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Libertad de prensa en Cuba
en dos tiempos
Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - En 1599 el monje italiano
Giordano Bruno fue llevado a la hoguera por el Santo Oficio, por
el delito de reconocer la existencia del átomo.
El Greco fue interrogado por el tribunal de la Inquisición
en 1541 como sospechoso de herejía, porque según los
inquisidores, las alas de los ángeles que pintaba no guardaban
relación con las descritas en la Biblia.
Ambos sucesos pudieran ser tomados como lejanos ejemplos de los
extremos a los que se puede llegar cuando prima la intolerancia
de las ideas, como ocurrió en la Primavera Negra de 2003
en Cuba, cuyo tercer aniversario recordamos este mes.
El 18 de marzo, con sincronismo de relojería, un operativo
policial llevó a la cárcel a 75 pacíficos librepensadores
cubanos, sometidos luego a rigurosos juicios sumarios, y condenados
a penas que oscilan entre los 6 y los 28 años de prisión.
La cifra de procesados incluye a más de veinte periodistas,
casi igual número de bibliotecarios independientes, y un
nutrido grupo de opositores pacíficos, propugnadores del
cambio democrático en Cuba.
Desde entonces, la oleada represiva contra la disidencia y los
comunicadores independientes no ha cesado. Bien merece volver la
mirada atrás.
El periódico Alerta, vocero de la dictadura de Fulgencio
Batista, publicó una entrevista a Fidel Castro, con grandes
titulares en su primera página, realizada en México
el 19 de noviembre de 1956.
Ramón Vasconcelos, amigo de Batista, ministro de Comunicaciones
y director de Alerta, envió a un periodista a entrevistar
al principal enemigo de Batista, quien poco antes, en New York,
había hecho pública su intención de organizar
una invasión armada a Cuba.
Aunque hay quienes piensan que entre los objetivos de Vasconcelos
estaba sonsacar a Castro para que revelara sus planes futuros respecto
a Cuba, y desacreditarlo si fallaban, no es menos cierto que con
la entrevista Fidel Castro, amnistiado por Batista, obtuvo mayor
notoriedad pública y la oportunidad de dar a conocer su ultimátum
de siete puntos al presidente inconstitucional, entre ellos convocar
a elecciones generales en un plazo no mayor de noventa días.
De no aceptarlo, Castro regresaría a la Isla con las armas
en las manos para iniciar la luchar armada. Catorce días
después desembarcaba en el oriente cubano, internándose
en la Sierra Maestra e iniciando la lucha guerrillera.
En la revista Bohemia, Castro publicó artículos contra
el régimen de Batista, y aparecieron allí entrevistas
a él realizadas. Periodistas de Bohemia y otras publicaciones,
y la radio y la televisión, hacían constantes referencias
a quien desde esa época fue calificado como "máximo
líder". Incluso se habla de cuando el régimen
dictatorial implantó la censura de prensa, nunca por más
de cuarenta y cinco días, e impuso censores a los principales
medios. Transcurrido el tiempo de la censura, noticias y artículos
antes censurados aparecían en las páginas de los periódicos
y las revistas del país.
En una de esas ocasiones, Bohemia tuvo una tirada de un millón
de ejemplares, cifra fantástica si se tiene en cuenta que
la población de la Isla apenas sobrepasaba los cinco millones
de habitantes.
Contrastando con ese pasado respecto a la libertad de prensa en
la peor época de la república, hoy es mucho mayor
y hermético el control oficial sobre los medios y los periodistas,
al no permitir el estado libertad alguna (¡ni hablar de Internet!)
para expresar cualquier opinión que difiera de la línea
partidista del régimen. Ni siquiera el mensaje misionero
eclesial, como antaño.
En la década de 1960 fueron confiscados a sus dueños
los medios de difusión, incluidas las imprentas. Medios que
debieron ser considerados de domino y uso públicos al ser
nacionalizados, y no exclusividad del partido gobernante.
¡Libertad con pan! fue una de las consignas populistas enarboladas
por el régimen al llegar al poder en 1959, que suponía
la libertad de expresión. La realidad ha resultado bien diferente.
Setenta y cinco compatriotas fueron puestos tras las rejas por discrepar
del régimen. La maquinaria represiva no se ha detenido, ni
antes ni después de la Primavera Negra. Y el pan ofrecido
ha quedado racionado democráticamente a 80 gramos per cápita
diarios. Y no siempre de buena calidad.
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