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La rebelión de las
aves
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - Si los seres humanos
no se percataron, se hicieron los indiferentes o pasaron por alto
la capacidad de las aves para ripostar la guerra sin cuartel desatada
contra ellas desde que el mundo es mundo, estaban equivocados.
Eso de que al menor runrún de un cumpleaños, una
boda, un resfriado, una simple diarrea o un catarro común,
allá te va un tuércele el pescuezo a un pollo, hazte
un caldo de gallina, sálvalo con una tisana de paloma, sacúdele
la fiebre con un buen fricasé de pavo, está llegando
a su fin.
La propagación de la gripe aviaria por un mundo aterrado
frente a la posibilidad de contraer un "moquillo atómico"
en un pollo-grillet fundamentalista, y hasta una "gripe sideral
al chinchín" en una sopa de gallina clueca -pues los
estornudos llegarán a las estrellas-, es una clara señal
de que las aves se encuentran hasta el pico ante los abusos de los
seres humanos pensantes y comientes.
Este acto de insubordinación frente al poder de una especie
inclemente con los débiles se veía venir luego de
que Alfred Hitchcock nos mostrara en el filme Los pájaros
la rebelión de las aves contra el acoso de los viejos y las
viejas, los hombres y las mujeres, los niños y las niñas
y los fetos y las fetas, en ese orden de prioridad caldósica
y pechúguica para la especie más cruel que ojos animales
vieron.
No conformes con cazarlas a pedradas, perdigonazos y cuanta arma
arrojadiza o de fuego sirviera para hacerlas caer en la cazuela,
el horno, la parrilla y otros implementos de cocción, asados
y torturas, se decidió convertirlas -con cínico propósito-
en parte de la familia, en objeto de trueque, producto comercial,
y como si fuera poco, en innobles referencias sobre las debilidades
humanas.
¿Acaso no han escuchado alguna vez frases tan ofensivas
para la dignidad aviar como decir de alguien que "se le puso
la carne de gallina", "tiene el alma más negra
que el ala de un totí" o "es más rápido
que un gallo en gallinero ajeno"?
¿Quiénes no han expresado jamás que fulano
es más feo que un pollo con moquillo, zutana más puta
que las gallinas, perencejo más bobo que un guanajo, y que
si no sé quién no es pato, pero sabe cómo darle
la vuelta a la laguna?
¿No han recibido a personas que anuncian una mala nueva
con la insultante expresión: "Eres peor que un ave de
mal agüero?". ¿O humillar a los pequeños
de la casa con la discriminatoria frase: "Los niños
hablan cuando las gallinas orinan?"
La única ocasión en que los humanos han tratado con
amor a las aves, y han querido conservar sus vidas es cuando piensan
que encontraron "la gallina de los huevos de oro". Entonces
no se quejen de la rebelión aviar.
De no asistirme la razón en lo planteado, que venga el gallo
de Morón y me desmienta con tres quiquiriquís en ayunas,
dos picotazos cortantes por la falta de maíz, o un aleteo
premonitorio de que no habrá mañana sin las aves,
por su futuro cierto de ser sopa enlatada a la perreta, pollo frito
al quién sabe cuándo otra vez, y souflé de
gallina vieja al borde de la inanición.
No obstante mis justos planteamientos, si sobreviven al susto de
la gripe aviar, no se les ocurra criar leones en el patio para el
caldo del niño, elefantes que aporten la carne necesaria
para un fricasé familiar, o tigres de Bengala que garanticen
un estofado de ocasión.
Se los advierto.
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