Octubre 5, 2006
Karell Infante Mantilla
HOLGUIN, Cuba - Octubre (Jóvenes sin Censura / www.cubanet.org) - Un día se vieron sin fuentes de materia prima al quedar sin trabajo los que fueron obreros del ministerio del Azúcar, y vivieron de esta y de sus derivados: los electrodos para enrollar alambres eléctricos, en el caso de soldadores y electricistas, maestros de la supervivencia haciendo chivos (entiéndase, haciendo trabajos particulares con los recursos del Estado), y nunca ni por mucho por su exiguo salario de trabajador cubano. Ahora se han convertidos por obra y gracia del genio de la maldad en estudiantes, sin importar edad, lo mismo de técnico medio que hasta de universitario.
Parece contradictorio, pero la verdad es que el Estado no pretende mejorar el nivel de vida de los trabajadores a través de su superación profesional, sino acabar con el escape de recursos materiales masivo hacia el mercado negro, fuente de vida por excelencia del cubano. También, busca evitar que la masa de desempleados se convierta en un potencial delictivo, de amenazarse aún más la frágil estabilidad social, influyendo política e ideológicamente en ellos por medio de las aulas y hasta hacer creer a los cubanos que somos el único país que utiliza el estudio como empleo.
Una vez culminada la campaña propagandística comenzó el retorno de los trabajadores estudiantes al trabajo manual sin importar la calidad docente, y con ello comenzaron también las protestas laborales, la negación de trabajar sin ropas ni zapatos en la agricultura, y la construcción de lo que se ha dado en llamar "Obras de la batalla de idea".
Dos dirigentes obreros se erigieron escudos y después de unas leves victorias, como reducción de la jornada laboral y moderado respeto por el programa de estudio, aun quedan exigencias, como la firma de contratos de trabajo, según lo establece la legislación laboral vigente y el respeto por las normas mínimas de seguridad e higiene del trabajo.
Javier Hernández Betancourt es y ha sido la lanza en el costado de estos forzados estudiantes (humillados trabajadores), jefe de la oficina de empleadores de San Germán, Holguín. Queda por aclarar la muerte, hace sólo unos días, de uno de estos dirigentes obreros en un accidente, cuando un cargador frontal de siete toneladas le paso dos veces por encima, y cuyo nombre no puedo publicar sin la autorización de su familia.
No acuso, no niego la posibilidad de que sea un accidente, pero hubo silencio e indiferencia durante las protestas, y lo hay ahora después de la muerte. A Dios pido se recuerde a todos los que un día estuvieron allí, y fueron parte de la eufemística "batalla de idea". Termino por ahora con las palabras de Martí: "¡Póstrense de hinojos en la tierra, tiemblen de remordimiento, giman de pavor todos los que aquel tremendo día ayudaron a matar!".