Abril 10, 2009
Víctor Manuel Domínguez, Sindical Press
LA HABANA, Cuba, marzo (www.cubasindical.org) - Se verán cosas. Los francotiradores de la izquierda obsoleta arremeten desde sus bien resguardadas trincheras y atalayas de La Jiribilla y Kaos en la red, entre otros despojos del fin de la guerra fría, contra todo ejercicio de opinión que ponga en entredicho el monopolio informático amasado a lo largo de 50 años por la revolución cubana.
Aunque en mi artículo Espacios circenses abordé la censura a partir de los criterios textuales expresados por los participantes en el panel La radio como espacio de debate (según aparecen recogidos en la página 90 del número 54 de la revista Temas), recibí como respuesta la diatriba de un escribidor en el artículo Cuba: dice que periodista… y además mentiroso, publicado en kaosenlared.net bajo la firma de Manuel David Orrio.
¡Qué “orrior”! (cómo decía un amigo). El ex agente Miguel cabalga de nuevo. Pero no como El Quijote con la adarga al brazo para desfacer entuertos generados por la diversidad de criterios, sino cual un Tartufo de lengua a ras de suelo para revertir opiniones que considere ofensivas a su expediente de terrorista verbal.
Nunca bajo el noble sueño quijotesco de acabar con los molinos de viento que pueden obstruir, enriquecer o fraccionar la percepción crítica de un ciudadano común, sino en el papel de acémila uncida a la noria que mueve las aspas de segar opiniones a coces y rebuznos ofensivos.
Como buen alumno de la escuela de “periodismo” de barricada revolucionaria, es decir, despectivo con los oponentes y manipulador de los seguidores a ultranza, lo primero que hace es calificar de mentiroso a quien supone adulteró lo dicho por las fuentes.
Pero si por casualidad pudiera hacer un alto y dejar de recordar las batallas que libró contra los muslos de pollo rellenos con jamón, las langostas cubiertas con mantequilla, el guacamole agresor, los pargos asados en salsa agridulce subversiva, y las escuadras disidentes de ron Bacardí, Whiskey y cerveza bucanero con los que se fajaba en las recepciones ofrecidas por el enemigo, encontrará en la mencionada publicación las palabras que cité, entrecomilladas, en el artículo Espacios circenses.
A pesar que conozco sus devaneos a favor de la libertad de expresión en juegos malabares aparecidos en diversos espacios, ante su elogio de llamarme cobarde le digo que me dan lástima los valientes como él.
En cuanto a los pantalones para subir a su casa, pese a que nunca tuvimos ningún tipo de relación, ni sé dónde vive, habría que ponérselos verde oliva y con bolsillos grandes, y de ese tipo yo no poseo, aunque me sobran los de civil.
Hay que vivir en Cuba para conocer cuanta intolerancia y oportunismo muestran los defensores del sistema, por muy críticos de lo mal hecho que se manifiesten.
Los cartelitos de “plumíferos y mercenarios” con que acostumbran a denominar a quienes sin pedir permiso expresan sus opiniones por cualquier medio a su alcance (prohibidos los espacios en cualquier medio de comunicación nacional), se han constituido en una condecoración para los que sin dejar de equivocarnos, actuamos con honradez.
De nada me sirve que el señor Manuel David Orrio incluya en su correo-artículo-diatriba las opiniones de varios de sus colegas donde lo califican como un hombre que no tiene pelos en la lengua (y esta no es copia textual, si no una traducción del significado), si ante mi artículo, supuestamente manipulado, no tuvo los pantalones de subir a mi casa y desmentirme o mostrarme su desacuerdo.
Mis trabajos no están dirigidos contra persona alguna, si no a comentar sobre los hechos que logro percibir de forma personal o por cualquier vía confiable, o al menos, irrefutable.
Negar lo que había dicho demuestra que es un cobarde. Decir que nunca expresó “tengo mucho temor a las palabras, y aquí se habla mucho”, lo convierte en un redomado mentiroso.
Pero como no me gusta el cuento de la buena pipa ni las discusiones bizantinas, le digo al señor Orrio: sea tolerante, menos peyorativo y más profesional.