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Febrero 24, 2009

¿Adiós al embargo?

Jorge Olivera Castillo, Sindical Press.

LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubasindical.org) - Atrás quedaron las discretas aberturas. Desde cualquier ángulo se perciben los orificios de gran tamaño y otras porosidades que nadie, a no ser un ciego, puede negar. Los muros del embargo ceden a los martillazos de la política y de la erosión del tiempo. La Organización de las Naciones Unidas, Europa, Asia, África, América Latina y Oceanía. De todos lados llegan los impactos que estremecen, horadan o derriban lo que queda de una estrategia con muy pocos resultados en el orden objetivo.

La paulatina expansión de la pared entre Cuba y el mundo ha devenido en un proyecto con defectos de diseño y empleo de materiales poco efectivos a la hora de combinar eficiencia y productividad.

El carácter unilateral de la obra prescribe su fracaso. Después de medio siglo empleado en aumentar la altura y el grosor del muro hay que aceptar conclusiones completamente divorciadas de los fines propuestos: El totalitarismo persiste en Cuba y no se avizora un cambio en el sentido de que las cosas vayan a cambiar a corto, ni mediano plazo.

Incluso, tal política ha sido asumida con agrado por quiénes presuntamente deberían estar sufriendo sus consecuencias. Es obvio que la nomenclatura insular se regodea con esta postura e incluso incentiva y aplaude cada paso hacia el recrudecimiento.

Por cada supuesto retoque a las murallas los dueños de la Isla han obtenido unos dividendos de envidiable cuantía. En línea con tal interpretación valga citar al menos tres zonas donde el régimen de La Habana bien se ha fortalecido o ha logrado obtener el nivel necesario  para su preservación.

En el ámbito diplomático y político el alcance puede que haya superado las expectativas de la élite insular. El uso de gestos solidarios hacia países del Tercer Mundo, en cuanto al masivo envío de médicos, pedagogos y entrenadores deportivos; unido a un eficaz empleo de los resortes mediáticos y la creación de grupos afines en diversos países que movilizan, con cierto éxito, a una parte de la opinión pública, son aristas que tienen como telón de fondo la lucha del fuerte contra el débil, en este caso Estados Unidos por un lado y Cuba por el otro.

Este enfrentamiento complementado con la prestación de servicios de primer nivel descritos anteriormente se revierte en un mayor reconocimiento internacional que facilita un reacomodo en las percepciones del mundo político hacia la Isla. En síntesis, las partes oscuras del  régimen quedan bajo la sombra de una aceptación tácita o abierta que, sin dudas, ha generado una dinámica que parece inamovible hasta tanto no se modifiquen los escenarios.

Aunque parezca un asunto alejado del problema bilateral, los errores cometidos por Estados Unidos en la aplicación de una política que redujo al mínimo el empleo de las herramientas de la diplomacia en la solución de sus diferendos internacionales le dieron oxígeno a no pocos de sus adversarios, en este caso al grupo que detenta el poder en Cuba.

Las fisuras en la alianzas con sus socios del Viejo Continente a partir de la guerra en Iraq y el bajo índice de prioridad dado a América Latina -que terminó beneficiando a las fuerzas de izquierda, algunas del más rancio espíritu revolucionario- entre otros asuntos, revelan una pérdida de imagen que ha servido para darle nuevos bríos a críticos formales y a enemigos furibundos.

La tercera zona es la referida a la economía. Es harto sabido que entre los huecos del embargo ha sido posible el paso de miles de millones de dólares en mercancías de procedencia norteamericana compradas al contado por el gobierno que grita a los cuatro vientos que Cuba padece un bloqueo asfixiante. Un detalle basta para sentir algo más allá de la perplejidad: las mayores facilidades para las transacciones ocurrieron durante el mandato de George W. Bush, la administración que desde sus comienzos optó por elevar el nivel de la retórica confrontacional.

Recientemente el coronel Glen Alex Crowther, profesor investigador de asuntos de seguridad nacional en el Instituto de Estudios Estratégicos, escribió un artículo en el boletín de la denominada entidad estadounidense donde recomienda echar abajo el embargo.

Tal planteamiento genera encendidas polémicas entre seguidores y detractores. A estas alturas creo que es necesaria una revisión. A la dictadura insular le encanta el bloqueo. Es el soporte para su atrincheramiento y el eje de la táctica para que el mundo se ponga al lado de la presunta víctima. Hay que ir pensando en algo diferente, a ver si así se recogen mejores cosechas en el campo de la política.

oliverajorge75@yahoo.com 

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