Febrero 6, 2009
Jorge Olivera Castillo, Sindical Press.
LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubasindical.org) - Realmente en La Habana no se sienten las sacudidas de Wall Street. Esos movimientos telúricos que cruzan océanos y estremecen los centros financieros de medio mundo no asustan a los magnates y gerentes del partido comunista cubano.
El bunker socialista resguarda al capital con una envidiable eficiencia. La Corporación Gaviota, dirigida por personal castrense, tiene sus ganancias aseguradas, es parte del monopolio estatal que consigue ser rentable en medio de los anuncios de quiebras de inmobiliarias, colapsos de importantes bancos y estafas millonarias protagonizadas por ejecutivos de renombre.
Gaviota vuela por encima de todo ese desastre que se extiende por los cinco continentes. Tiene alas para ver desde las alturas la bancarrota de la inmobiliaria Merrill Lynch, los apuros del Bank of America, la contracción de la bolsa de Londres, el fantasma de la recesión vagando por París y Berlín, y preparando el viaje hacia Tokio.
En la Isla el capitalismo cuenta con una logística mínima pero ideal para reproducir su capacidad de supervivencia. A falta de voluminosos préstamos procedentes de entidades bancarias europeas y norteamericanas, consigue migajas en Madrid, créditos blandos en Moscú, Caracas y Pekín. A esto hay que añadir las remesas de emigrantes y exiliados, el turismo del Viejo Continente con sus más de dos millones de visitantes anuales y la transfusión energética de Petróleos de Venezuela (PDVSA) a su homóloga insular Cuba Petróleo (CUPET).
No hace falta más para mantener lo que constituye, desde la desaparición del campo socialista, la pieza de repuesto de la maquinaria del socialismo real: un capitalismo primitivo que funciona en pequeña escala a base se exclusiones, corrupción, estafas, racismo, ausencia de reglas laborales de protección al trabajador y un sinfín de eventos dados en ilustrar un escenario de abierta explotación por un lado y por el otro una plutocracia cada vez más enfrascada en acaparar lujos y prebendas bajo el telón de un patriotismo poco creíble a partir de quiénes lo predican sin romper el idilio con la dulce vida.
No es sólo la Corporación Gaviota la que aparece en el índice de instituciones fomentadoras de una división de clases sin nada que ver con las doctrinas ideológicas dadas en magnificar la plena igualdad social y la dictadura del proletariado como entidad abanderada de todos los poderes humanos y divinos. En esa lista no puede olvidarse a CIMEX. Un centro que amasa una fortuna que nadie conoce a plenitud, salvo su jefatura y sus más allegados cómplices. El ocultamiento de las cifras contables es parte del folclor de un país hecho a la medida de la soberbia y artimañas del partido de gobierno.
Hace pocos días en los Alpes suizos tuvo lugar la reunión de Davos donde se ventilaron los grandes problemas actuales de la economía mundial y sus consecuencias, así como la casi segura agudización de las tensiones en torno al aumento del desempleo y la inflación, la baja del poder adquisitivo de los trabajadores, entre otras consecuencias de una crisis sistémica originada a partir del abuso de la especulación en los mercados bursátiles, la ausencia de políticas reguladoras en los principales centros financieros del orbe, entre otros errores que obligan a descartar las referencias alentadoras para los próximos años.
A instancias de los debates que tuvieron lugar en Davos, el Secretario General de la Confederación de Sindicatos Libres (CSI), Guy Rider, declaró que “las empresas rescatadas gracias al erario público han creado la última innovación financiera: el reciclaje del dinero de los contribuyentes en bonificaciones de empresas. Es nada menos que el gran robo de las grandes empresas y, por desgracia, no se limita a los EE.UU. Algunos de los culpables deberían estar tras las rejas en lugar de andarse mostrando aquí en Davos”.
Lo que denuncia el señor Rider tiene puntos en común con lo que sucede en Cuba. Aquí es peor: no hay supervisores independientes que revisen y detallen lo que ocurre en esas zonas exclusivas donde Marx y Engels permanecen crucificados.
Nadie se atreve a asumir este necesario papel. El dinero y el miedo terminan por imponer el silencio.
Por cierto, no es solamente en Davos por donde se pasean los culpables de robo al erario público. Aquí algunos de los más connotados ladrones salen en los periódicos y la televisión sin temor a ser apresados. Compraron la impunidad con parte del poder absoluto.