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Comprar y tener: verbos limitados
Marilyn Díaz Fernández, Lux Info Press
CAMAGUEY, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - Obligar a un individuo
a vivir toda su vida bajo estrictas normas de racionamiento material
podría considerarse un crimen. Pero si el mismo sistema de
racionamiento es impuesto a un pueblo entero, se debe considerar
como una aberración.
El pueblo cubano, pocos años después del triunfo
de 1959, fue sometido por el gobierno revolucionario a la escasez
y la limitación a la hora de comprar, incluso los alimentos,
regulados a través de la libreta de abastecimiento. Las limitaciones
iban, por ejemplo, desde la compra de un blumer cada seis meses,
hasta seis libras de arroz por mes.
Al principio resultó dramático, pero luego la población
se fue adaptando. Es decir, no le quedaba otra opción. Como
se diría en buen cubano: "O se aclimataba o se aclimataba".
Lo cierto es que la dirigencia del proceso revolucionario se desentendía
de la situación, y lo que en principio se planteó
como una necesidad temporal, se convirtió en obligatoriedad
que ha perdurado por más de cuatro décadas.
Generaciones de cubanos han nacido bajo este designio, que los
ha convertido en ciudadanos acostumbrados a la pobreza por decreto
oficial. Al cabo de tantos años, y después que el
gobierno dolarizó la economía interna, el país
se llenó de tiendas recaudadoras de divisas que venden todo
tipo de productos, muy lejos del alcance del poder adquisitivo de
los ciudadanos. El racionamiento sigue siendo el edicto principal
con el que se gobierna.
Quien viole la imposición de tener sólo lo que el
estado le permite, debe acogerse al artículo 232 del código
penal, que plantea: "El que compre o posea bienes por encima
de sus necesidades, incurre en el delito de especulación
y acaparamiento". Lo que está sancionado duramente por
la legislación.
Surge la pregunta que muchos se han formulado: ¿Cuáles
serán exactamente las necesidades de un ser humano, si las
necesidades individuales no pueden generalizarse, ya que por naturaleza
todos no necesitamos lo mismo porque no somos idénticos,
ni realizamos las mismas funciones, ni vivimos de la misma manera?
Lo peor es que los agentes represivos del gobierno pueden aplicar
el mencionado artículo a un ciudadano por comprar a su voluntad
productos y artículos que son vendidos en las propias unidades
estatales, en divisas o moneda nacional. Por ejemplo, a un ciudadano,
al salir de una tienda en Camagüey, le decomisaron siete gomas
de bicicleta que había comprado y le impusieron una multa
porque, según el policía, esa cantidad de gomas significaba
especulación y acaparamiento.
Para la policía es especulación y acaparamiento que
cualquier cubano transporte diez jabones, cinco pomos de aceite,
once botellas de ron, quince paquetes de espaguetis, cuatro libras
de arroz, treinta libras de frijoles, o alguna cantidad de artículos
que puedan representar holgura económica y generosidad o
hartura material.
De tal manera, los cubanos quedan privados de gastar su dinero
en lo que les plazca, porque de hacerlo están incurriendo
en un delito, y pueden ser sancionados. Lo que se traduce en que
el racionamiento para este pueblo no es sólo obligatorio,
sino que amenaza con ser perpetuo, debido a que las necesidades
individuales de cada uno están sometidas a la imposición
aberrante de las raciones limitadas. Además, si alguien se
extralimita en alguna compra porque le place, incurre en especulación
y acaparamiento.
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