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Cuba en el camino del desierto
Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - Pronósticos
nada halagüeños auguran una situación climática
muy desfavorable para Cuba en el futuro inmediato.
El país será cada vez más seco, aumentará
el calor, habrá mucho menos precipitaciones y la tierra será
menos productiva.
La intensa temporada ciclónica del pasado año sólo
atenuó la falta de precipitaciones porque, según los
especialistas del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos,
el déficit de agua es acumulativo. Además, las lluvias
no tuvieron igual presencia en todas las regiones del archipiélago.
Las provincias Holguín, Las Tunas y Camaguey continúan
presentando la situación de lluvias más desfavorable,
impactadas por anticiclones del Atlántico Norte.
Además, esa gran llanura oriental no cuenta con significativas
elevaciones. Las montañas, al retener el aire húmedo
propician la formación de nubes y la consecuente lluvia.
El evento meteorológico excepcional de 2005 no varía
la tendencia climática camino de convertir en desierto el
archipiélago cubano.
Los textos de Geografía de Cuba siempre indicaron la existencia
de dos estaciones bien marcadas: seca y lluvia. El límite
entre una y otra hace mucho desaparecieron, y prevalece la primera.
Estudios científicos que incluyen la Arqueología
demuestran que desde épocas muy remotas se han hecho presentes
períodos de seca y lluvia, en ocasiones muy intensos, pero
la tupida floresta de la Isla, que hizo exclamar a Colón:
"Esta es la tierra más hermosa que ojos humanos vieron",
servía como equilibrio de la tendencia climática.
La deforestación iniciada por los conquistadores se acentuó
en las últimas décadas por inapropiadas políticas
del uso de la tierra y la ganadería. A la vez, aumentó
la presión sobre los bosques residuales por la gran escasez
de combustible tras la caída de la Unión Soviética,
principal suministrador de energía a Cuba, mientras la repoblación
forestal no se ha correspondido con el nivel de la devastación.
Ciclones, huracanes y frentes fríos proveedores de lluvia
son erráticos. O poca o muchas precipitaciones; pero siempre
insuficientes para el reabastecimiento de ríos, presas y
del manto freático.
El déficit de agua ya se advierte en la aridez, descenso
de producción agrícola y pecuaria, y en la calidad
de la vida.
Se prevé que el cambio climático negativo puede acelerarse
y volverse más violento, con sus graves consecuencias. La
cuestión más inquietante para la nación es
si puede ser posible el desarrollo económico, y aún
la supervivencia con tanta escasez de agua.
Los anales históricos recogen cómo pueblos completos
tuvieron que emigrar ante la indetenible adversidad climática.
El gobierno afirma que con cultura, conciencia y educación
sobre el medio ambiente, y otras medidas a tomarse en materia hidráulica,
como el trasvase de agua de ríos y presas muy deprimidas
hacia zonas áridas, y mayor extracción de agua del
manto freático, permitirán hallar soluciones, pero
la pregunta es: ¿Y si no llueve? También resulta inquietante
la insuficiente reforestación florística y la escasa
educación medioambiental. Está claro, es asunto ya
de vida o muerte.
Los indígenas cubanos tuvieron gran preocupación
climatológica por la incidencia en sus vidas, quizás
mucho más de lo que ha podido conocerse. Los nativos cubanos
rendían culto a las diosas Taguabo (lluvia) y Marohu (seca),
hermanas siamesas unidas por la cintura. Dos seres: uno significaba
épocas de lluvia; y el otro, épocas de seca.
Taguabo y Marohu eran representadas tan idénticamente, que
sólo las diferenciaban la expresión de sus rostros.
La primera (la sequía) mostraba una ligera sonrisa. La segunda
(la lluvia), una expresión de llanto.
Se puede conjeturar que los indios quisieron aplacar la furia de
Marohu otorgándole la enigmática sonrisa. En tanto
Taguabo, a punto de romper en llanto, pudiera verse como una esfera
de ríos desbordados, aguas sin fin y catástrofes.
Frente a la precaria situación climática de la Isla,
sería conveniente y razonable dejar de ser tan destructivos
y arrogantes contra la naturaleza. Reconocer con toda amplitud la
urgencia del momento, y repasar la historia. Y lo mismo que nuestros
ancestros indígenas, venerar de manera efectiva a las diosa
hermanas Taguabo y Marohu.
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