Mayo 6, 2009
Jorge Olivera Castillo, Sindical Press.
LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubasindical.org) - A menudo tengo la sensación de tener la Luna bajo mis pies. No es una idea fugaz. Tampoco uno de esos pensamientos que mueven los motores de los sueños.
Las pisadas delatan una geografía agreste que provee de manera muy generosa las causas para la ocurrencia de caídas y tropezones. Esta es una añeja experiencia que se expande y renueva en mis archivos neuronales con nuevos traspiés y lugares donde quedan expuestas las evidencias de que en la Ciudad de La Habana existen infinidad de réplicas lunares.
La multiplicidad de cráteres y desniveles en calles y avenidas de todos los municipios de la capital son parte de esas marcas indelebles. Esto define un proceso antecedido por el mal empleo de los recursos, la nula supervisión de los resultados y la insistencia en el voluntarismo en detrimento de la racionalidad.
Ahora se anuncia un relanzamiento de los planes para acabar con los detalles que sirven para situar a Cuba entera dentro de los límites del realismo mágico. El hecho de que en la Isla haya elementos propios de la superficie del planeta blanco podría ser algo impactante y digno de elogios. Pero no estoy inmerso en la conformación de un soneto: hoy escribo en el lenguaje directo de la crítica con la atención puesta en el drama real de una ciudad cada vez más distante de la modernidad y de imprescindibles parámetros urbanos que deberían ser pilares en la estructuración de una existencia ajustada a índices loables de normalidad.
Según detalles revelados recientemente por el diario oficialista Juventud Rebelde, el 75% de la red vial de la ciudad de marras necesita de planes reconstructivos, algunos con una inmediatez muy difícil de concretarse por los diversos contratiempos objetivos y subjetivos que impiden el debido aceleramiento de las actividades en el sector.
La única variable de solución es a largo plazo de acuerdo al cúmulo de afectaciones. En caso del logro de exitosos indicadores en cuanto a eficiencia y productividad, habría que esperar entre cinco y siete años para una recuperación a gran escala, según afirmó Héctor Valdés Martínez, director general del Grupo Empresarial de la Construcción del Poder Popular (GECAL), una de las entidades enfrascadas en el enorme reto de eliminar las semejanzas topográficas de la capital cubana con la Luna.
Uno de los inconvenientes para alcanzar resultados óptimos en enderezar carreteras y taponar baches es la cuantiosa existencia de salideros, vertimientos de aguas albañales e insuficiencias en el drenaje pluvial. Esto le quita durabilidad a las mezclas asfálticas vertidas sobre las superficies dañadas. De acuerdo a especialistas no pasa de dos años el período entre la solución y el inevitable regreso del problema.
Es imposible conocer las estadísticas de los accidentes provocados a instancias de estas irregularidades en el pavimento, tanto de personas como entre vehículos, pero hay suficiente margen para pensar en cifras escandalosas.
La deficiente iluminación, la ausencia de señalizaciones y el incumplimiento de otras disposiciones relacionadas con el mantenimiento de la seguridad vial, se agregan a la facilitación de eventos trágicos que afectan a peatones y conductores.
Un detalle a destacar en este contexto es la reducción del tiempo útil del transporte público y privado. Las costosas reparaciones provocadas por roturas que determinan prescindir del equipo algunas veces para siempre como secuela del mal estado de las vías, delinean los trazos de un círculo vicioso que se ha convertido en un distintivo de carácter nacional.
Habrá que seguir sorteando obstáculos en el camino y aumentar las precauciones en la noche para evitar una caída. La Habana seguirá pareciéndose a la Luna por buen tiempo.
La dictadura en su eterna “generosidad” nos permite experimentar en plena tierra ciertas sensaciones del espacio sideral.
En cada golpe de “suerte” también accedemos al inmenso territorio de las estrellas y los luceros sin tener que poner los ojos delante del cristal de un telescopio. Las desgracias, el pesimismo y los impactos de la incertidumbre bastan para transformarse en huésped de esa franja del espacio sideral.
La Habana Vieja es un sitio ideal para el disfrute de un soberbio paseo por esas zonas del universo. Aquí sobran los cráteres y las estrellas-por su cercanía- pueden causar ceguera.