Septiembre 3, 2007
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba – Agosto (www.cubasindical.org) - Semanas atrás, la televisión cubana mostró un reportaje sobre la vida y los resultados del trabajo del campesino camagüeyano Nicomedes Pérez. Se trata de un hombre que hace unos 11 años se trasladó con su esposa Lourdes Velicot al campo desde la capital agramontina, para iniciar una nueva vida en un área rural. La tierra obtenida estaba incultivada y llena de malezas. Pero este hombre la ha convertido en un verdadero vergel con su ardua labor, según pudo apreciarse en el reportaje televisivo.
Hoy trabaja 8,75 hectáreas, sembradas de 6 500 matas de guayaba, 1 300 de aguacates, 20 000 de plátano, y otras de guanábana, níspero y chirimoya, una fruta desconocida por la mayoría de los cubanos actualmente. En su finca La Piedra, este pequeño agricultor entregó más de 20 000 quintales de viandas, vegetales y frutas al Estado en 2006, y para el presente año ha realizado un compromiso de entrega de 21 000 quintales (un quintal equivale a 100 libras, aproximadamente 46 kilogramos). Paralelamente, tiene una pequeña industria de producción de conservas; cría peces de agua dulce llamados clarias, y pletórico de entusiasmo se prepara para iniciar la producción de tilapia roja, un pez de mayor calidad, entre otros proyectos.
Los éxitos de Nicomedes Pérez se repiten por otros campesinos, que en sus pequeñas extensiones de tierra son altamente eficientes, a pesar de la carencia de recursos y las trabas burocráticas impuestas por el gobierno.
En estos momentos, el sector cooperativo campesino, conformado por las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS) y productores individuales dispersos, más las Cooperativas de Producción Agrícola (CPA), poseen sólo el 27,0% de la superficie agrícola del país al cierre de 2006, mientras realizan el 65,0% de la producción agropecuaria nacional, de ello tabaco 95,0%, carne porcina 71,0%, viandas y tubérculos 60,0%, hortalizas 62,0%, maíz y frijoles 88,0%, frutales 60,0%, entre otros.
Al mismo tiempo, los campesinos particulares, agrupados fundamentalmente en las CCS, con el 18,2% de la superficie agrícola, únicamente tienen ociosa el 5,4% de esa área. Las CPA, constituidas mediante la unión de las tierras y medios de producción de campesinos, gestionan el 8,8 % de la superficie agrícola, pero por lo regular con considerable menos eficiencia que las CCS y otros campesinos privados, a causa esencialmente de los obstáculos creados por el intervencionismo estatal.
En una situación muy distinta se encuentran las tierras estatales agobiadas por una improductividad sumamente alta, con más de un millón de hectáreas ociosas, las cuales representan el 21,5% de la superficie agrícola administrada. Entre las instituciones estatales, se encuentran las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), creadas burocráticamente en 1993, hoy con una superficie agrícola de 2,5 millones de hectáreas distribuida entre 1541 unidades, de las cuales sólo el 44,0% eran rentables a finales de 2006. Las UBPC se caracterizan por la falta de autonomía, dificultades con la capacidad de compra, crónico déficit financiero para acometer inversiones, poca garantía de recursos y excesivos cobros por parte de las empresas suministradoras, entre los males que las han asfixiado desde su creación.
Adicionalmente existen en el área estatal 2,3 millones de hectáreas de superficie agrícola administradas por diversas instituciones, también caracterizadas por el alto índice de ineficiencia, entre lo que se destaca un 26,0% de tierra ociosa.
El problema de la improductividad no sólo responde al 1,2 millones de hectáreas de tierras baldías, especialmente estatales, según estadísticas oficiales, sino también está presente en las áreas de pastos naturales (35,2% de la superficie agrícola total), en gran parte cubiertas por malezas a causa del abandono existente durante años. A este tétrico cuadro se suman los bajos rendimientos en las áreas cultivadas, resultante en una producción agropecuaria endeble, y que actualmente se importe en Cuba el 84,0% de los alimentos necesarios en la canasta básica de la población, de acuerdo con cifras oficiales.
De los datos anteriores puede apreciarse que mientras el sector privado agrupado fundamentalmente en las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS), a pesar de todos los problemas y obstáculos que afrontan, constituye la fuerza más dinámica de la agricultura cubana, el sector estatal se caracteriza por ser altamente improductivo y un saco sin fondo donde se pierden los recursos. Por tanto, se llega a la conclusión de la necesidad de un reordenamiento de la propiedad agraria, que podría comenzar por la entrega en propiedad de las más de un millón de hectárea de tierras ociosas existentes a personas que deseen ponerlas a producir. Asimismo, deberían desviarse los recursos actualmente entregados al sector estatal hacia esos nuevos agricultores a través de políticas crediticias creativas.
De aplicarse esa política, en un período relativamente corto los campos cubanos florecerían, como lo lograra Nicomedes Pérez en su finca La Piedra, con beneficio para los esforzados agricultores y para todo el pueblo cubano que podría disfrutar de abundantes alimentos a precios accesibles. En adición, la economía se libraría de la importación anual de más de mil millones de dólares en productos agropecuarios absolutamente obtenibles en su mayoría por nuestros hombres de campo.