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Febrero 24, 2009

Guerreros bajo el sol

Víctor Manuel Domínguez, Sindical Press

LA HABANA, Cuba, febrero (www.cubasindical.org) - Nunca en los anales de la historia un estadista o guerrero enfrentó una situación dramática similar a la de dirigir un equipo cubano de béisbol.

Morir en un campo de batalla por defender un país siempre afina las trompas, los redoblantes y los bombardinos que cantan a la honra.

Perder en un campo de pelota es para el pueblo cubano peor que una traición. Los peloteros cubanos que desde el próximo 8 de marzo lucharán por el trono del II Clásico Mundial en el Foro Sol, de Ciudad de México, así lo reconocen.

La obligatoriedad de volver con el escudo -o sobre el escudo- es la primera recta de humo que reciben antes de viajar.

Aún tibias las miradas por las caricias de la enseña nacional durante el abanderamiento, tenso el pulso por el apretón de manos de Raúl, realizado el conteo visual de cuántos los vigilarán a lo largo del campeonato, los nuevos y viejos gladiadores se despliegan en un combate de nervios.

Higinio Vélez, el estratega, no sabe hacia dónde mirar. Bajarlo de su cómodo y bien ganado puesto de director nacional de béisbol para enviarlo otra vez al terreno, más que una papa caliente es andar sobre un polvorín.

La responsabilidad que engendra dirigir una escuadra que no puede perder so pena de ultimar al director (no importa quién sea el culpable) lo coloca en medio de un avispero.

Ni el heroico Jenofonte -con 10 mil hombres a cuestas huyendo de Astajerjes II por intrincados caminos sólo habitado por salvajes y una nube de flechas, lanzazos y pedradas que no lo dejaba respirar- sufrió la angustia que hoy aplasta al manager del equipo Cuba.

Seguro que Napoleón Bonaparte, con su brazo hundido entre el tercero y quinto botón de la chaqueta, perdida su mirada en los hombres que lo embarcaron en Waterloo, momentos antes de ordenar el ataque contra las tropas de Wellington, no sudaba como Vélez lo hará antes de cada “play ball!”.

Pero esto tiene su recompensa. De no perder un solo combate beisbolero y lograr que  no deserte al terreno enemigo ningún gladiador -en fin, de arrebatar el trono a los kamikazes japoneses- conservará su puesto y el aplauso de las multitudes.

“No hay mejor medalla que el cariño del pueblo”, dicen muchos atletas antes de desertar, tantos que se puede hacer un equipo Cuba en cada deporte con los que juegan en el exterior.

Pero para Higinio y los 28 gladiadores no es así, para los treinta vigilantes tampoco y para  la comisión de embullo y control formada por ex atletas como premio a su permanencia en el país mucho menos.

Tienen que ganar. Los segundos premios en el béisbol son una injuria a la fanaticada cubana y sus autoridades. Recuerden a Beijing.

La tropa élite está lista. Los guerreros se alinean bajo el sol. Están que hierven las esquinas calientes, de San Antonio a Maisí. Toda Cuba aguarda expectante la voz de a jugar.

Higinio Vélez no duerme. Por si acaso, los caza carnés y talento del deporte cubano buscan un nuevo director.

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