Septiembre, 2007
Reinaldo Cosano Alén, Sindical Press
LA HABANA, Cuba (www.cubanet.org) - Es incongruente que la empresa telefónica ETECSA haya instalado un apreciable número de teléfonos públicos, y hace alrededor de un año no pone a la venta las tarjetas prepagadas magnéticas en moneda nacional, perjudicando la comunicación de quienes utilizan este método por no poseer línea telefónica propia.
Aunque las tarjetas pueden ser recargadas por un tiempo mayor, tienen un plazo fijo de vencimiento que no admite nuevos recargos, y el poseedor, como no puede comprar otra nueva, pierde la posibilidad de comunicación.
Agrava esta situación el hecho de que los pocos teléfonos públicos que funcionan con monedas sólo permiten llamadas de urgencia a los hospitales y la policía.
La falta de teléfonos públicos perjudica no sólo al transeúnte, sino a todos los que no tienen el aparato en sus casas.
En Cuba, el número de teléfonos instalados es risible, si se compara con el índice poblacional. Es una práctica generalizada, consentida o no, el empleo del teléfono de los centros de trabajo para comunicarse con la novia, el novio o un familiar, circunstancia que entorpece la comunicación de la oficina, la fábrica o la escuela, porque siempre el número está ocupado. Esta práctica alcanza a los vecinos del lugar que no poseen línea telefónica, y van a llamar a los centros laborales o de estudio.
Aunque ETECSA tiene prohibido a particulares conceder extensiones telefónicas a los vecinos, el asunto se le va de las manos, porque se pasan cables ocultos de una a otra vivienda, o mediante teléfono inalámbrico, lo que no siempre es posible porque los teléfonos de ese tipo no sobrepasan los veinte metros de alcance.
Para aspirar a un número telefónico el solicitante tiene que someterse a una confrontación pública. Deberá demostrar en la asamblea de vecinos, en competencia con otros necesitados, que reúne suficientes méritos políticos, laborales y ciudadanos para aspirar a un teléfono. Está prohibida la existencia de dos líneas en una misma vivienda, y el titular tiene el derecho al traslado si decide abandonar la vivienda y no hay reclamación posible por otra persona. Si fallece, el trámite es otro.
Como norma humanitaria, a los discapacitados se les concede el derecho a teléfono propio, y con menos regulaciones a los enfermos de SIDA, que se evitan el penoso proceso de la asamblea.
A ninguna persona que se manifieste en desacuerdo con el régimen se le otorga el teléfono. Tampoco a los miembros de algunas entidades religiosas.
La telefonía móvil tiene otro rango. Sólo los altos funcionarios del gobierno tienen acceso a esta vía de comunicación. El cubano debe contar con el apoyo de un extranjero o de algún amigo o familiar residente fuera del país para firmar el contrato con ETECSA, y pagar en moneda convertible. Las tarjetas magnéticas para el uso de celular, de diferentes precios en divisa, nunca escasean.
En el país se ha aumentado un dígito a los teléfonos con vistas a aumentar el número de titulares. Quizás esto mejore la situación y existan menos incongruencias en la telefonía cubana.