Abril 3, 2008
Juan Tomás Sánchez
A los 50 años de la revolución, Raúl Castro descubre que se necesitan reformas ''estructurales''. Las reformas que ha anunciado es el equivalente de tomar esa maquinaria maltratada, despojada de alma de trabajador y agricultor, oxidada y sin futuro, y proponer como reforma estructural el ponerle banda blanca a las ruedas y cambiarle el emblema del capó.
La reciente promesa de reestructuración de los medios de producción agrícola en Cuba por Raúl Castro merece un análisis, ya que recibe gran relevancia en los medios naturales para las noticias que salen de Cuba. Raúl puede seguir amarrando a Cuba en el modelo de Camboya y algo de Haití y luego, después de 20 años, ver si él nos lleva al modelo vietnamita y chino. El otro modelo sería llevarnos directamente y sin tropiezos por el camino de Costa Rica y Chile, que son caminos por los que ya hemos transitado con ejemplar éxito económico y social.
La revolución encontró en 1959 una maquinaria de producción agrícola moderna muy generalizada en el territorio nacional y en un fuerte crecimiento, y modernizándose constantemente a la par de la centenaria industria azucarera. Según el estudio del economista cubano Alberto Arredondo (1912-1968), Reforma agraria, la experiencia cubana, Editorial San Juan, Puerto Rico, 1969, con la valiosa colaboración de los Drs. Mario Villar Roces y Guillermo G. del Mármol, casi todos recogidos del Estudio sobre Cuba de la Universidad de Miami de 1963, nos informa:
• Las importaciones alimenticias en 1957 representaron el 19.7% de las importaciones totales de Cuba por valor de $145.7 millones (cuadro no. 18).
• Las exportaciones totales de Cuba en frutas y vegetales y otros en 1957 fue de $14 millones (cuadro no. 17). No incluye azúcar, café y tabaco; azúcar $600; café, $8.3; tabaco, $26 millones.
• Había un saldo desfavorable a Cuba en alimentos, sin incluir el azúcar.
Se destacan del periodo de 1947 a 1957:
• La producción de arroz había aumentado en un 170%, de 64 a 173 millones de kg.
• El tomate de ensalada en un 163%, de 40 a 105 millones de kg.
Ambos cultivos altamente sofisticados y de gran riesgo económico para el agricultor sin ningún tipo de subsidios ni garantías gubernamentales.
Otro ejemplo de 1957 es la producción de leche fresca en Cuba:
• En 1958 se produjeron mil millones de litros. El equivalente a medio litro per cápita por día. Sólo había importación de alguna leche condensada y otras.
• El año 2007 se reporta una producción de 345 millones de litros, equivalente a medio litro a la semana.
Para que exista una producción agrícola, económica y competitiva, se necesita una sociedad que garantice la igualdad y el derecho a la libertad, un estado de derecho que garantice la propiedad y el debido proceso. Y es así que aparecen el crédito y el deseo de trabajar con derechos. Es fundamental que vuelva a haber una sociedad en la que haya crédito, suministradores, inventarios variados, entrenamiento para capacitación laboral y empresarial, en sí un mundo de participación empresarial y ciudadana que va desde los fabricantes de maquinaria, fertilizantes y semillas hasta el pequeño taller mecánico en las proximidades de la producción agrícola con posibilidades de verse en capacidad de prestar servicios. No se produce arroz en Holguín si hay que esperar por una batería o una manguera que llegue, si llega, de un taller gubernamental en La Habana.
Cuando lleguemos a ser un Vietnam del Caribe, se le ofrecerá al que tiene un par de vacas de lecheras 25¢ de dólar el litro, tal como hoy en Vietnam. Una de las grandes reformas pregonadas en estos días como estructurales es pagar en Cuba al productor independiente de leche 2¢ de dólar el litro de leche, según reporta el Universal de Caracas el 17 de marzo en curso. No hay economía que pueda producir leche por 2¢ el litro (menos de 8¢ el galón) si tiene que alimentar la vaca y mantenerla sana.
El único cambio que asegura el éxito para todos es un estado de derecho y una legítima separación de poderes. Cuba sólo necesita de la libertad que genera trabajo y crédito. Pueden empezar los miembros de la Asamblea del Poder Popular por reconocer que la historia y los nietos pasan la cuenta. Pararse en el medio de la Asamblea y decir ''yo no coopero si no cambiamos esto'' y marcharse para la casa a vender pirulíes, que ya lo hacen los que se niegan a cooperar.
juantsanchez@aol.com
Sec. gral. Asoc. Nac. de Colonos (cañicultores) de Cuba, exilio.