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Ofensiva gubernamental contra
trabajadores por cuenta propia en Palma Soriano
PALMA SORIANO, Cuba - 9 de febrero (Virgilio Delat La O, APLO /
www.cubanet.org) - Desde el
pasado 27 de enero se ha desatado una ofensiva gubernamental contra
los trabajadores por cuenta propia en esta ciudad de Palma Soriano,
en la provincia de Santiago de Cuba, principalmente contra los dueños
de los llamados "Puntos de Venta", que son pequeños
comerciantes a quienes bajo una licencia se les permite expender
algunos vegetales y carne de cerdo.
El 27 de enero, en horas de la mañana comenzó a circular
un rumor de que serían mandados a cerrar todos estos pequeños
establecimientos públicos, que generalmente pertenecen a
jóvenes que optaron por ellos como único recurso para
emprender una actividad económica, lo que desencadenó
toda una movilización al respecto
El lunes 30 de enero, alrededor de la 9 de la mañana unos
55 manifestantes se concentraron frente a la sede el Poder Popular
municipal, sito en la calle Paquito Borrero en esta ciudad. Luego
de un buen rato y al calor de la algarabía salió del
interior del edificio el funcionario Terrero Matos, Jefe de Agricultura
urbana del Poder Popular, con la intención de calmarlos.
Alegando que la medida se debía a la necesidad de implementar
nuevos mecanismos de control, ya que estos puntos de venta eran
focos de ilegalidades.
La protesta subió de tono, encabezada por Ramón Mustafá,
sobrino del conocido preso político palmero Alejandro Mustafá
Reyes, por lo que tuvo que salir en persona Alfredo Batista González,
presidente del Poder Popular municipal de Palma Soriano, quien prometió
una reunión con los afectados a la 1 P.M del propio día
30.
A la hora prometida, en un salón del Poder Popular se produjo
la reunión, donde Alfredo Batista ratificó la disposición
de cerrar todos los puntos de venta y toda manifestación
de mercado negro. Los dueños de kioscos expusieron sus razones,
incluso la existencia de una mercadería ya comprada, que
se iba a perder.
Ante tal situación, el funcionario en cuestión autorizó
un plazo de una semana para que salieran de los productos en existencia
y oficialmente, en hora de la mañana del viernes 3 de febrero
quedaron clausurados todos estos pequeños negocios.
Una semana después la ciudad parece una ciudad arrasada,
no se ve un vendedor ambulante, no se consigue el más mínimo
vegetal, una fruta o simple turrón. La policía y los
trabajadores sociales recorren sistemáticamente las calles
buscando el menor indicio de actividad económica ilícita,
como le llaman ellos.
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