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Un fuerte aguacero para reflexionar
Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - El torrencial aguacero
de la semana pasada dio la medida de los graves problemas acumulados
que confronta La Habana.
Un reporte oficial informó de siete fallecidos a consecuencia
de la avalancha de agua, numerosos derrumbes, accidentes de tránsito
y extensas áreas inundadas en varios municipios capitalinos.
Los dos túneles del río Almendares precisaron del
achique del agua con motobombas.
Las inundaciones dejan secuelas de pérdidas materiales e
impotencia. La falta de mantenimiento técnico y el envejecimiento
de los conductos hidráulicos, algunos con más de un
siglo de explotación, guarda relación directa con
las inundaciones de días pasados.
Ahmed Rodríguez, residente en el municipio Habana Vieja,
expresó: "Esto de las inundaciones es muy frecuente.
Para que se tenga idea del nivel alcanzado por la inundación
en mi barrio, a mí, que mido un metro ochenta, el agua me
llegaba a la cintura. En las casas se echaron a perder colchones,
muebles, equipos. La lluvia arrastró inmundicias, que se
mezclaron con las aguas albañales. En esta zona vivimos más
de 10 mil personas. Años atrás el agua caída
demoraba de cinco a seis horas para alcanzar la altura que alcanzó
el otro día. Ahora sólo necesitó una hora para
cubrirlo todo".
El desbalance hídrico lo explica el técnico jubilado
Pedro Luis Rodríguez, de 69 años, residente en la
calle Vives entre Chamorro y Figuras: "El 9 de junio de 1972
fue la última vez que el gobierno realizó la limpieza
de cañerías y registros de desagüe del alcantarillado
en esta zona. La limpieza se hace con un equipo especial para esos
fines llamado Winche. Hay que comprarlos en el extranjero. Se adquiría
en la Unión Soviética. Ahora no se compra en ninguna
parte. Esas conductores que desaguan en el mar están tupidas
hace años porque no se limpian".
Ahmed Rodríguez enfatiza: "Los vecinos perjudicados
han estado denunciando en todas las instancias, especialmente Pedro
Luis Rodríguez, que conoce de esas labores, el grave problema
existente, pero siempre se da la misma respuesta: no hay presupuesto
ni Winche. Una vez Pedro Luis les hizo un detallado análisis
técnico, apoyándose en gráficos. Le dijeron
que no planteara más el asunto y casi lo botaron de la reunión".
Para colmo, por el subsuelo de la calle Arroyo corre un arroyuelo
que da nombre a la calle. La expansión urbanística
lo convirtió en alcantarilla natural. Obstruido el libre
flujo de albañales por falta de limpieza e indisciplina social
que provoca el uso de la calle como basurero, el arroyo se rebela
contra el desatino humano y, tupidas las alcantarillas, no admite
el acceso pluvial y presiona desde el manto freático devolviendo
más agua y basuras.
Idéntica situación presenta una extensa zona de Santos
Suárez y la Víbora, barriadas del municipio Diez de
Octubre donde también impactó el desbordamiento de
las aguas.
Otros muchos riachuelos ocultos surcan el extenso territorio donde
se asienta La Habana metropolitana, con sus 2 millones 200 mil habitantes.
La Unidad Provincial de Higiene de Ciudad de La Habana es la encargada
del mantenimiento, sustitución y reparación de los
grandes contenedores de plástico para la recogida de basura,
cuyo costo en el exterior es de 150 dólares por unidad.
Higiene se queja públicamente del hurto de muchos contenedores
para su empleo como depósitos de agua, debido a la escasez
del vital líquido. También ruedas y tapas son robadas.
Otros presentan quemaduras y rajaduras por maltrato, y al introducir
objetos contundentes muy pesados, cuando son izados los contenedores
se parten.
La ineficiente recogida de basura y escombros es otro de los grandes
problemas de La Habana. La basura tirada por aquí y por allá
forma el más feo, maloliente y antihigiénico espectáculo
de contenedores y microvertederos por doquier, incluso en avenidas
y calles muy céntricas y transitadas. "Materia prima"
que en gran medida va a parar a los tragantes.
La falta de poda de árboles del ornato público, o
mala poda, es otro agravante, particularmente en la temporada ciclónica,
que se extiende del 1 de junio al 30 de noviembre. Las hojas caídas
y la vegetación destrozada obstruyen calles y tumban alambres
telefónicos y de electricidad. Datos oficiales informan que
sólo bajo esas líneas crecen alrededor de 56 mil árboles,
y aunque en diferentes sitios de la ciudad se hacen algunas podas
y se limpian tragantes en época de ciclones, las autoridades
reconocen que se puede trabajar con más eficiencia.
Pero por mucha eficiencia que haya, ante el cúmulo de viales
destruidos, montículos de basura y escombros acumulados,
alcantarillados tupidos durante décadas, la capital continuará
enfrentando serias situaciones de peligro cuando los aguaceros se
desencadenen.
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