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Octubre 24, 2006

Rosa Berre, la dama y Rosa del periodismo libre e independiente

MIAMI, 23 oct (GIRSC) - La Dama del periodismo libre, la voz de la tolerancia y el respeto por la divergencia y la pluralidad de pensamiento, nos ha dejado con su sempiterna sonrisa que siempre recordaremos los que la conocimos, tras una larga enfermedad que pretendió acallar lo que el régimen dictatorial y exclusivo del que procedía y del que se vio obligada a huir jamás había logrado.

Rosa fue una luchadora infatigable por la democracia y la libertad, uno de esos seres que hacen al resto de los mortales sentirse orgulloso de ser humanos. Rosa no entendía el periodismo sin compromiso. Su creación, fundada en el exilio junto a su marido, el también periodista Carlos Quintela, fue la voz de los periodistas cubanos independientes. Por las páginas de Cubanet se asomaban diariamente esos hombres y mujeres constantemente perseguidos, acallados, amenazados. Rosa les dio voz y logró que el mundo supiera de los pesares, de los sufrimientos que atenazaban la voz de sus compatriotas. Como un caudal de profunda sabiduría que llameaba constante en sus ojos, dando la palabra a los perseguidos consiguió que el mundo palpitara en comunión solidaria con una realidad obligadamente silenciada. Cubanet fue una ventana por la que la Cuba no oficial empezaría a tomar forma y cuerpo, un lugar de encuentro en el que la libertad negada y perseguida triunfaría.

Rosa dama, rosa roca. Su fortaleza era la conciencia de su propia dignidad y la dignidad de sus hermanos. Su enseña la tolerancia, el amor, la compasión. Luchadora infatigable, víctima ella misma de la persecución, la intolerancia y el nepotismo totalitario que la obligó a marcharse de la tierra en la que nació para no sucumbir bajo el poder de este nuevo Cronos devorador. En el exilio y poco a poco, con la paciencia que exige la perfección de una gran obra, llena del entusiasmo, la dedicación y el compromiso que la caracterizaban cofundó la, probablemente, más emblemática revista que el exilio ha producido. Rosa mantuvo siempre fuertes vínculos con los periodistas independientes cubanos, en un intercambio espiritual y físico tan constante, tan apasionado y fecundo que, sin duda, sobrevivirá a ella misma. Su corazón siguió latiendo al unísono de ese pueblo noble, sufriente, ejemplar, al que entregó su vida y junto al que vibró en una permanente y tenaz conquista de los espacios de libertad secuestrados.

De la mano de Rosa, todos, los de adentro y los de afuera, aprendimos a ser un poco más nobles, más solidarios, más sensibles al sufrimiento humano. Hoy, con la Dama y Rosa del periodismo, la libertad y la tolerancia entre las estrellas, cuando el dolor por su pérdida estremece nuestros sentidos, no podemos olvidar su claro mensaje de esperanza y la razón más noble que fue el motor constante de su existencia, su inmenso amor a la libertad.

El GIRSC, del que ella formaba parte, comparte el profundo pesar que su desaparición provoca en todos cuantos ansiamos ver el advenimiento de una Cuba libre y democrática donde la palabra deje de ser una amenaza y el hombre deje de ser perseguido por expresarla. Rosa ha tejido su nombre con hilos de oro y plata en la bandera de esa noble Cuba que pronto verá un nuevo amanecer.

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