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Diciembre 2, 2008

Palabras en el viento

Jorge Olivera Castillo, Sindical Press.

LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubasindical.org) - Hay diálogos que despiertan sospechas. Al que me refiero está aún por comenzar. Es una probabilidad cubierta por una nube de conjeturas y eventualidades este anuncio deslizado por el actor norteamericano Sean Penn, en el sitio electrónico de la revista The Nation. Pues sí, Raúl Castro estaría dispuesto a reunir se con Barack Obama. Eso ha dicho el actual presidente cubano a la estrella de Hollywood en octubre último.

Hay requisitos para concretar las pláticas por el momento sujetas a una explícita intencionalidad y sin asideros que apunten a una determinación fuera de dudas. Castro propone el sitio del hipotético encuentro. Quiere neutralidad y piensa que en el área ocupada por el ejército norteamericano en la base naval de Guantánamo existen tales condiciones.

El asunto deriva en consideraciones que por el momento no aportan la claridad necesaria para encasillarlas bien en el nicho de las tácticas o dentro del perímetro de las estrategias. También sería válido preguntarse, ¿cuanto hay de retórica y cuanto de real disposición a entablar una negociación donde primen el equilibrio, la seriedad y el sagrado cumplimiento de lo previamente acordado, sin dilaciones, ni otras maniobras de engaño?

Tanto Obama como Castro han manifestado su inclinación  para allanar el camino a la recomposición de las relaciones bilaterales, pero habría que ver el sustrato de lo que hasta ahora son insinuaciones juiciosas e interesantes. Obama llega con un capital político favorable para cambiar el curso de la política de Estados Unidos hacia Cuba, cifrada en el aislamiento y que en términos de eficacia muestra evidentes signos negativos. A casi 50 años de su implementación y paulatinos recrudecimientos es obvia la inoperatividad de las políticas basadas en mecanismos de fuerza unilaterales. Un embargo que describe, con sobradas evidencias, su carácter simbólico, ha cumplido parcialmente sus propósitos. Su mayor relevancia de circunscribe a singularizar la naturaleza dictatorial del régimen de la Isla. O sea que en esencia cuestiona las razones éticas y morales de una ideología que se basa en la flagrante y sistemática violación de los derechos humanos, sin embargo estos logros se empañan con una eficiente campaña mediática que maximiza el rol de víctima del gobierno cubano creando, por asociación, anillos de solidaridad que suman un apoyo mayoritario en la arena internacional.

Ese alto nivel de apoyo tiene otras causas, que van de la abierta alineación al antinorteamericanismo (fundamentalmente países del Tercer Mundo), protección de intereses nacionales (a raíz de la extraterritorialidad de algunas leyes del embargo) y búsqueda de acciones que denoten independencia al poder hegemónico de la principal potencia, esto último a partir de las votaciones en las Naciones Unidas que rechazan casi por unanimidad las posiciones estadounidenses respecto a Cuba.  Con una hábil combinación de publicidad, diplomacia y políticas funcionales, el régimen de La Habana ha podido sortear los escollos y dotarse de una capacidad de supervivencia más allá de pronósticos y fechas de caducidad. No obstante, a pesar de la disparidad entre los  propósitos y resultados del embargo, sería un error suprimirlo sin identificar tan siquiera una mínima agenda de demandas en que estén contemplados los presos políticos y de conciencia. El levantamiento debe ser parte de un proceso gradual  precedido por negociaciones y contactos que deriven en consecuencias razonables. El camino, si es que se llega a formalizar, sería arduo y no exento de cierta lentitud e interrupciones. Es una premonición muy lógica al medir la intensidad de un diferendo de medio siglo y los alcances de una batalla con una fuerte dosis de ideología con los inconvenientes que esto representa para la nomenclatura insular, todavía encabezada por sus generaciones fundacionales.

Son muchas las dudas en torno a la veracidad de querer entablar un diálogo que inicie un curso dialéctico sin frivolidades y preciso en cuanto a su orientación. Raúl Castro, en su breve trayectoria como mandatario ha obrado con cautela. Los cambios hacia el interior no pasan de lo cosmético. En el área externa, entran en los neblinosos espacios de la intrascendencia. Creo que en la disponibilidad a algún tipo de contactos  Obama es más sincero. Ojo: una hipotética cumbre entre él y Raúl donde todo se quede en partes de prensa y fotografías, podría ser uno de los desenlaces. Esto tendría un ganador y adelanto que no va ser el otrora senador por el estado de Illinois.

oliverajorge75@yahoo.com

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