Febrero 12, 2008
Jorge Olivera Castillo, Sindical Press.
LA HABANA, Cuba – Febrero (www.cubasindical.org) - Hugo Chávez puede arder. Sigue lanzando fuegos de artificio a diestra y siniestra. Su proyección devela el talante de pirómano contumaz. Ha quemado toda su cordura en casi 10 años de presidencia. Persiste en arrojar verbos incendiarios desde el púlpito o afincado en su otro trono: el programa radial Aló Presidente.
Lo mismo suelta unos chispazos contra George Bush que le fríe la conciencia a Alvaro Uribe. No mide las consecuencias. Habla sin control, amenaza con terquedad, posa como un César, canta, brinca, ofende, delira, en sus largas peroratas.
Insiste en vender la idea de que jugar con candela es una excelente terapia. Un pasatiempo más allá del circo y de otras instancias donde el truco es el eje central del espectáculo.
Busca, a toda costa, tarugos, payasos, equilibristas y nigromantes para ampliar su nómina. Ensaya una revolución que comience en Caracas, la capital de su futuro imperio, y termine en las Polinesias. Cursa invitaciones gratis para que vayan a ver la maestría de sus diatribas, el impresionante registro de la chabacanería, la ordinariez en su máxima potencialidad.
Toda conquista es posible dentro de su cerebro anegado de sueños napoleónicos. El socialismo de un solo partido en Venezuela lo da como un hecho a consumarse antes de que expire su mandato en el 2013. La preeminencia económica y política en Sudamérica y el Caribe es algo que acaricia con amor platónico. El liderazgo en una guerra que pondrá de rodillas a los Estados Unidos lo convierte en un perpetuo rehén del insomnio.
Desafortunadamente no consigue romper con el mundo de las ilusiones. Sólo allí se afianza la creencia de que la civilización debe contar con un nuevo Mesías. Aunque nunca lo haya expresado, no se podría descartar algún susurro de la providencia con el fin de nombrarlo como salvador de la humanidad.
Al abordar el desempeño de una persona tan controvertida y dada a desdoblamientos que trazan señales muy definidas en cuanto a serios desórdenes psicológicos, se corre el riesgo de caer en descripciones que pueden oscilar entre la alarma y el sarcasmo.
Hace unos días Hugo Chávez anunció la hipotética suspensión de los envíos de combustible a Estados Unidos como réplica al posible congelamiento de 12 000 millones de dólares de los fondos de Petróleos de Venezuela (PDVSA).
El origen del conflicto se asienta en la nacionalización de un proyecto de explotación petrolera, por parte del gobierno venezolano, donde tomaba parte la transnacional norteamericana Exxon-Mobil.
Firmado en 1997, en el contrato se incluían varias empresas, entre ellas ExxonMobil, una subsidiaria de British Petroleum (BP) y PDVSA. El acuerdo no expiraba hasta dentro de 35 años.
El posible embargo de activos al monopolio estatal de Venezuela ordenado por tribunales internacionales ha sido el detonante de un nuevo berrinche del líder bolivariano.
Es difícil que Hugo Chávez corte el suministro de combustible hacia los Estados Unidos. Es sabido que éste país absorbe cerca del 90 % del oro negro sacado de los pozos de la nación latinoamericana. Además de crear una seria distorsión en el mercado que derivaría en una crisis con mayor incidencia en los países subdesarrollados, ¿Cuál sería el margen de maniobra de Chávez, al perder un cliente de sobrada solvencia? ¿Quién puede creer que una economía con fuertes desequilibrios y notables problemas estructurales podría soportar el cese de unos pagos multimillonarios a razón de un comercio con el sello de la garantía?
El barril a 200 dólares que proclama el gobernante de Venezuela como represalia al diferendo con las transnacionales, forma parte de otro ciclo de guaperías sin más sentido que crear alborotos mediáticos.
No hay que exprimirse los sentidos para determinar el fracaso del huésped del Palacio de Miraflores. Durante su mandato han crecido, en espiral, los índices de delincuencia, el desabastecimiento, la burocracia y la corrupción.
Los síntomas de ingobernabilidad son evidentes. Por otro lado sabe que no está asegurado el triunfo del chavismo en las elecciones regionales a celebrarse el próximo Noviembre.
Ya salió trasquilado en sus intentos de crear la base legal para una dictadura a través de la reforma de la Constitución.
A pesar de todo Hugo no despierta, sigue como un sonámbulo entonando el lenguaje de la guerra. Le engarza vituperios al Rey de España, habla en el podio de las Naciones Unidas como si estuviera en una sabana contigua al Orinoco rodeado de animales silvestres, trata de organizar un ejército conjunto con el presidente de Nicaragua para enfrentar a Estados Unidos y entona bolerones en el púlpito con la vehemencia de un profesional en la plenitud de un concierto.
Si es que llega al final de mandato, no será recordado por excelencia alguna.
Demasiado basto y sorprendentemente torpe para trascender en la política. Sus candelitas pueden hacer explotar la tolerancia de muchos ofendidos.
La Exxon-Mobil podría ser el polvorín que determine la deflagración. De sus locuras solo quedará el humo y si acaso un polvo negro disoluble en el viento. Hugo Chávez será un mal recuerdo. Quizás un hombre inmerso en las soledades que crecen en los márgenes de las derrotas. Fabricarle un destino mejor es imposible. Juega con fuego a diario. Hasta un día.