Junio 6, 2007
Jorge Olivera Castillo, Sindical Press.
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubasindical.org) - Ego, voluntad, petróleo para engrasar los dispositivos del populismo en intramuros y lograr complicidades y silencios allende los mares, frases puntuales con las cuales se articulan las cercas para el rebaño. Todo eso y más en la escena venezolana
Es parte de la utilería que Hugo Chávez despliega en función de construir otro santuario para los que aún lloran a Vladimir Ilich y a Iósif, el campesino georgiano que sembraba el terror con exquisitez científica en la Rusia bolchevique de la primera mitad del siglo XX y lo exportaba, sin aranceles, más allá de sus fronteras.
Lenin y Stalin son los paradigmas del chavismo, aunque eche mano al legado de Simón Bolívar, la emblemática figura en la historiografía nacional, para salvar las apariencias.
En el sustrato del llamado nuevo socialismo, proclamado con vehemencia por el hombre fuerte de Caracas y sus adláteres, se puede divisar un fin, que pese a las fintas de la retórica y otros disfraces puestos a disposición de la obra, es ajeno al fundamento democrático y abiertamente hostil a los pilares que sustentan el estado de derecho.
Existe además una inspiración que dada su cercanía geográfica, cultural, idiosincrásica y lingüística se convierte en un elemento que refuerza la predominante tesis sobre la posibilidad de construir en Venezuela, un centralismo a ultranza que barra con el pluralismo político, la sociedad civil y las libertades fundamentales, con énfasis en la clausura de los medios de comunicación críticos. Cuba, es el referente, el ejemplo, la fuente de donde parten apoyos que van del envío masivo de médicos y asesores deportivos a zonas habitadas por personas de bajos recursos a cuestiones más sensibles como las que atañen al diseño y consolidación de mecanismos de control social, aspecto en el que el régimen de la habana muestra un expediente de lujo.
A pesar de que para un análisis certero en algunas áreas, carezco de vías a través de las cuales investigar, en toda su magnitud, la vinculación intergubernamental entre ambos países, es obvia la existencia de una retroalimentación que prioriza la creación de soportes que superen la soberanía venezolana y vayan camino a fomentar un esquema geopolítico dominado por una izquierda anti-capitalista y enemiga de los asuntos intrínsecos a una sociedad civilizada como son el pluralismo, la tolerancia y los necesarios contrapesos institucionales.
Es indudable que Chávez cuenta, tras 8 años en el poder, con capital político para continuar su paso hacia lo que verdaderamente busca.
Asume poses de Robin Hood. Tal como hacía el personaje recreado en las baladas inglesas de finales del siglo XIV, se anuncia como el redentor de los pobres, los colma de esperanzas y les da nuevos matices a sus paupérrimas realidades. Un poco de alimento, asistencia médica gratuita, posibilidad de salir del analfabetismo en pocos meses.
El ex – teniente coronel, asume la presidencia en plena alza de los precios del petróleo, algo que se mantiene y le brinda la cobertura para seguir sus planes de dominio regional. Sale a subastar regalías, proponer convenios ventajosos, brindar préstamos sin el lastre de los intereses a corto plazo. Petrodólares a montones en el Caribe, Centro y Suramérica y hasta en el Medio Oriente, Europa y Estados Unidos.
Vienen las alianzas, el contubernio para plantar la semilla de ese socialismo supuestamente novedoso y justo. La misma dictadura del proletariado ahora bajo el ropaje de una oralidad de otro caudillo que no vacila en romper el dramatismo de un discurso con una canción autóctona. Es el estilo de Chávez, llano e incendiario. El presidente que declama un poema épico, repite el estribillo de un bolero y llama a una guerra contra el imperialismo en el mismo registro de tenor que exhibe en cada alocución.
La democracia en Venezuela tenía agujeros, algunos de un diámetro demasiado visible. Por ahí entró quien en 1992 quiso desbancar al entonces presidente Carlos Andrés Pérez con un golpe de estado.
En 1994, indultado por el mandatario Rafael Caldera, persistió en sus propósitos y en Febrero de 1999 juraba como el nuevo inquilino del Palacio de Miraflores.
Con las clases sociales pobres y sectores de la clase media, ha ido tejiendo una base que le proporciona cierta legitimidad a sus excesos. Ya controla el poder legislativo, la judicatura, la comisión nacional electoral, la industria del petróleo y se embarca en la creación de un partido único.
Por último hizo desaparecer a unos de los medios de comunicación más antiguos del país, Radio Caracas Televisión (RCTV). Por decreto, le negó la renovación de la licencia bajo la acusación de manipular y distorsionar la realidad del país.
En su lugar situó a una emisora sufragada con dinero del estado que según ha dicho refleja la voluntad popular y se ajustará a informar objetivamente a los venezolanos.
El control se refuerza, pero es muy posible como vienen asegurando diversas personalidades de relevancia internacional y prestigiosas organizaciones que defienden la libertad de prensa, éste sea unos de los errores más costosos para el aspirante al poder vitalicio.
El ascenso a las cumbres del absolutismo podría ser, a partir de ahora más lento. Creo que Chávez anda descaminado en sus afanes de extender el ejemplo de la era de Fidel Castro por el mundo. Son otros tiempos. Otras las circunstancias que impedirán proyectar un modelo similar al que todavía rige en Cuba, tras 48 años de dominio.
La amenaza de clausurar Globovisión, un medio televisivo que presenta un perfil crítico hacia las políticas del gobierno cerraría un ciclo en la actuación de Chávez.
Para entonces subirían las expectativas de que el mandatario de marras se convierta, a corto plazo, en un cadáver político. La utopía que anhela con tanto fervor no solo puede quitarle los resortes de mando, sino que podría constituirse en su abismo.
De una caída a esas alturas, usualmente nadie queda vivo. Mucha atención, un accidente es posible.