Sitio oficial del Grupo Internacional para la Responsabilidad Social Corporativa en Cuba

Julio 9, 2007

Del surco a la gloria

Jorge Olivera Castillo, Sindical Press.

Hay sospechas. Evo Morales podría ser un demagogo común y corriente. Le han puesto una lupa sobre el patrimonio que detenta desde que es el presidente de Bolivia, uno de los países más pobres de Sudamérica. La preocupación se origina en la dicotomía de proclamarse un paladín de la austeridad, recortar los salarios de los funcionarios públicos y por otro lado incurrir en facturas que lo elevan al altar de la burguesía.

No se sabe la procedencia de parte del dinero que gasta, por eso las pesquisas y el deseo de despejar las dudas cuanto antes. Son las reglas de la democracia. El sistema que el presidente indígena quiere remover utilizando algunos de los mecanismos legales.

Morales apela al socialismo como el modelo ideal para sacar a Bolivia de la pobreza. Estructura un programa de nacionalizaciones, reformas constitucionales, y todo un andamiaje para consolidar sus ideas muy influenciadas por sus homólogos de La Habana y Caracas.

Mayor control, poderes omnímodos para convertir las leyes en palabras muertas y a los decretos en pilares del nuevo orden. Estas son algunas de las tácticas que marcan el devenir de una estrategia donde la impunidad partidista, la corrupción estatal y el elitismo, ahora de raíces aymaras, tienden a ser legitimadas por una faceta populista que cuenta con no pocos dividendos y la voluntad, estimulada allende las fronteras, de alterar el mapa geopolítico a escala continental.

Aunque se diga lo contrario, la centralización del poder es el caldo de cultivo para el descontrol, el enriquecimiento ilícito a partir de las arcas del estado y la entronización de políticas inviables a largo plazo.

En la Cámara de Diputados del país andino suena la alarma. El sonido podría compararse con el que precede a las tormentas. Se asegura que Evo Morales gastó alrededor de 182 000 dólares en sus recientes viajes a Venezuela para asistir a la inauguración de la Copa América y a Cuba para visitar a su amigo y aliado Fidel Castro. En la nota cablegráfica, donde se refleja el malestar en amplios sectores de la oposición, se añaden datos reveladores que ponen al presidente a la defensiva.

El diputado Arturo Murillo, del centrista Partido Unidad Nacional, no anda con medias tintas. Tiene un abultado cuestionario de preguntas para algunos miembros del ejecutivo. Entre las interrogantes figura el origen de los 96 000 dólares gastados en el alquiler del avión usado por el mandatario boliviano en una visita de 24 horas que realizó a Cuba el pasado 2 de Junio. Además, a tono con las palabras del denunciante, el costo operacional y de mantenimiento de los dos helicópteros cedidos por Hugo Chávez, en calidad de préstamo, a su par boliviano asciende a 1 500 dólares por hora.

La pelota pica en el lado del gobierno, veremos si la pueden devolver con un golpe magistral o si definitivamente quiebra la red de la raqueta.

De hecho, no creo que sean invenciones malintencionadas. Sería insensato y ridículo, dar curso a una mentira en un órgano representativo de vital importancia en un momento en que la pugna política se torna cada vez más enconada.

De ser ciertas las acusaciones, no me extrañarían. En Cuba gobierna una burguesía aunque use el disfraz leninista de la dictadura del proletariado.

Igualmente se proclaman socialistas, pregonan la igualdad de clases, criminalizan la propiedad privada y utilizan el nacionalismo como maniobra para dar lustre a una pretendida legitimidad.

Hace exactamente 50 años de la publicación de La Nueva Clase. Un libro en el que el yugoslavo Milovan Djilas reflejó las fechorías cometidas por el poder comunista tras la sombra de los discursos y otros medios de manipulación.

No recuerdo quien fue su autor, pero valga recordar la máxima que afirma: el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Lo más peligroso, de ser comprobadas la existencia de irregularidades, es que Evo aún no es el cacique de Bolivia.

Si algún día alcanza tal notoriedad, ya no habrá espacio para ponerlo en tela de juicio. Los contrapesos del poder serán historia del pasado.

Los recuerdos de aquel humilde líder cocalero, ¿se los habrá llevado el viento?

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