Noviembre 3, 2006
MIAMI, 3 de noviembre - Desde el día 3 al 5 de noviembre tendrá lugar en Uruguay la XVI Cumbre Iberoamericana. La relevancia para este encuentro anual de los países del área latina debería centrarse en la preservación de la defensa de los derechos humanos, la denuncia y condena de aquellos regímenes que aún continúan sometidos a sistemas dictatoriales donde el ser humano carece del elemental derecho a la ciudadanía y el llegar a acuerdos mínimos de colaboración. Sin embargo, más allá de la adopción de acuerdos o los resultados concretos que puedan alcanzarse en otras materias, la Cumbre debería colaborar en la evolución democrática de América Latina, aún hoy débil o inexistente en varios de los países que la integran. La exigencia de cumplimiento de los derechos humanos, condición indispensable para impulsar la democratización de cualquier país, debería ser el pilar que sustentara la razón de ser de estas Cumbres y mostrara que un encuentro como el que tendrá lugar sirve realmente para transmitir a los pueblos oprimidos la solidaridad de los países hermanos.
El GIRSCC (Grupo Internacional por la Responsabilidad Social Corporativa en Cuba) se dirige a los representantes de los distintos países presentes en la Cumbre en demanda de reconocimiento y pronunciamiento sobre la realidad en la que vive un país que detenta el título de ser la dictadura más larga del continente. Año tras año, las esperanzas de los ciudadanos de este pueblo oprimido se han visto frustradas por declaraciones en las que el reconocimiento de los derechos elementales del pueblo cubano se han visto eclipsadas por declaraciones en las que, contraviniendo los Principios Rectores que animan estas Cumbres, la defensa de los derechos de todos los hombres en pie de igualdad han pasado a un segundo plano.
Cuba mantiene en prisión al mayor contingente de presos de conciencia del Continente. Sindicalistas, periodistas, defensores de derechos humanos son condenados por expresar sus opiniones, por intentar reunirse y organizarse, por escribir o por tener contactos o pasar información de la realidad social, política o económica que se vive en la isla. La gravedad de la situación conmueve a la opinión pública internacional y la Cumbre que en estos días se celebrará tiene la obligación inexcusable de hacerse eco de las justas demandas de libertad del pueblo cubano.
Cuba es hoy un país con una economía extenuada que sobrevive gracias a las aportaciones de Venezuela, donde el sindicalismo independiente y libre está prohibido y muchos de sus dirigentes condenados a largas penas de prisión. Es, además un régimen sin futuro, desgastado, cuyo objetivo es sobrevivir a través del autoaislamiento y la conversión en enemigos y terroristas de todo el que se declare opuesto a él. Sean los propios nativos o los representantes de países democráticos que alcen su voz contra la opresión y la represión o pretenda mantener relaciones con los representantes de la disidencia cubana. Y que no tiene remordimiento alguno en acallar mediante vergonzosos actos de repudio, amenazas o encarcelamiento a todo el que se arriesga a manifestar su oposición.
En estos momentos que el país está viviendo, la Cumbre Iberoamericana debe asumir una iniciativa seria de apoyo y respaldo al pueblo cubano y mostrar la firme voluntad de apoyar sus justas reclamaciones de transición hacia la democracia y el reconocimiento de los derechos elementales que asisten a todo ser humano. La Cumbre no debería terminar sin una exigencia clara hacia el gobierno cubano de aplicación de la Ley Internacional que implica el cumplimiento de las Resoluciones de la ONU, las Convecciones Humanitarias y de Derechos Humanos ni sin mostrar su reconocimiento y apoyo decidido a las organizaciones políticas, civiles o sindicales cubanas que luchan pacíficamente por el advenimiento de la democracia y la libertad en el país. Igualmente se impone como tarea inexcusable de esta XVI Cumbre Iberoamericana la demanda de libertad para todos los presos de conciencia que hoy llenan las cárceles cubanas.