Marzo 15, 2007
Aníbal Cabrera
Cuando los países son gobernados por regímenes autoritarios, estos virtualmente los bajan del tren de la Historia. Pero una vez que los pueblos se liberan de la opresión no esperan el tren en la misma estación en los que fueron echados, sino que se apresuran de manera vertiginosa, a retomarlo en una lejana estación de presente.
En esa urgencia histórica, se desatan fuerzas de manera desordenada y difícil mente controladas que generan escenarios imposibles de prever y que en ocasiones traen resultados indeseables, aun cuando se este pugnando en general hacia el progreso. Esa es la experiencia relativamente reciente que nos da Europa del Este y las ex repúblicas soviéticas.
Lo que si se puede prever y es viable y obligatorio, es el impulsar que aquellos sectores de la sociedad con los cuales se esta comprometido, sean dotados en la medida de lo posible, de la mayor cantidad de instrumentos que permitan fortalecer la eficacia de su participación, en esa etapa de embalos, afanes y angustias que comúnmente es llamada transición. Mas aún cuando esos sectores por definición, no dispondrán de los que serán los principales resortes de poder: la nueva elite política (contando en ella a las viejas estructuras que sobrevivan) y el capital, las inversiones que suponemos que circularán en el mercado que se creerá a partir de los cambios. Ese es el caso de los trabajadores.
Quienes aspiran a una sociedad no solamente libre sino democrática y con justicia social, deben impulsar su apoyo a través de lo que se puede llamar “transferencia de tecnología social”.
Se procura este concepto para diferenciarlo de la tradicional solidaridad ejercidas por las organizaciones sindicales y otras organizaciones sociales, donde al final de cuentas y de manera inevitable, se exportan modelos con alto contenido de paternalismo y de política.
Se trata de colocar a la disposición del liderazgo social local, lo que ellos soliciten y estimen como necesario. Transmitir experiencias para su evaluación y en ningún momento pensar que quien llegue de afuera, esta mejor posicionado que el nacional, para decidir las líneas de acción y las estrategias.
Desde este punto de vista, la responsabilidad social de las corporaciones pasa a jugar un papel clave como instrumento de negociación y del establecimiento de las nuevas reglas de juegos a las que será sometido el mercado laboral y la gestión económica en general, las cuales deberán contar con la participación protagónica de los trabajadores y sus organizaciones, si se quiere conducir el proceso hacia el logro de una sociedad mas equitativa.
Entendida la RSC como un deber de todos los actores que participan en la gestión de la producción de bienes y servicios y no como iniciativa voluntaria de los inversionistas. Como una responsabilidad compartida entre empresarios, trabajadores y comunidades afectadas por la gestión productiva, que siente las bases para el establecimientos de principios de equidad, derechos y medio ambiente, negociados y compartidos por las partes, de manera privada y complementaria a lo que en el área política y legislativa, paralelamente se vaya forjando.
Esta noción de responsabilidad social corporativa, debe servir de marco de referencia para establecer los principios básicos de las relaciones laborales y de impacto social, de los más importantes sectores: minería, energía, manufactura, turismo, servicios financieros, de asistencia etc.
Técnicas de negociación colectiva, implementación de sistemas complementarios de seguridad social, (pensiones, salud, educación, turismo social etc.), democracia, organización y gestión económicas de los sindicatos así como, su articulación a nivel regional y mundial, deben formar parte de la “transferencia” propuesta.
En el ámbito internacional, se debe estimular la creación de grupos de apoyos, de organizaciones y países interesados y en capacidad de ejercer una solidaridad efectiva, tanto en la actualidad, como para los diversos escenarios que se registrarán en la etapa de transición.
Basados en esos grupos, debe comenzarse a actuar sistemáticamente sobre actuales y posibles inversores extranjeros. Persuasión, información y consensos deben procurarse a este nivel.
Así mismo, deben contribuir a denunciar en todos las instancias internacionales intergubernamentales y no gubernamentales, la violación sistematizada de los mas elementales y básicos principios de derechos humanos y laborales a los que cotidianamente son sometidos los trabajadores en la Isla, así como, la represión a la que es sometido todo aquel que se disponga a ejercer el mas insignificante de esos derechos. Reclamando a su vez, consistencia ante la universalidad de la violación de los derechos.
Al interior de Cuba, brindar toda la solidaridad a las personas y las organizaciones que conforman la disidencia, es un imperativo político y moral.
Buscar nuevos métodos de acción y alianzas internas, se presenta como una urgencia en el camino hacia el cambio democrático.
Para un cambio de las magnitudes del requerido, no se puede contar solo con aquel selecto grupo de verdaderos héroes que hoy, pese a todos los riesgos materiales y existenciales, asumen el reto de enfrentar la nomenclatura gobernante y toda su red represiva. Ellos deben ser reconocidos y colocados en el lugar que su valor le garantiza en la historia.
El reto es ampliar el radio de influencia de los sectores democráticos y esto solo se logra con mensajes creativos, políticas de amplitud y prefiguración de caminos incluyentes, donde los cuadros medios y de base de las organizaciones sociales existentes, se sientan que serán tomados en cuenta y que lejos de ser penalizados, disfrutarán ellos también de las libertades y el bienestar. El diseño de políticas dirigidas de manera específica a esos sectores, harán la diferencia.
El impulso de reivindicaciones puntuales, concretas que afecten la calidad de vida y la cotidianidad del trabajador común, generalizará la acción de los sectores emergentes y multiplicará el mensaje entre éstos, que es el futuro, la prosperidad y el desarrollo el objetivo de la acción opositora en contraposición a las propuestas retaliatorias.
Después de casi cincuenta años de totalitarismo todo cambio será ventajoso y percibido como progreso, pero debe aspirarse a lo mejor y en el menor tiempo posible.