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Febrero 5, 2008

¿Volverá Kirchner a la carga?

Reinaldo Cosano Alén, Sindical Press

LA HABANA, Cuba, febrero (www.cubanet.org) – El anuncio en Buenos Aires de que el ex presidente Néstor Kirchner viajará a Cuba en marzo como mediador en el caso de la doctora Hilda Molina, hace pensar una vez más en la negativa del régimen de permitirle la salida en compañía de su anciana madre.

-¿Qué especialidad te gusta? –preguntó Fidel Castro a Hila Molina Morejón, entonces el mejor expediente de su curso en la Escuela de Medicina, en una de las visitas del gobernante a la Universidad de La Habana.

-Neurocirugía, desde niña soñé con ser cirujana de la cabeza –respondió Hila, nerviosa.

-¡Ah, Neurocirugía! Pero así, tan chiquita, con esas manitas –bromeó Castro.

Con esas manitas Hilda Molina se convirtió en 1987 en la primera mujer del mundo en realizar con éxito un trasplante de tejido cerebral, y desarrolló una intensa actividad científica que le dio fama mundial.

Con apoyo estatal, fundó el Centro Médico Internacional de Restauración Neurológica (CIREN) en 1988, del cual fue directora.

Por los honores y medallas recibidos, Hilda Molina fue electa el 1993 miembro de la Asamblea Nacional del Poder Popular. En 1994 el gobierno, necesitado de divisas, ofreció los servicios del CIREN a pacientes extranjeros y envió a los cubanos a un edificio viejo, con el propósito de ganar capacidad de camas y alejarlos de los extranjeros.

La doctora Hilda Molina me contó que esa discriminación impactó mucho sus conceptos revolucionarios, humanistas y cristianos, y se opuso a la segregación de los pacientes cubanos.

“Dirigentes del Ministerio de Salud Pública trataron de convencerme, pero continué firme en mis cuestionamientos. Les dije que construyeran otra clínica para extranjeros, pero que el CIREN se había construido para los cubanos. Finalmente la disyuntiva: aceptar las imposiciones al CIREN, o renunciar. Renuncié al CIREN y a la Asamblea Nacional. Devolví las condecoraciones. Soy la única persona que ha renunciado a la Asamblea, algo insólito, porque en Cuba renunciar a un alto cargo es cometer un delito de traición que jamás se perdona” –expresó la doctora.

Quienes se atreven a tanto son tratados con mucha dureza.

Huber Matos, comandante del Ejército Rebelde, fue nombrado jefe del regimiento de Camagüey después del triunfo de la revolución en 1959.  Inconforme con el rumbo comunista que tomaba el gobierno, mostró su descontento, y en comunicación privada, renunció a su cargo. Acusado de traición, fue detenido, juzgado y condenado a veinte años de prisión, que cumplió hasta el último día.

Roberto Quiñones Molina, hijo de Hilda, también especialista en Neurocirugía, encontrándose con su esposa en una conferencia en el exterior, en 1994, se dirigió a Argentina, radicándose en ese país, donde nacieron sus dos hijos que Hilda y su anciana madre no conocen porque las autoridades cubanas no les permiten salir del país.

El doctor Quiñones fue recibido en 2004 por el presidente Néstor Kirchner, a quien solicitó interceder ante el gobierno cubano a favor de sus madre y abuela. Kirchner trasladó la petición, pero no hubo respuesta, sino enfriamiento en las relaciones diplomáticas de Cuba y Argentina.

Kirchner intentará en marzo, si La Habana lo permite, una nueva carga en la batalla de Hilda Molina, que dura ya una década, y que tiene un solo objetivo: reunirse con su familia.

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