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¿Hasta cuándo
con los bicitaxistas? (II y final)
Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Sobre la excesiva cuantía
de las multas y acerca de quienes no pueden pagarlas, el delegado
juvenil de la Fundación Cubana de Derecho Humanos, Ahmed
Rodríguez Albacia, también periodista independiente,
expone el caso de Rolando Aguirre Patterson, de 29 años,
vecino de Estrella 62, Habana Vieja, y delegado provincial del no
autorizado sindicato independiente de conductores de bicitaxis de
Ciudad de La Habana, quien cumple sanción de un año
de privación de libertad porque no pudo pagar varias multas
que le impusieron por no poseer licencia de transportación.
Aguirre Patterson está casado y es padre de un niño.
Hay otros cocheros también condenados a prisión por
no pagar multas. Algunos acumulan 20 mil y 30 mil pesos.
Entonces surge una duda. ¿Por qué, a pesar de las
multas y decomisos resurgen los bicitaxistas?
"Por necesidad económica, expresa Bermúdez.
"Le ponen multas al cochero, las paga o va a la cárcel,
pero después vuelve a ejercer su oficio. Le quitan el triciclo,
pero luego armará otro, pieza a pieza, tornillo a tornillo.
Hay que alimentar a la familia. Yo no puedo llegar a mi casa y decir:
no les traigo comida porque la policía no quiere que trabaje.
Eso no lo entenderían mis hijos pequeños. Tampoco
que no encuentre empleo donde me paguen lo justo por mi labor. ¿Qué
sueldo me ofrecen? ¿Siete, ocho o diez pesos diarios? Sólo
en comprar dos litros de leche para mis hijos se van los diez pesos".
Pregunto a Rodríguez por qué se "jubiló"
como bicitaxista:
"A los 17 años 'cocheaba' por necesidad económica.
Sufrí los mismos embates de siempre contra los conductores
de triciclos. Como cualquier otro fui multado muchas veces porque
se negaban a aceptar mi solicitud de legalización. Pero,
además, comencé a tener problemas de salud propios
de esa labor. Tuve fuertes dolores de columna, y padecí de
varicoceles. Con el tiempo podía presentar otras afectaciones
testiculares o de próstata, como tantos otros cocheros. El
médico recomendó cambiar de empleo. Tuve suerte, pues
comencé a trabajar en una importante fábrica como
tabaquero, elaborando puros manualmente".
Otra razón de peso por la que el joven activista de derechos
humanos cambió de labor fue por los riesgos personales. "Cocheaba
-dice- de noche, cuando prácticamente desaparece casi por
completo el transporte público. Hay menos competencia y es
más fácil hallar clientes, pero existe la gran desventaja
de que puedes ser agredido para robarte el dinero y el vehículo.
Nunca sucedió conmigo, pero sé de otros casos en que
los cocheros fueron atacados".
Bermúdez expone una idea interesante desde el punto de vista
social:
"Por lo general los conductores de bicitaxis son personas
que han tenido problemas judiciales, y no desean delinquir y volver
a la cárcel. No quieren robar ni hacer daño a nadie;
no quieren buscarse problemas. Ayudan a resolver la crisis del transporte
con su trabajo. Quieren vivir honradamente de su trabajo, por eso
el interés en que los legalicen como conductores de bicitaxis,
porque no desean estar fuera de la ley ni que los persigan por esa
razón. No robamos piezas de recambio, ni gasolina, ni petróleo.
¡Ningún robo! No obligamos al cliente que solicita
nuestro servicio a subirse al triciclo. Lo ayudamos con sus bultos.
Lo tratamos con respeto y cortesía. Nadie se puede enriquecer
con esta labor que requiere de un descomunal esfuerzo físico.
Siempre existe la posibilidad de enfermarse. Apenas el trabajo da
para comer. No hacemos competencia a ningún otro medio de
transporte, ni estatal ni privado. Entonces, ¿por qué
se nos persigue? ¿Por qué nos tienen al margen de
la ley? ¡Por Dios! ¿Hasta cuándo con los bicitaxistas?"
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