Sitio oficial del Grupo Internacional para la Responsabilidad Social Corporativa en Cuba

Mayo 21, 2007

Yunque y martillo

Jorge Olivera Castillo, Sindical Press.

LA HABANA, 21 de mayo (www.cubasindical.org) - Los decretos son toscos, atonales, regularmente paridos por la ortodoxia. Llevan dentro el espíritu de la arrogancia, los ímpetus de algún aprendiz de verdugo, es el estilo que usan quienes presumen de ser reyes de una matemática basada en la resta y la división.

Sin generalizar, esa es la tónica del ritmo que se baila en Cuba. La isla donde se legisla con el yunque y el martillo. Ahí se generan las disposiciones para mantener la finca en orden. No hay espacios para preguntas, mucho menos para expresiones críticas.

Con el mandato de turno, aparece una sugerencia implícita: Le rogamos el mayor de los silencios, reza la máxima invisible entre párrafo y párrafo, pero que la mayoría lee al instante y cumple con rigor de monje.

Claro que hay un resquicio para el murmullo y otras maniobras para hacer catarsis a partir de las proscripciones. Es la protesta en ciernes que no excede de su edad fetal. Se queda deforme y sin posibilidades de alcanzar ni tan siquiera la madurez de la pubertad.

Éste es el código que rige en un país que anuncian como un territorio libre y culto.

Bajo tales premisas Yahoo, el famoso sitio web donde es posible acceder a una fuente inagotable de información, quedó excluido de la radio y la televisión cubanas.

A través de un comunicado se oficializó la medida que deja a los antiguos clientes a merced de la ignorancia. ¿Cómo un periodista podrá realizar un reportaje de calidad con el portazo y los nuevos candados? . De hecho, la compatibilidad del ejercicio de un buen periodismo con el rígido sistema ideológico que existe en Cuba, es nula.

Por otro lado, es irrealizable una labor de excelencia en el plano tanto informativo como en los géneros de opinión, privado de Yahoo, Google y otros sitios electrónicos que facilitan datos y hechos dados en consolidar un trabajo que pueda aumentar la atención de los lectores.

El partido comunista hace sus amarres y no son con sogas, para amenizar el ambiente trae el sonido de las cadenas, cerrojos de hierro puro y un portón gótico copiado del castillo donde cobró vida Frankestein, el célebre monstruo ideado por Mary Shelley en la segunda década del siglo XIX.

La cordura se va de paseo. Es obvia la partida porque se acercan tiempos que multiplican en el aire el olor a tragedia.

Se quiere maniatar al futuro, darle notoriedad al yunque y ponerle cabo nuevo al martillo.

Internet, no pertenece a está época donde la libreta de racionamiento es algo que ilustra los amplios márgenes de pobreza, los basurales dictan pautas en el diseño del ornato, cada vez más personas duerme a la intemperie y los salarios de cualquier trabajador sirven para llorar o para reír según el estado de ánimo del receptor. Valga la aclaración, que la risa no es por júbilo es de penas e impotencia. Con 13 dólares al mes basta para sentir la aspereza del grillete, la presión del cepo y el aire enrarecido del barracón.

Los próximos decretos deben estar en la fragua. Pronto saldrán a la palestra. ¿Anunciarán más recortes alimentarios?, ¿pondrán como obligación hacer actos políticos semanales a nivel de cuadra?, ¿decretarán la obligación del estudio de la obra de Mao Zedong en las escuelas, a instancias de las calurosas relaciones con Pekín?

Cualquiera diría que estoy bromeando. Se equivoca, he sido y aún soy espectador de una historia que trato de describir lo más objetivamente posible.

Una tarea difícil. El absurdo es un parámetro fijo, una ley, el decreto que regula la vida en Cuba. ¿Un país o un manicomio?

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