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Forjarse o frustrase en la
vida
Marilyn Díaz Fernández, Lux Info Press
CAMAGUEY, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - Hace unos días,
mientras lavaba en el patio de mi casa, escuché una frase
que me llamó la atención por lo convincente que parecía:
"Ya es hora de que vaya aprendiendo; tiene que forjarse en
la vida", le dijo una madre a una conocida suya al pasar frente
a la puerta de su casa. Llevaba en la bicicleta una pesada maleta
de madera y un maletín que contenían las pertenencias
de su hija de catorce años que ese día se marchaba
a la escuela en el campo.
Asombrada, observé al grupo de niñas y madres que
se dirigían a la escuela secundaria básica urbana
Víctor Díaz, de Sibanicú, para emprender desde
allí el viaje en ómnibus hacia el campamento La Julia,
ubicado a 12 kilómetros del poblado.
Me quedé pensando y sacando mis propias conclusiones. En
eso estaba cuando observé a un niño que regresaba
del mencionado campamento después de quince días de
trabajo. Lo saludé y me comentó:
- ¡Qué ganas de venir tenía! Eso no estaba
malo allá, pero ¡cómo había que trabajar!
- ¿Qué tipo de trabajo hacías?
- ¡Ah!, cualquiera, pero lo que más hacíamos
era desyerbar en unos platanales que los surcos estaban larguísimos,
y la meta era un surco todos los días.
Le comenté, mirando su carita enrojecida, que se había
achicharrado bajo el sol. Me pregunto: ¿Con qué derecho
el gobierno saca a los niños de sus casas para un campamento
y les impone metas de trabajo agrícola? ¿Por qué
tienen los niños cubanos que aprender a pasar trabajo obligatoriamente,
viviendo en precarias condiciones, con pésima alimentación,
y a veces hasta sin agua potable, o con el agua contaminada? ¿La
aparente alegría de la madre de la bicicleta, y su criterio
de que la hija tiene que forjarse serían verdaderos, o sólo
una manera más de dorar la píldora para tragársela,
al verse obligada a marchar como oveja al matadero?
No creo que el plan de la escuela al campo tenga nada de didáctico
ni forje nada. Después de los años, lo único
real es que las nuevas generaciones no son muy amantes del trabajo.
Luego de tantas privaciones e imposiciones a sus vidas, lo que falta
en esta época es motivación e incentivos para ser
laboriosos.
Lo que sí los hubiera forjado para la vida hubiese sido
vivir con las necesidades más elementales satisfechas: alimentación,
ropa, calzado, juguetes, un hogar tranquilo, y muchas otras cosas
que si faltan, en vez de forjar, frustran.
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