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Madre enferma ruega por su
hijo prisionero
Marilyn Díaz Fernández, Lux Info Press
CAMAGUEY, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - María Julia Fernández
Lezcano tiene 60 años. Su padecimiento más reciente,
y el que más la golpea es una aguda alteración nerviosa.
Esta nueva dolencia tuvo su detonante el 13 de agosto de 2005,
fecha en que su hijo, el prisionero político Carlos Luis
Díaz Fernández, fue golpeado salvajemente por miembros
de la guarnición de la prisión camagüeyana Kilo
8, donde se encuentra recluido.
Desde entonces, María Julia no se ha recuperado del nerviosismo
y la angustia que le provocó la noticia sobre el acto criminal
en contra de su hijo. Ella se está atendiendo con un psiquiatra,
pero dice que no son medicamentos lo que necesita, sino justicia.
Hace más de seis años María Julia pidió
a las autoridades de cárceles y prisiones que trasladaran
a su hijo a una cárcel en La Habana, donde ella reside, en
la calle Cádiz 172, en el Cerro. Entonces, Carlos Luis se
encontraba en la prisión matancera Agüica, y después
que los funcionarios del Ministerio del Interior le solicitaron
a ella los certificados médicos que avalaban sus padecimientos
crónicos, tales como cardiopatía, diabetes, hipertensión,
artrosis generalizada, le trasladaron a su hijo para la cárcel
de Boniato, en Santiago de Cuba, a 800 kilómetros de La Habana.
Por eso y por muchas otras razones, expresa, con lágrimas
en los ojos, que los del Ministerio del Interior son unos mentirosos
que la han engañado, que le mienten siempre, que torturan
a su hijo y se lo están matando lentamente.
Agrega, con el dolor reflejado en su mirada: "Yo soy tan madre
como las de los cinco que están presos en los Estados Unidos,
pero ellas, por lo menos, son escuchadas cuando defienden a sus
hijos, mientras a mí no me escucha nadie, y si me atienden
los del gobierno no me hacen caso. Yo también pido clemencia
y libertad para mi hijo, que no ha cometido ningún crimen.
Él, lo único que ha hecho es no estar de acuerdo con
el gobierno de Castro".
La golpiza propinada en agosto de 2005 no fue la primera que ha
recibido Carlos Luis en sus más de 13 años de presidio
político. Su calvario se inició en 1993, cuando intentó
salir ilegalmente del país. Desde 1999 ha estado en seis
prisiones, sometido a régimen de máxima seguridad
primera fase, solitario en una celda de aislamiento, sin asistencia
médica, maltratado, vejado, torturado física y psicológicamente,
mal alimentado y privado de comunicación con sus familiares
por largos períodos.
Sin embargo, el último problema de salud de Carlos Luis,
de 36 años, su madre aún lo ignora. El pasado 12 de
mayo sufrió fuertes mareos y temblores en todo el cuerpo.
Tenía alta la presión y requirió de asistencia
médica urgente. Se desconocen hasta ahora las causas que
provocaron estos trastornos de salud.
A pesar de la preocupación del resto de la familia por la
salud de Carlos Luis, se ha decidido no dar otra mala noticia a
la madre. Temen al efecto que pueda causarle, física y psíquicamente.
La familia responsabiliza al gobierno, al Ministerio del Interior,
y especialmente a la dirección del penal Kilo 8 por la vida
de Carlos Luis y su madre.
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