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Noviembre 25, 2008

Los huevos de Fabré

Víctor Manuel Domínguez, Sindical Press

LA HABANA, Cuba, novembre (www.cubanet.org)  -La infinita costumbre de Argimiro Fabré de transitar huevo en manos por las calles le ha ocasionado múltiples problemas.

Acosos, amenazas, proposiciones deshonestas, multas, y hasta ser calificado como acaparador- vendedor por el agente del orden que lo condujo a una estación policial en Centro Habana, son varias de las angustias sufridas por Fabré en su morboso afán exhibicionista.

De nada le sirvió jurar que venía de la carnicería, blandir ante el agente la libreta de racionamiento, leer a toda voz los nombres de los consumidores en su núcleo familiar, ni sumar la cantidad de huevos que le correspondían a ocho por personas.

No pudo renunciar al viaje en patrullero. Fue cacheado en la vía pública de sus exhibiciones ovíparas y conducido entre aplausos y protestas de los aspirantes a compradores.

En un país donde poseer aunque sea dos huevos siempre dispuestos es algo de un valor extraordinario, pasearse por las calles con 15, 36 y hasta 40 entre las manos es una provocación o un huevicidio que te puede llevar a la cárcel.

Los huevos hay que tenerlos bien puestos. Es decir, acomodados en filis, metidos en una jaba, envueltos en periódicos, pero nunca a la vista de todos -si no se quiere volver a casa deshuevado.

Pero Argimiro Fabré no escarmienta ante las reiteradas amonestaciones, multas y decomisos impuestos por los inspectores y la policía.

Las gallinas ponedoras volaron con los ciclones. El ciclo granja avícola-pienso-postura-carnicería-consumidor-revendedores sufrió un desbarajuste que no dejó ni para una tortilla o un huevo pasado por agua, y los gallos no aparecen.

Poseer un huevo extra en el momento actual es considerado un grave delito, una falta de solidaridad, y sobre todo, crear un espejismo en quienes sueñan con comerse aunque sea de uno a dos bien fritos.

De seguir la cosa así, el valor de los huevos en la Isla impondrá nuevos récords -cual si fuera petróleo- y se cotizarán a precios astronómicos.

Ya hoy muchos eruditos vaticinan que un huevo de Fabré podrá alcanzar un precio aproximado al huevo de Pascua de empuñadura de plata, sostenido por cuatro cruces, con las iniciales en esmalte azul del Zar Nicolás II, encargado en 1907 a Peter Carl Fabergé para la zarina, y subastado en la sucursal de la casa Sotheby’s, en Ginebra, por un millón de francos.

Otros, más prácticos y conservadores, consideran que de tener en su poder el Huevo Chantecleer de 1896, o el Yuberov Amarillo, también fabricados por Fabergé para la zarina, sin pensarlo dos veces los cambiarían por los huevos de Fabré, que son más suculentos.

Nada, que entre los huevos que exhibe Argimiro Fabré por las calles de la Habana, y los huevos de pascuas que construía el orfebre ruso Peter Carl Fabergé, los cubanos optarían, ante la falta de recursos, por los primeros.

Eso, si antes no son detenidos, decomisados sus huevos, y multados por receptación ilícita de un patrimonio alimentario de la nación.

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