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Nefasto El Refranólogo Boza
(I)
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Los refranes, como
el amor y la gripe; el trompón y la risa, la calvicie y los
celos, la burla y la nariz, no constituyen un patrimonio exclusivo
de ninguna nación. Pero sucede que cada pueblo los tamiza,
desboca, reduce, aplasta y afinca en sus desvelos como símbolos
de identidad.
Por eso, como graduado en refranes populares, chismes de esquinas,
filosofía de solar y otras especialidades de la literatura
oral de mi país, pondré a consideración de
los lectores los resultados del estudio realizado para el Atlas
de la Cultura Popular Tradicional Cubana.
Con el objetivo de demostrar lo subversivos que puedan ser algunos
refranes amparados en los supuestos conceptos de sabiduría
y experiencia, precaución, perseverancia, desprecio y egoísmo,
discriminación y burla al negro, entre otros que atentan
contra el normal desarrollo de la sociedad y los valores éticos
y sociales del cubano, realizaré el desmontaje de algunas
calumnias imperiales camufladas en la inocencia o gracia de un refrán.
Sin acudir al acertado término tribunicio Crisol de la Nacionalidad,
o el cultismo "expresiones y léxico de colorido local
en el carácter polisémico del refrán",
les desglosaré todos los que considere útiles para
la preparación del pueblo, más allá de los
diversionistas y groseras manipulaciones mostradas en estos trancazos
de la filosofía popular.
Si vamos a los agrupados en experiencia y sabiduría, encontraremos
algunas joyas del intelecto popular, la licenciatura del azadón
y la maestría de la monta y doma de camellos ruteros en Ciudad
de La Habana que, sin embargo, están lejos de la realidad
actual de la Isla.
¿Cómo es posible que en un país donde una
parte significativa de la clase trabajadora secunda en una laboriosa
y sistemática tarea de corrupción a muchos dirigentes
administrativos, políticos y sindicales, al parecer con el
objetivo de desmontar el sistema social de la nación para
reciclarlo, tenga cabida un refrán como "El machete
del haragán nunca tiene filo"?
¡¿Habráse visto tamaña incongruencia,
similar infamia en un concepto que desdice la realidad cubana sin
ruborizarse?!
¿Es justo calificar de haragán a un trabajador capaz
de llevarse varios contenedores de planillas Juramento de Baraguá,
No a la corrupción, Abajo el desvío de recursos, para
envolver coquitos de a peso en las esquinas y así ayudar
a sus colegas sub-empleados, pero firmes en el cumplimiento del
horario laboral a ver si aparece algo que trasladar a casa?
¿Se puede llamar holgazanes a quienes han saqueado con actitud
laboriosa y luego de ingente y sostenido esfuerzo durante 47 años
millones y millones de pesos de las arcas del país, ya sea
a través del tráfico de semillas, equipos electrodomésticos,
medicamentos o secado de bombas de petróleo para distribución
y venta de los necesitados?
¿Haraganes quienes no cesan de trabajar en el desmantelamiento
y canibaleo juicioso de autos, empresas, centros asistenciales,
industrias, escuelas, fábricas, círculos infantiles
y todo lo que se mueve, levante, arrastre, vuele, acueste, navegue
y deje dinero?
¿Vagos los que permanecen de ocho a dieciséis horas
mano sobre mano, mano sobre pomo de pintura de uñas, mano
sobre objeto mal colocado, mano sobre nalga de secretaria telefónica,
mano sobre fichas de dominó y mano sobre planillas de reafirmación
y compromiso para el aprovechamiento de la jornada laboral?
Es ultrajante escuchar que la "cultura laboral socialista"
está en crisis en Cuba, como expresara Alfredo Morales Cartaya,
ministro de Trabajo y Seguridad Social de la Isla.
Y más aún leer sus expresiones de que "tenemos
una asignatura pendiente, y es cómo hacer que la gente trabaje
con conciencia y eficiencia".
¿Alguien en su sano juicio puede apoyar tamaña tergiversación
de lo que acontece en el sector laboral cubano?
¿Un revolucionario auténtico aceptará una
expresión tan lejos de la verdad como la que atribuye la
causa del problema a "la falta de agresividad del movimiento
sindical" y, peor aún, a la poca utilización
por los gobiernos locales de los mecanismos de control del Poder
Popular en los territorios para tener en jaque permanente esta dañina
desidia?
Quien manifiesta criterios tan a la ligera sobre los simples devaneos
cíclicos que afectan al sector laboral en el país,
¿será un Gran Maestro de Ajedrez sometido a jaque
perpetuo en un final de peones contra alfil y caballo en ambos extremos
del tablero? ¿O un ministro de Trabajo y Seguridad Social
que después de ubicar a la clase trabajadora a la vanguardia
de la revolución, ahora confunde los destacados mecanismos
de una obra destructiva con signos de ineficiencia, desidia, desinterés
y otras caídas de presión en la disciplina y la productividad
pese a la vertiginosa subida del salario?
Además, ¿cómo aceptar sin que la ira nos llene
y nos desborde un criterio de suma gravedad como el que dice "la
oreja peluda del desorden y el desaprovechamiento de la jornada
de trabajo, asoma cada día en centros de producción
y servicios del país"?
¿Acaso no se aprobó en junio de 2005 el Reglamento
General de Relaciones Laborales que extirparía de raíz
supuestas holgazanerías y algunos estropicios causados en
la economía nacional por un puñado de trabajadores
desviados?
¿No quedó demostrada la eficacia del mismo cuando
de los 3,500 centros de trabajo investigados a finales del año
pasado en todo el país, sólo el 76 por ciento mantenía
serias deficiencias y violaciones de dicho reglamento, según
reveló la Oficina Nacional de Inspección del Trabajo?
Si la respuesta de los trabajadores a las normas del reglamento
es a todas luces positiva como reflejó la investigación,
¿qué razones tiene para preocuparse la clase dirigente
del país? ¿Cómo poner en duda el nivel de disciplina
y la capacidad productiva de quienes han puesto a Cuba en el selecto
parque de locomotoras de la economía mundial por el sostenido
y elevado crecimiento de su PIS o Producto Interno Social?
Sean cuales sean las causas de tantas contradicciones, estamos
en desacuerdo con todo lo que desmerite el buen aprovechamiento
de la jornada para robar mostrado por muchos trabajadores cubanos,
así como su eficiencia en alcanzar metas más altas
en el desvío de recursos, y la proba concientización
en diversificar las causas para matar la guanaja, es decir, aparentar
que hace sin hacer nada.
Ante una realidad tan manifiesta, y en espera de nuevos e injustos
ataques contra el desenvolvimiento de la clase trabajadora cubana
y sus artífices en la dirigencia sindical, pongamos puntos
suspensivos sobre el tema y continuemos el viaje por el refranero
popular cubano.
Por todo lo antes expuesto, y dada la necesidad de combatir cada
calumnia que nos salga al paso, debemos seguir adentrándonos
en el mensaje subliminal de algunos refranes que no sólo
distorsionan nuestra realidad, sino también pretenden cambiarla
a través del veneno semántico, la ponzoña verbal
y el bebedizo halagüeño.
¿Puede alguien poner en duda la vitriólica maldad
de un refrán que sugiere anteponer la peligrosa velocidad
que trae la manía de razonar por cabeza propia, al cumplimiento
del deber generado por órdenes ajenas a nuestra voluntad,
pero apacibles, lentas, al trote sin relinchar, como el que dice:
Pensamiento llega primero que caballo?
¿No ven asomadas ahí el hacha de un vikingo danés,
el arcabuz de un colonizador español, o la lanza de un príncipe
bantú en esta falsa herencia del pensamiento individual sobre
el dócil concepto de horda, llegada a nuestras costas y sembradas
en nuestra sangre quién sabe a través de qué
genes mezclados en noches tormentosas sobre la cubierta de un skuta
nórdico, en la proa de una carabela ibérica, o en
la barraca de un lote de esclavos en un ingenio de Vuelta Abajo,
respectivamente?
En un país donde el pensamiento es coral, las órdenes
unidireccionales y el acatamiento unánime, nada ni nadie
puede correr más, y mucho menos llegar primero que el caballo,
símbolo de la fortaleza, la testarudez y la noble brutalidad
de los cubanos.
Aclarado el asunto, demostrada con creces la manipuladora subversión
ideológica que puede tener un refrán por mucha sabiduría
o experiencia que aparente -como en los casos El machete del haragán
nunca tiene filo, y Pensamiento llega primero que caballo, de forma
respectiva-, analizaremos otros que también disfrazados de
conocimiento sano y un largo bregar por la vida, destilan un veneno
tergiversador capaz de crear espasmos y devaneos hasta en la más
lúcida mollera de un íntegro revolucionario.
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