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Se ruega milagro de un bombillo
Marilyn Díaz Fernández, Lux Info Press
CAMAGUEY, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Hace un tiempo comencé
a perder gradualmente la visión. El desgaste natural del
imprescindible sentido de la vista me afectaba a la hora de escribir
y leer. Cuando he comentado el suceso a algunos de mis coterráneos,
todos coinciden en que es muy difícil remediar el mal debido
a la falta de cristales en las ópticas. Algunos me han contado
que llevan más de un año tratando de conseguir los
espejuelos que les recetaron en su momento.
Decidida a probar suerte me dirigí a la consulta del oftalmólogo
del hospital municipal de Sibanicú, donde resido. Al preguntarle
a la técnica que allí labora qué debía
hacer para que me hicieran una optometría, me contestó:
- Tiene que traer la hoja clínica y venir entre lunes a
jueves. Pero cuando tengamos el equipo arreglado porque ahora no
tiene bombillo y no estamos haciendo la prueba.
- ¿Ustedes avisan a la población cuando lo arreglen?
-interrogué a la técnica.
- No, siga viniendo por aquí hasta que esté arreglado.
Entonces se lo diremos.
En ese momento sentí una gran decepción de ser cubana
y vivir en Cuba. Deseé haber nacido en Venezuela, Pakistán
o cualquier otro país que recibe el beneficio de la llamada
"operación milagro" que, auspiciada por Cuba, devuelve
la vista a miles de extranjeros anualmente. Quise que para nosotros
fuese al menos un "milagrito", y me di cuenta de que el
gobierno cubano es "candil de la calle y oscuridad de su casa";
bueno con los extranjeros y descuidado con los nacionales. Y eso
aumentó mi aflicción.
Pensé entonces en algunos prisioneros políticos que
necesitan espejuelos y no pueden obtenerlos. Son los casos de Lamberto
Hernández Plana, Lázaro González Adán
y Yoel Escalona Mora, por sólo mencionar algunos de los que
día a día están perdiendo la visión
detrás de las rejas.
No puedo comprender que un bombillo, ¡un simple bombillo!,
sea tan difícil de conseguir en un país que presume
de poseer la más alta tecnología en el campo de la
oftalmología.
Por mí, y por todos los cubanos, voy a rezar para que Dios
haga un verdadero milagro con los pobres de mi tierra, y nos proteja
de la ceguera, o al menos que permita que aparezca ¡un bombillo,
por favor!
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