Sitio oficial del Grupo Internacional para la Responsabilidad Social Corporativa en Cuba

Abril 3, 2007

La Instrucción 40

Juan Carlos Linares

LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Serían las tres de la tarde cuando franqueé la puerta acristalada de la residencia, con climatización central en sus dos plantas, edificada a mediados del siglo pasado en el exclusivo barrio de Miramar. Ahí, en avenida 3ra y 6ta, radica la casa matriz de TRANSCARD, una agencia financiera cubano-canadiense, asociada al consorcio estatal FINCIMEX.

Esperé mi turno sentado hasta que una joven funcionaria me llamó a su despacho. Me senté frente a ella y así le entré al asunto: "Señorita, el depositario mío en los Estados Unidos me comunicó que mi nombre aparece en una lista de personas no autorizadas a recibir transferencias de dinero". Percibí que la frente de mi oyente se había arrugado más de lo normal. Pidió mi tarjeta magnética. Sus manos teclearon el código en el computador y al instante expresó: "Con su cuenta no hay problema. Eso debe ser que allá no saben realizar la transacción".

Intenté objetar su juicio y ella llamó al próximo de la cola. Una reflexión acudió a mi mente: si soy miembro de TRANSCARD desde el año 2000, y recibía ayuda monetaria mensualmente por mi trabajo de corresponsal mediante dicha cuenta, ¿como puede ser que allá no sepan realizar la transacción?

Pensé que para sacar esta verdad por ese cuello de botella necesitaba la ayuda de manos "tecleadoras" más poderosas. Entonces pedí ir con la Gerencia de Remesas. Me permitieron subir a la planta superior y presentarme a una señora de mediana edad, con rango de jefa y nombre, Cecilia. "Dame tu tarjeta", pidió amablemente la jefa. Tecleó mi código, fijó la vista en la pantalla del computador, inclinó la cabeza hacia un lado, sutilmente oprimió los labios, y al fin soltó: "Te están imponiendo la Instrucción 40 del Banco Central de Cuba. Debes ir allá para resolver tu problema económico". Pensé en argumentarle que hacia más de tres meses una veintena de colegas míos -corresponsales independientes- corrían la misma suerte, pero no lo hice.

Al día siguiente, viernes 16 de febrero, me fui a las oficinas del Banco Central de Cuba en la calle Cuba esquina a Lamparilla, en la Habana Vieja. Allí me condujeron al despacho del licenciado Humberto Guerra Pérez-Cuba, un asesor legal de esta institución financiera estatal, el cual me invitó a tomar asiento y, después de escucharme, manifestó desconocer la Instrucción 40. Me pidió mi tarjeta, giró la silla hacia el computador, tecleó y después fotocopió los 16 dígitos de la misma. Leí sobre el buró un pensamiento de José Martí: "Solo obedeciendo estrictamente a la justicia se honra a la patria".

El funcionario leyó el corto informe que había redactado sobre mi caso y me preguntó: "¿quieres agregar algún otro interés personal?". Casi simultáneamente con la respuesta que salía de mis labios, entraron mis manos en los bolsillos del pantalón, ya remendados por mi esposa, y apretando el peso y pico que me quedaba, balbuceé: "Interés económico".

Quedamos en que yo lo llamaría por teléfono en una semana y él me informaría sobre mi reclamación. El jueves 22 lo llamé. Me dijo: "El responsable de la aplicación de la medida es el Comité de Política Monetaria del Banco Central de Cuba. Su queja fue elevada; debe esperar un termino de 60 días para recibir una repuesta".

Una semana después, un colega me avisó que TRANSCARD le había comunicado oficialmente que ellos habían cerrado y que debía solicitar una nueva tarjeta magnética en FINCIMEX. El lunes siguiente, acudí a TRANSCARD donde, a diferencia de lo que le habían comunicado a mi colega, me notificaron que habían finiquitado el contrato, únicamente, con los envíos de Estados Unidos.

Y mientras la espera va y los dos meses vienen, me siguen asaltando las dudas: ¿Qué es la Instrucción 40? ¿Por qué TRANSCARD no nos lo notificó nunca? ¿La susodicha lista, habrá sido tecleada por la Seguridad del Estado? ¿Y mi dinerito?...

Moratinos no toma en serio a la oposición cubana

Wenceslao Cruz Blanco, Madrid

Unión Liberal Cubana, España, 3 de abril de 2007.

http://www.cubaliberal.org/

Precisamente fue un socialista, el diputado Ramón Jáuregui, quien alertó el año pasado a los empresarios sin escrúpulos que invierten en la isla y al gobierno de España sobre las «partidas al Debe» que generan sus actuaciones a favor de una dictadura y en perjuicio de los trabajadores y el pueblo cubano. Un Debe, por el que el pueblo cubano, llegado el cambio, pasará factura.

Si para Moratinos el diálogo es lo fundamental para solucionar los problemas ¿Por qué no dialoga con la oposición cubana? El problema de Cuba precisamente es ese, el de una dictadura que se mantiene gracias a no dialogar, a un gobierno que no se somete a unas elecciones democráticas, el mejor ejemplo de legitimación y de diálogo es ese y sólo ese.

No se puede decir que se está a favor del “diálogo” si lo único que se hace es promocionar el monólogo de una de las partes. Moratinos no fue a promover el diálogo «abierto y franco» sino a afianzar en las “Zonas Francas”* de Cuba a empresarios que incumplen las normas de la OIT (Organización Internacional del Trabajo).

Llevar como interlocutor al Sr. Javier Sandomingo, que ha puesto en duda en público el estado de extrema gravedad en que se encuentran algunos presos políticos, aparte de resultar ofensivo es hasta incomprensible. Intentar limpiar la postura pro dictatorial del actual gobierno español llevando como representante en el “acercamiento” con los opositores a alguien que no les cree y los cuestiona en importantes foros internacionales, sólo puede ser explicable – y las circunstancias y los hechos lo demuestran – por un desprecio hacia los demócratas cubanos.

Son muy fuertes las raíces que unen a Cuba con España, para ser exactos, somos la misma raíz. Y es precisamente por eso que resulta muy doloroso el apoyo que pretende darle el actual gobierno español al castrismo ante la Unión Europea. El castrismo ha sido y es como una enfermedad que ataca nuestro árbol. Una enfermedad que ha atacado y secado muchas ramas, tanto españolas como cubanas. Seguir intentando convivir con ella sólo podrá traer consigo que el mal acabe por destruirlo y, entonces, ya no habrán ramas y hojas que quieran seguir alimentando nuestras raíces.

* Espacios dentro del territorio cubano, delimitados y sin población residente, de libre importación y exportación de bienes, desvinculados de la demarcación aduanera, donde se llevan a cabo actividades industriales, comerciales, agropecuarias, tecnológicas y de servicios, con aplicación de un régimen especial

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