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Noviembre 13, 2007

Remedio amargo

Jorge Olivera Castillo, Sindical Press.

LA HABANA, Cuba – Noviembre (www.cubasindical.org) - El sello de garantía es la muerte. El alivio, la recuperación, el retorno al hogar sano y salvo están facturados con los mismos componentes de los milagros. Esas zozobras son las que asaltan a los pacientes del hospital Calixto García, uno de los más antiguos de la capital y hoy convertido en una zona muy distante de lo que a ética y eficiencia se refiere.

El tema podría ser recurrente, pero es oportuno detallar otras experiencias que engrosan el expediente de desastres dados en amargarle y hasta acabarle la vida a decenas de personas internadas en estas franjas oscuras de la “revolución”.

Uno de los flagelos que soportan los enfermos, es la carencia de personal calificado. Ausencias e impuntualidades motivadas por falta de incentivos unidas a un relajamiento de la disciplina laboral donde son naturales las posturas marginales, entre ellas el uso de ropas provocativas y de un vocabulario excesivamente escatológico, dan paso a la entronización de la indiferencia y la apatía en un sector donde la sensibilidad debería constituir un aspecto puntual.

Los índices de deserción se mantienen altos estimulados por un clima de rupturas donde el mal aprovechamiento de los recursos,  la ausencia de mínimas condiciones para un desempeño profesional, los deficientes niveles de atenciones al trabajador en lo referido a alimentación, pagos y transporte, incentivan la degradación de lo que todavía el régimen presenta como uno de sus logros.

Entre la suma de calamidades, es proverbial el hermanamiento entre el hospital y el vertedero. Casi todos los centros del país dedicados a los cuidados de salud exhiben características muy afines a las que existen en una villa-miseria. Aguas albañales, mal funcionamiento o ausencia de servicios sanitarios, mugre en pisos y paredes, falta de instrumentos y personal para la limpieza, son el denominador común.

Hace apenas unos días, una pariente pudo salir airosa de su percance de salud. Estuvo una semana ingresada en una de las mejores salas del referido hospital, según la opinión de una enfermera. De ser cierta la afirmación, no quisiera observar el resto de estos depósitos de enfermos.

Del techo, filtraciones. Del baño, tupición permanente. El desayuno y el almuerzo a destiempo, desabrido y escaso. ¿Agua? pues a confeccionarla con las neuronas. Hay serios problemas con el abastecimiento sin que se vislumbre una solución en breve.

Aunque resulte increíble, hubo que solicitar el servicio de un amigo que posee automóvil para llevar a mi pariente a hacer sus necesidades fisiológicas y a bañarse a su casa. “No hay quien entre al servicio, imagínate que los pacientes de la otra sala también lo están utilizando y no lo limpian hace tres días”, alegaba con la determinación de primero reventarse antes que acceder al pequeño infierno. La orina la evacuaba en un recipiente y con posterioridad el acompañante (mi esposa), la vertía, al borde de las náuseas, en el inodoro rebosante de excrementos.

Por fortuna sólo permaneció una semana bajo los auspicios de una catástrofe que amenaza la vida de quienes no les queda otra alternativa. La estadía en un hospital en Cuba no es sinónimo de rehabilitación o mejoría. Muchas personas mueren por negligencia de facultativos y paramédicos, o empeoran a partir del entorno poco propicio para recobrar la salud.

No sólo hay que cuidarse de las fallas aquí señaladas. También es preciso mantener la vigilia por los robos que ocurren a diario. Con el ingreso hay que llevar sábanas, ventilador, almohada y cubos entre otros enseres que elevan la tentación de los cacos.

Por cierto, de los nuevos colchones con que habilitaron el hospital, los ladrones han hecho una excelente cosecha.

Hace tres años que comenzaron las obras de construcción con vistas a renovar y reparar el “Calixto García” y no es posible observar un avance en correspondencia con el desembolso de los recursos. “Todo se lo han llevado, no hay control, esto es un relajo”, me aseguró un médico con todo el pesimismo del mundo.

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