
No puede ser cosquilla en un oído. Tampoco aire pendenciero".
Y mucho menos, digo yo, papel higiénico para el sanitario
de un burócrata, de un dirigente, o de un administrador.
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