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Nefasto Boza: entre Welcome
y Abur (I)
Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Los canarios están
que trinan. La oleada de inmigrantes africanos que desembarcan con
su obsorbo personal en el archipiélago tiene a José
Luis Rodríguez Zapatero al soltar el calzado, ponerse las
chancletas y tirarse pal solar a poner orden y más pelos
de alambres en las cercas del Magreb.
¡Hasta es posible que prenda "Llamazares" en medio
de un Mediterráneo rendido entre un peñón de
Gibraltar que alumbra como un cirio, y un continente africano más
oscuro que la boca de un lobo!
Hay que ser rencorosos, insensibles, malagradecidos y optimistas
para ir a reclamar una riqueza que les fue robada hace más
de cien años.
Existe un momento para todo. Y ya el momento de la colonización,
el saqueo y el robo gota a gota debe ser olvidado.
¿Acaso los países colonialistas de la hoy Unión
Europea no "liberaron" un presupuesto para comprar guano,
leche y agua embotellada, con el cual los habitantes de Mauritania,
Senegal, Angola, Kenia y Nigeria, entre otros más cerca de
la luz, pero aún en tinieblas, fabriquen sus propias casas,
se alimenten y no perezcan de sed?
¿Alguien puede negar que los integrantes del Ejecutivo español
con su denominado Plan África 2006-2008, si bien es posible
que acaben con la quinta y con los mangos del continente y el contenido
negro, también pongan fin a una inmigración irresponsable,
sin sentido, dictada sólo por el deseo de cruzar la Puerta
de Alcalá, escampar un aguacero bajo la torre Eiffel, ver
un juego de fútbol entre Inglaterra y Camerún en la
xenófila Berlín, o pasear en góndola por los
canales de Venecia?
¡Imposible tolerar tanto pasa-pasa de frontera en frontera,
de mar en mar, de ola en ola, de balsa en balsa y de patera en patera!
¡Cada cual en su sitio, en su lugar! Es inadmisible que la
inmigración se haya convertido en una epidemia más
necesitada de proyectos preservativos que el propio SIDA.
Es preciso poner fin a tanto relajo, atajar a tiempo el creciente
"turismo de sostén y alcantarillas" al que nos
tienen abocados millones de personas irresponsables del tercer mundo.
Ya resultan alarmantes las cifras de arribos en embarcaciones procedentes
del oeste de África, con punto de partida en Mauritania y
Senegal y destino de llegada en las Islas Canarias, como en una
tournée infernal que llena de puntillas el apretado calzado
de zapatero.
Según escribiera preocupado en el Juventud Rebelde el periodista
Luis Luque Álvarez, la cochambre de la inmigración
hacia Canarias va en ascenso, pues mientras que en el año
2005 llegaron 4,571 personas, hasta este momento de 2006 ya son
¡6,900 individuos! embarcados y desembarcados en Iberia sin
haber tocado jamás las escalerillas de un avión.
Pero lo más lindo del caso, refiere el informador juvenil,
es que "ninguna de las 156,859 piezas hoteleras existentes
en la Isla podría alojar a estos "extraños".
Tampoco los 17 campos de golf, ni los ocho centros de convenciones,
ni los seis casinos de juego son lugares que importen a los recién
llegados. Para ellos no hay espacio".
Los centros de internamiento están desbordados, por lo que
los africanos han sido ubicados incluso en garajes, aseguró
conmovido el articulista Luis.
Y para rematar su espeluznante trabajo, el colega Luque citó
palabras de funcionarios españoles que dicen que "los
inmigrantes presentan enfermedades que las autoridades no han querido
difundir, como sarna, tuberculosis, sífilis y SIDA",
acusaciones desmentidas por la Cruz Roja española, que calificó
estas expresiones como "un disfraz de lo que sólo es
una rampante muestra de racismo".
Entonces Álvarez, para contrapuntear las racistas declaraciones,
sentenció: "Ignoro si a los abundantes turistas procedentes
de Alemania, donde hace meses aparecieron focos de gripe aviar los
fumigan o ponen en cuarentena antes de darle entrada en algún
hotel".
¡Magnífico análisis! Contundente y oportuna
crisis de verborrea que deja al descubierto la existencia de una
inmigración dividida entre qué bueno que vinieron
y San Alejo, ratificadas en el colosal descubrimiento y sentencia:
Para unos, ¡Welcome! Para otros, ¡Abur!
Y es encerrado en esa frase donde sale a relucir el carácter
de llanero solitario, de zorro, en fin, de justiciero, de nuestro
sistema social.
¡Acá sí no se cuecen habas, se descerraja un
tiro en la mollera al primer forajido que ande de saltimbanqui por
la Isla, ni se precisa cantar la palinodia ante el mejor postor!
Lo que se hace, hecho está, y pare de contar, sugerir, modificar
o desaparecer, ya que todo es perfecto.
Porque si de verdad existe una causa de peso para la irrevocabilidad
del socialismo cubano, se encuentra en la perfección y respeto
del derecho al libre movimiento de los nativos de la Isla.
¡Lo mismo puede despetroncarse arrollando en una conga santiaguera
que caer desplomado de cansancio por bailar un bembé en el
Día del Taíno ausente, de triste recordatorio en nuestra
capital!
Da igual que corra cauteloso detrás de una gallina ajena,
trote marcialmente para alcanzar un P2 más estruendoso que
un cañón, o corretee de la OFICODA (Oficina de Control
de Alimentos) a la cocina, para sincronizar la hora de comprar los
frijoles con la entrada del agua en punto de ebullición.
El hecho es que el cubano se mueve, camina, agacha, balancea y
gira sin restricción alguna, lo mismo en una calle, en la
punta de una loma, que asido a las barandas colocadas por la GETA
(Grupo Especial de Transporte Alternativo), en una carreta tirada
por un tractor a lo largo y los baches de La Rampa habanera, o entre
la polvareda de un terraplén.
Eso sí, también el derecho a viajar está garantizado.
En Cuba se cumple al pie de la letra y con sensible fondo musical
esa canción que dice: "Toda persona tiene derecho a
circular libremente y a elegir residencia en el territorio de un
Estado".
Además, nosotros recitamos de memoria en cada esquina del
país, en cada foro que nuestra voz alcance, y en cada balsa
que se aleje de la Isla, los versos del poema inconcluso titulado
Artículo 13, leídos cada día con tono incidental:
"Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país,
incluso del propio, y regresar a su país".
Mientras que, para impedir el arribo de africanos a Islas Canarias,
el gobierno español tiene que recurrir a un apoyo logístico
para coordinar el despliegue marítimo y aéreo sustentado
en tres busques y tres aviones en función de patrullaje,
intersección y destierro de los inmigrantes, las autoridades
cubanas, de forma consensuada, pacífica, aplaudida y rechiflada,
lanzó al aire el decreto ley 217 para poner control al movimiento
interno.
¡Y ahí sí hay justicia, persuasión,
y no actos de racismo u otras discriminaciones que sufren quienes
no acaban de poner el huevo en su país o en otro ajeno!
Si un posible inmigrante santiaguero tiene en la esquina de su
casa una bodega, en la otra un consultorio médico de la familia,
en la de más acá una escuela, y al doblar por la de
allá el camino al cementerio, ¿por qué carajo
quiere ir a residir junto a una tía en Santos Suárez
que vive de una manera similar?
¿Acaso para conocer un camello? ¿Quizás para
rondar el capitolio en busca de extranjeros y otras hierbas que
aderecen su pan? ¿O tal vez para crear derrumbes en las barbacoas,
exceso de consumidores del churro y el jurel, barajuste de gente
en la cola de ómnibus y algunas supuestas prerrogativas también
al alcance de sus intereses, aunque en menor grado, en su tierra
natal?
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