|
¿Qué pasó con el 4 por ciento
para la industrialización?
Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org)
- Apenas un año después de alcanzado el poder en 1959,
el nuevo gobierno pidió a los trabajadores que hicieran el
harakiri a su economía personal y entregaran el 4 por ciento
mensual de sus salarios para destinarlo a la industrialización
del país, con la promesa de reintegrarlo más adelante.
Cegados por la romántica embriaguez política colectiva
de aquellos días, la respuesta fue inmediata y unánime:
¿Qué importaban cuatro pesos por cada cien para hacer
la patria más grande, bonita y mejor?
Narciso Rubí Rodríguez, residente en el capitalino
municipio Guanabacoa, jubilado del sector gastronómico, rememora:
"La propuesta de entregar el 4 por ciento fue convertida en
ley. En la nómina salarial aparecía el descuento.
Cuando más adelante el gobierno decidió eliminar los
impuestos personales, mantuvo el 4 por ciento, definitivamente.
Nunca fue devuelto el "préstamo" que hicieron los
trabajadores al gobierno para industrializar el país, lo
que trajo como consecuencia que a la hora de la jubilación
se recibiera menos pensión".
Como para reafirmar la intención nacionalista de industrialización,
por las líneas del ferrocarril central circuló una
feria-exposición de productos industriales cubanos con veinte
vagones, que recorrió todo el país con muestras de
las empresas privadas, que poco tiempo después serían
confiscadas por el gobierno revolucionario.
La propaganda oficial, por todos los medios, anunciaba: ¡Consuma
productos cubanos! Pocos entendían el disfraz nacionalista
al enfrentar los productos nacionales con los importados de otros
países, principalmente de Estados Unidos, el mayor exportador
hacia Cuba, y también el mayor importador de productos cubanos
a través de un mercado natural e histórico.
Guerra comercial difícil de asimilar, habida cuenta de que
ni antes ni después la Isla ha podido autoabastecer sus necesidades.
Por lo general, como ocurre con tantos otros países, cualquier
producción de procedencia industrial requiere algún
componente de otro país.
Tan fuerte resultó aquella campaña propagandística
que, vista a la luz de estos tiempos, resulta una verdadera curiosidad
leer en periódicos y revistas de entonces la promoción
de un producto confirmando la ciudadanía cubana de la mercancía,
mientras los acoquinados inversionistas, representantes de subsidiarias
extranjeras, ponían énfasis en destacar las bondades
de su producto añadiéndole la defensiva coletilla:
"Hecho en Cuba por manos cubanas".
En cambio, los importadores, al no poder emplear ese eslogan, se
contentaron con ensalzar las buenas cualidades de sus productos
enmarcándolos en hermosos paisajes de la naturaleza cubana.
Originada por el régimen, la puja publicitaria no duró
mucho tiempo. La acabó la radical confiscación de
todas las empresas, incluidos los medios de difusión.
Fue creado el Ministerio de Industria para impulsar la industrialización.
Ernesto Guevara, médico, pero no economista, estuvo entre
sus primeros titulares. Guevara fue el artífice principal
del estrechamiento de relaciones diplomáticas con la Unión
Soviética y otros países del campo socialista, y del
distanciamiento con los Estados Unidos. Época en que llegó
a Cuba abundante material bélico y obsoletas industrias para
la "industrialización" del país.
La industria azucarera, primera de Cuba durante siglos, ha quedado
reducida a la mínima expresión productiva, lo que
ha colocado al país en la necesidad de importar azúcar
para el consumo interno. Penosa, pero elocuente muestra de a dónde
fue para el 4 por ciento de la industrialización.
|