Noviembre 10, 2006
Odelin Alfonso Torna
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org) - Un nuevo dicharacho popular se escucha por los parajes capitalinos. Apodan "rosca izquierda" a la revolución y sus líderes. La graciosa frase se entiende como un apretón del gobierno en sentido contrario a los intereses sociales. Nada, es el sentido del humor cubano en presencia del aquelarre socialista.
Según el periódico Granma en su edición del miércoles 25 de octubre, nuevos reglamentos disciplinarios internos comenzarán a regir a partir del 2 de enero del 2007. La nueva resolución 188 del 2006, plantea educar a los trabajadores y enfrentar las indisciplinas e ilegalidades en su desempeño laboral.
El nuevo engendro jurídico, emitido por el ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), derivado de una constitución capitulada al antojo de la revolución, penaliza severamente el incumplimiento de estas nuevas obligaciones laborales. Obligaciones que van desde impuntualidades injustificadas hasta la prohibición de ficheros y videos pornográficos ¡Que desfachatez la del proletariado!
Sin dudas, estamos frente a un nuevo intento para reeducar al pueblo trabajador. Violar el horario establecido o abandonar el puesto durante la jornada de trabajo sin autorización también implica sanciones. Aunque el editorial no especifica la severidad de las sanciones. Privar a los trabajadores de sus estímulos en divisas, método que se viene realizando durante años, puede aparecer como medida cautelar para cada una de las obligaciones.
La escasez de materias primas, la falta de presupuestos, los continuos cortes eléctricos o la ausencia de agua potable, causan interrupciones prolongadas en sectores de producción y servicios. Estos eventos, propios de una economía sin perspectiva, mantendrán su parábola en ascenso. Con o sin los nuevos reglamentos.
Según el doctor Francisco Guillén Landrián, director jurídico del MTSS, no se trata de cambiar los viejos conceptos reglamentarios, si no de reformarlos sobre la base de nuevos procedimientos. Llama la atención la obligación más controvertida del dictamen ministerial. Esta plantea textualmente sancionar aquellos que no informen sobre las sustracciones, pérdidas, desvíos, apropiaciones y daños de los que se tengan conocimientos.
Hoy en día, la sustracción de bienes del Estado se ve generalizada en todos los renglones económicos del país. En noviembre del 2005, salió a la palestra el último escándalo masivo de corrupción. Más de tres mil personas terminaron en prisión. El régimen incrementó el control de sus bienes. El presidente en funciones, Raúl Castro, junto a otros generales, tomó por varias semanas el control del puerto de la Habana y otros organismos.
Desde entonces, la situación de carencias de la familia cubana se deteriora aceleradamente. Muchos colectivos de trabajadores pactan y parten los bienes que pueden sustraerle al Estado para sobrevivir. En ocasiones, estos bienes se disputan entre sí, creando enemistades y una imagen bochornosa, de la que no se habla.
Sustraer es cosa de todos y obligación de las masas ¡Si no de qué vivimos! No se puede vivir con los míseros salarios que se perciben hoy. Mucho menos incitar a las masas con reglamentos absurdos, que propicien las delaciones y acaben con el poco compañerismo que nos queda. Estos son los métodos de Fouché. Los mismos que ha empleado la dictadura durante años dentro de su cúpula de sultanes.
Desde el 31 de julio, con la proclama del Comandante, la prensa sirve de antesala a las medidas dictadas, emitidas al plagio de ministros y ministerios. Son tiradas en el Granma como puntos y comas a la sombra de su adulterada tinta. ¿Quién dice que tenemos gobierno? No tenemos nada, nunca tuvimos nada. Como Cristo, queremos el pan, la vida y la libertad. Entonces la rosca, sin reglamentos que aprieten, podrá girar a la derecha.