16 de marzo de 2006
 

La rebelión de las aves

Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press

LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - Si los seres humanos no se percataron, se hicieron los indiferentes o pasaron por alto la capacidad de las aves para ripostar la guerra sin cuartel desatada contra ellas desde que el mundo es mundo, estaban equivocados.

Eso de que al menor runrún de un cumpleaños, una boda, un resfriado, una simple diarrea o un catarro común, allá te va un tuércele el pescuezo a un pollo, hazte un caldo de gallina, sálvalo con una tisana de paloma, sacúdele la fiebre con un buen fricasé de pavo, está llegando a su fin.

La propagación de la gripe aviaria por un mundo aterrado frente a la posibilidad de contraer un "moquillo atómico" en un pollo-grillet fundamentalista, y hasta una "gripe sideral al chinchín" en una sopa de gallina clueca -pues los estornudos llegarán a las estrellas-, es una clara señal de que las aves se encuentran hasta el pico ante los abusos de los seres humanos pensantes y comientes.

Este acto de insubordinación frente al poder de una especie inclemente con los débiles se veía venir luego de que Alfred Hitchcock nos mostrara en el filme Los pájaros la rebelión de las aves contra el acoso de los viejos y las viejas, los hombres y las mujeres, los niños y las niñas y los fetos y las fetas, en ese orden de prioridad caldósica y pechúguica para la especie más cruel que ojos animales vieron.

No conformes con cazarlas a pedradas, perdigonazos y cuanta arma arrojadiza o de fuego sirviera para hacerlas caer en la cazuela, el horno, la parrilla y otros implementos de cocción, asados y torturas, se decidió convertirlas -con cínico propósito- en parte de la familia, en objeto de trueque, producto comercial, y como si fuera poco, en innobles referencias sobre las debilidades humanas.

¿Acaso no han escuchado alguna vez frases tan ofensivas para la dignidad aviar como decir de alguien que "se le puso la carne de gallina", "tiene el alma más negra que el ala de un totí" o "es más rápido que un gallo en gallinero ajeno"?

¿Quiénes no han expresado jamás que fulano es más feo que un pollo con moquillo, zutana más puta que las gallinas, perencejo más bobo que un guanajo, y que si no sé quién no es pato, pero sabe cómo darle la vuelta a la laguna?

¿No han recibido a personas que anuncian una mala nueva con la insultante expresión: "Eres peor que un ave de mal agüero?". ¿O humillar a los pequeños de la casa con la discriminatoria frase: "Los niños hablan cuando las gallinas orinan?"

La única ocasión en que los humanos han tratado con amor a las aves, y han querido conservar sus vidas es cuando piensan que encontraron "la gallina de los huevos de oro". Entonces no se quejen de la rebelión aviar.

De no asistirme la razón en lo planteado, que venga el gallo de Morón y me desmienta con tres quiquiriquís en ayunas, dos picotazos cortantes por la falta de maíz, o un aleteo premonitorio de que no habrá mañana sin las aves, por su futuro cierto de ser sopa enlatada a la perreta, pollo frito al quién sabe cuándo otra vez, y souflé de gallina vieja al borde de la inanición.

No obstante mis justos planteamientos, si sobreviven al susto de la gripe aviar, no se les ocurra criar leones en el patio para el caldo del niño, elefantes que aporten la carne necesaria para un fricasé familiar, o tigres de Bengala que garanticen un estofado de ocasión.

Se los advierto.